DE MAYOR QUIERO SER LINCE

Hace aproximadamente una década se popularizó en las cadenas de televisión nacional un anuncio, de productos lácteos, en el que unas vacas realizaban una espectacular coreografía, a dos patas, como los mejores ballets del mundo. Una ficción que posibilitaban las técnicas de edición cinematográfica, aunque a mi amigo Antonio le pareciera sobrenatural esta composición y lo difícil que habría sido adiestrarla. Sólo su inocencia y su buena fe lo libraron del escarnio, casi público, de quienes oyeron sus declaraciones.

Ayer, para sorpresa y estupor de cuantos pudieron leerla, nos asaltaba la noticia del inútil gasto de la Junta de Andalucía construyendo dos puentes, que salvan la carretera que une el Rocío con Matalascañas, para que pasen los linces –animales felinos que mantienen hábitat en el parque natural de Doñana- y eviten así su posible atropello por los vehículos que transitan por esta carretera nacional y que soportan estoicamente las eternas retenciones en espera de su desdoble.

Supongo que estos pequeños felinos, a los que un día la Junta de Andalucía decidió, no ya proteger para evitar su desaparición de la fauna ibérica, sino convertirlos en verdaderos señoritos y mancebos de una vida de placer y dicha en una resolución heroica, habrán pasado un periodo de instrucción para dirigirse a estos puentes y no atravesar la carretera por donde su instinto les demande. Estoy seguro que su adiestramiento –me asaltan las dudas sobre sí mi amigo Antonio no llevaría razón sobre sus especulaciones en el adiestramiento de las vacas para hacer posible el anuncio- surtirá los efectos oportunos y el lince de turno dará un rodeo kilométrico para ser obediente y no dejar en mal lugar al otro “lince” que le ha proporcionado esta consumación de su estado de bienestar y tomar le camino que le han diseñado para no ser atropellado. ¡Tan torpes son, por Dios! ¿No son linces?

Dos millones de euros que serán aportados del erario público en otra estupidez del gobierno socialista, tirados a la basura. Y que no vengan ahora con explicaciones ecologistas para justificar este desmadre, para argumentar que esta especie que tanto provecho está procurando a la sociedad andaluza, es una nueva necesidad demandada por la generalidad del pueblo andaluz, esa misma que comienza a pasar necesidades, que se hunde en el podredumbre lodosa del paro sin que se lance un flotador para rescatarlo de este naufragio humano que le han proporcionado nuestros magníficos gobernantes, esos mismo que están manejando nuestros dineros en cosas de tanto provecho.

Por eso yo de mayor me gustaría ser lince. Vivir con toda clase lujos, siempre protegidos ante cualquier eventualidad, con los mejores servicios sanitarios a mi disposición y comiendo productos de la mejor calidad y asegurándome una existencia placentera, sin miedo al futuro, sin especular cómo llegar a fin de mes y sin el estrés motivado por tener un techo y un espacio donde placer y vivir.

Dos millones de euros en dos puentes por los que pueden pasar, no estos animalitos que no remontan más de cuarenta centímetros del suelo, la cabalgata de Reyes Magos del Ateneo, con su tropel de beduinos incluidos. Porque eso sí, de estrecheces ninguna. Cinco metros de ancho que tienen su explicación por el exagerado tránsito de esta especie (creo que setenta unidades en total vagan por Doñana) no vaya a ser que la casualidad provoque un cruce de linces, se rocen e hieran y para qué quieren más los ingenieros que los han proyectado. Vamos, derechos al trullo. Con esta amplitud, muy torpes tienen que ser, y muy poco honor harán a su nombre, estos linces si son atropellados en el futuro. Y esperemos que no sufran de vértigo porque entonces lo mismo requieren de un equipo de psicólogos para que traten de hacerles superar este difícil trance.

Se hubieran subsanado muchas deficiencias sociales con esta partida presupuestaria tan inútil. Y si quieren gastar el dinero, que tanto trabajo y sudor nos cuesta conseguir a los contribuyentes, que se vayan a las zonas marginales de las ciudades de Andalucía y se lleven de vacaciones a tantos niños que no las tendrán este año. Estoy seguro que sobrará dinero, aunque sean alojados en el Alfonso XIII a pensión completa. Pero entonces no serían tan “linces” para sus propias maniobras e intereses.

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