¡¡VIVAN LOS OTROS!!

            Mucho me temo que algunos se irán quedando en la nimiedad, que irán apartándose del camino que emprendieron, con una ilusión forzada cuando todo estaba por hacer, y tomarán el sendero de la protesta y la controversia  por el mero hecho de que las luces pequeñas del árbol de Navidad del Ayuntamiento no parpadeen. Quienes tratan y analizan la situación, política, económica y social, por la que atraviesa esta Sevilla nuestra, tras el bárbaro paso de la caballería de Alfredito el Grande asolando los campos y desvalijando las arcas, saben la dificilísima situación por la que atravesamos. La actual Corporación municipal antes de tomar posesión de sus cargos mandó fiscalizar y auditar todos los libros de cuentas con el fin de mostrar a la ciudadanía la afrenta a la que debían oponerse, una actuación que puso de manifiesto los escasos recursos económicos con los que podía contar el nuevo gobierno municipal. Excepto en el Área de Fiestas Mayores, que dejó solventada todas sus deudas y el fondo para afrontar los pagos pendientes, gracias a la magnífica gestión que desarrolló Rosamar Prieto y su fiel caballero Carlos García Lara, las demás las arcas mostraban una aparatosa desolación, con una tristeza propia de un domingo de Resurrección, y en donde hasta las arañas presentaban facturas para cobrar. A la cola, que está sola.

            Pero lo que realmente me sorprende es que, con tan escaso tiempo en el mando de esta ciudad que izaba el blasón del descontrol y el desgobierno, haya voces instigando ya las primeras actuaciones acometidas, o mejor dicho, en según qué casos, no afrontadas. Respaldan sus críticas en la no paralización de la torre Pelli, obra que se está ejecutando en la entrada de la Isla de la Cartuja, en la antigua Chapina, y que va a cegar las hermosas panorámicas de la capital; o en las campañas de información a los ciudadanos para que, de una vez por todas, impongamos nuestro derecho para aparcar con libertad y sin la coacción de los innumerables gorrillas. En el primero de los casos, el gobierno de la ciudad, bien podría haber contratado una escuadrilla de mineros dinamiteros de Chile –en España ya no quedan- y volar las incipientes estructuras. En el segundo, dejar de impulsar cualquier iniciativa, dado los escasos medios con los que se cuentan,  y que todo siga igual, que los que forman el gobierno se lancen a las calles, mientras nosotros seguimos en las gradas para aplaudir  y levantar y bajar el pulgar, según se cumplan o no nuestras particulares y exclusivas conveniencias.

Yo hace ya tiempo que decidí no dejar en manos de ningún gobierno –de ninguno- el uso de mi libertad, que es compromiso con mi ciudad, mi región, mi país, de mi gente, y procuro, aunque sea mínima y atomizadamente, aportar mi grano de arena para lograr un sistema social donde la convivencia y el respeto se superpongan a mis intereses particulares, por los que suelo velar también, evidentemente. Intervenir y participar para poder enjuiciar. Los toros desde la barrera son muy bonitos.

No me gusta quienes pregonan sus adhesiones incondicionales y retiran cualquier confianza adscrita a las primeras de cambio y berrean como niños mimados cuando no se atienden sus súplicas –ahora me voy, ea-, en vez de enfrentarse, si hay que hacerlo, y solicitar responsabilidades.

Esto es lo fácil, apuntarse al colectivo “VIVAN LOS OTROS”, unos tipos muy sui géneris. Es un espécimen muy sevillano, aunque tiene su origen en Cádiz, y cuya historia se remonta a finales de la década de los setenta cuando un grupo de estudiantes hispalenses se formaban en la facultad de medicina de la Tacita de Plata y cohabitaban en un piso, desde cuya terraza podían ver todos los partidos que se disputaban en el estadio Carranza. Tuvieron la idea de situar una pancarta en la balconada alentando siempre al equipo contrario, por lo que eran objetivo de las iras de los futboleros gaditanos. Viva er Betis, viva er Sevilla, viva el Madrid, viva el Barcelona –el giro lingüístico catalanista actual no estaba en uso fuera de los límites de la región-, todos los domingos una pancarta distinta, lo que conllevaba un gasto económico que empezaban a no poder sufragar. A uno de ellos se le ocurrió, para mostrar aquel aliento al equipo rival del Cádiz, utilizar un único lema que los aglutinara a todos. Así confeccionaron una pancarta con la leyenda “VIVA EL OTRO”, el que fuera, sin distingos de colores, que podían quitar y poner todas las jornadas. Hasta en una chirigota salieron.

Pues eso es lo que algunos pretenden, hostigar a los que estaban –desde luego en nuestro particular caso, con toda la razón del mundo- y luego ejercer el atosigamiento apenas han pasado unos meses con los nuevos, los que ellos mismos han puesto, cuando no se tiene margen de maniobras por la situación heredada, y donde sólo es posible adecuarse a los estrictos poderes de la imaginación.

El voto es depositar confianza, dar tiempo a que trabajen, a que realicen las empresas delegadas. Sin esa confianza poco podrán hacer y los que están enfrente intentarán hasta jalear, para poder luego manejar, a quienes forman parte del colectivo “VIVAN LOS OTROS”.

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