A UN LECTOR ERRADO

            Gracias querido lector por esos consejos que me transmite a través de mi correo electrónico, por intentar corregirme de mis equivocaciones, de mis errores y señalarme como un fascista retrógrado e involucionista, términos que en absoluto pueden definirme, aunque es su opinión y yo hasta la respeto dado su desconocimiento sobre mi persona. Le reitero mi agradecimiento por el seguimiento que hace a diario de mi blog, y por la deferencia que ha tenido hacia mí perdiendo su valiosísimo tiempo, como usted mismo subraya, en trasladarme su pensamiento y que no han conseguido más que reafirmarme en los míos. Como muy bien explica usted, en su desatenta carta, hace tiempo que no confío ni en el partido que actualmente nos desgobierna ni en los políticos que lo dirigen, y haciendo un juego de palabras, diría yo hacia el precipicio de su propia extinción, si Pablo Iglesias levantara la cabeza. Entiendo, y lo que es más importante, respeto su decisión de seguir creyendo en ese ideario burocrático y premioso, nada que ver con el promulgaron para la defensa y asentamiento igualitario en los derechos de todos los hombres, ejercicio que nunca se ha cumplido, ni siquiera por quienes lo implantaron y divulgaron. No hace falta referenciar nada, verdad amigo.

            Yo he tenido la suerte de haber cumplido cincuenta años, y dejado por el camino a familiares y amigos muy queridos. Algunos compartimos ilusiones juveniles intentando cambiar el mundo, convenciéndonos de que las utopías, los ideales que se nos presentaban como salvíficos, como la panacea para consecución de las igualdades en todos órdenes de la vida, eran posibles. Y fíjese usted todavía guardamos algún recuerdo de cuando corrimos delante de los “grises” con proclamas en las que creíamos y por las que fuimos expedientados en los centros de bachillerato y  universitarios donde estudiábamos. Teníamos puesta nuestra esperanza en la formación, y experiencia en las trincheras, de aquellos políticos que se nos presentaron en la transición –supongo que habrá al menos oído hablar de este importantísimo hecho histórico- y que inició un camino nuevo en este país y en donde todos cedieron para la implantación de la democracia. Se dejaron atrás rencillas y revanchas, muertos de un lado y de otro, para que los nuevos españoles pudieran gozar de las libertades que a nuestros padres les fueron arrebatadas. No sabe usted con la alegría e ilusión que recibimos todos esos cambios que iban a posibilitar la erradicación de la miseria, de las penurias, de la lacra del paro, de la socialización de los bienes de consumo para su reparto equitativo, de la violencia terrorista, ¿le suena algo? En fin, un retorno al edén. Y una vez engatusados y en la jaula, con un poder de maniobra política extraordinaria, ofrecida en la confianza que diez millones de españoles pusieron en sus manos, fueron desviando todos los recursos patrimoniales hacia sus propios intereses, primero para asegurar las estructuras de sus partidos; segundo para acrecentar sus patrimonios personales. Defraudaron, mintieron y jugaron con la única y gran fortuna que nos queda al común de los ciudadanos: la ilusión y la honra. Y ésa es la gran propiedad de los hombres y cuando la intentan sustraer, tan vil y rastreramente, nos rebelamos. Cedimos demasiado porque teníamos ilusiones y no dudamos en que las administraran pero no que las usaran como moneda de cambio para obtener sus propios beneficios.

            No estoy intentando convencerle a usted, ni nadie, de nada. Escribo así –lo siento, no lo sé hacer mejor- porque me lo dicta mi corazón, porque no quiero renegar de mis creencias, mis raíces ni mi historia, porque necesito creer que mis esfuerzos posibilitarán un mundo mejor a mi hija, porque no quiero que asesinen a honrados ciudadanos con un tiro por la espalda o lo desmiembren  con una bomba lapa bajo su automóvil y luego cuando la sociedad, o los medios que ésta articula para luchar contra los canallas, los acorrala pretenden que olvidemos y borrón y cuenta nueva, aquí no ha pasado nada y echa otra copa que la pagas tú. Creo en la honradez y la valentía de las sociedades, en las ideas y en las utopías, todavía y a pesar de todo. Si ahora me pronuncio y alabo a otra opción política es porque ha sabido crear en mí nuevas expectativas, nuevas ilusiones, y porque viene ondeando la gran bandera de la verdad. Eso creo yo y es tan respetable como su propio ideario. En una cosa coincido con usted: el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Tenga cuidado no se vaya a volver a caer. Su juventud le hace impulsivo. Los años le serenarán las ideas.

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