HONORES y PENSIONES PARA ASESINOS

             Ya nada puede resultarnos extraño en un país donde la mentira se ha institucionalizado y ha pasado a formar parte de la cotidianidad. No hay titular de periódico en el que no se señale o ponga de manifiesto las maniobras de los políticos para llenar bolsillos, propios y de agasajadores y aplaudidores que les rodean, que los jalean como a los corruptos emperadores romanos. Es el signo de la evolución de la sociedad occidental, cuánto más se pueda desnaturalizar la verdad más relevancia se cobra en los medios de divulgación.

            Todo en la vida política parece tener un precio. Todo es factible, a nada se hace ascos, si se obtiene un fin. La vida de los mortales ciudadanos parece importarles poco a quienes manejan los hilos de la política. Alteran sus niveles de vida, retuercen las economías domésticas saturando los productos básicos con impuestos para sufragar los desmadres y los desequilibrios que ellos mismos ha provocado para atender a sus “necesidades básicas”. La dictadura del dinero se ha instalado, en las estructuras políticas, para esclavizar los pensamientos, para desnaturalizar las ideas y la voluntad de las personas. El poder de la avaricia y el consumismo ha dinamitado las bases provocando el derribo y la destrucción de los armazones que sustentaban los valores. De esta manera ha ido sucumbiendo la dignidad, la honradez y la integridad.

            Hasta ahora ha prevalecido, en la disposición y la mente del ciudadano, una actitud más o menos tolerante con las mentiras y los ejercicios dictatoriales de los políticos en sus apropiaciones, prevaricaciones o conductas irregulares porque lo que se intentaba sustraer era dinero, un valor metálico que jamás puede elevarse a la condición de otros, como el honor o lo sentimientos, las únicas posesiones que creíamos jamás podrían despojarnos.

            Pero estos políticos que nos gobiernan, a nivel nacional, parece que hace mucho tiempo que tiraron por la borda, no ya sus vidas que nos viene a importar muy poco, sino cualquier escrúpulo con el fin de afianzarse en sus poltronas. Y ahora pretenden, con engañifas, con maniobras tan viles como el asalto a las emociones, desposeernos del único bien que realmente nos pertenece: el alma.

            Eso es lo que pretende conseguir el gobierno de la nación, para seguir manteniendo su hegemonía, con las conversaciones que vienen manteniendo con los asesinos de ETA para la obtención de la entrega de las armas –obsérvese que nunca hablan de rendición– de esta banda de maleantes, extorsionadores y criminales, sin consideración alguna hacia quienes han visto cómo le quitaban sus seres más queridos con un tiro en la nuca o simplemente los destrozaban con la colocación de un artefacto explosivo en los bajos o al paso de sus vehículos. Es más, de atender las imposiciones que realizan los partidos batasunos, esos que ellos han alimentado y dado gloria, será igualar a los verdugos y víctimas en el dolor, significará la asunción de la doctrina de la violencia como consecuencia para que otros la adopten y consigan sus propósitos.

            Sostengo y mantengo que nuestra sociedad no sólo ha estancado su progreso, muy al contrario de lo que pregonan los voceros del partido gubernamental, sino que está en clara  involución, tan sólo permitiendo las manifestaciones de los asesinos reclamando dignidad para sus actos, exigiendo que se reconozca el “sufrimiento que se le ha causado a Euskal Herria durante todos estos años y que debe asegurar que ese sufrimiento sea honrado, reparado y compensado económicamente”, y todo en perfecto castellano para que no quepa ninguna duda y con la poca vergüenza, y la desconsideración al referirse a los han matado, de querer equiparase a quienes han asesinado, “no negamos que la otra parte también ha sufrido, pero nosotros exigimos justicia para el sacrificio de nuestro pueblo en la lucha por la libertad”.

            Tal vez debiéramos retomar la memoria y sondear en la literatura sobre la exaltación de los valores humanos, que están muy por encima de miserables cuantificaciones económicas, y tomar las palabras Calderón de la Barca puso en boca de D. Pedro Crespo, el indignado y vejado alcalde de Zalamea, cuando responde a las cuentas que se han de pagar por estar al servicio del Rey:

 

“Con mi hacienda,

 pero con mi fama, no;

al Rey, la hacienda y la vida se ha de dar,

pero el honor es patrimonio del alma,

y el alma sólo es de Dios”.

Esta entrada fue publicada en ESPAÑA, POLÍTICA, SEVILLA y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s