LOS PAYASOS EN LA TELE

            Explicaba el otro día, con toda naturalidad y el descaro al que nos tiene acostumbrado cuando se manifiesta públicamente el Sr. Zapatero, que toda la culpa de la situación social y económica por la que atraviesa nuestro querido país no tiene otro responsable que él mismo. Esto lo decía durante un acto preelectoral. Detrás se situaba todo el conglomerado del bureau político que le ha ido tocando las palmas y regalándole el oído durante dos legislaturas.

            La estrategia que utiliza el Sr. Presidente es ya tan burda y tiene tan poca credibilidad entre sus conciudadanos que apenas puede provocar más que risas y carcajadas. Lástima que el máximo mandatario, nuestro máximo representante político, no sirva más que para el recochineo popular y sea el hazmerreir de media Europa. El pueblo español no se merecía que este indigno personaje comandara las huestes para engrandecer la nación y nos dejara en tan desvalida posición frente a otras potencias. Nadie se cree ya sus explicaciones, ni sus opiniones cuentan, en el foro internacional, para nada.

            Las decisiones tomadas están a la altura de las mejores interpretaciones de los payasos de la tele, con la diferencia que éstos nos hacían reír, nos divertían y hasta moralizaban las conductas de los espectadores con sus interpretaciones, y aquél nos ha dejado llorando, con una mano delante y otra detrás, y con la turbulenta sensación de que aún no hemos vislumbrado el final del precipicio por el ha despeñado al pueblo español.

            Ahora resulta que el único responsable del estropicio ha sido él, que sus secuaces no han tenido nada que ver con el desvalijamiento de las arcas nacionales, ni la multiplicación de los cotas del paro hasta límites insospechados, ni con la terrible secularización que han promovido en todos los sectores de la sociedad, intentando recortar los valores para institucionalizar “el todo vale para alcanzar el fin”. Este ha sido el lema de su política. Han desarraigado a familias enteras de extranjeros que llegaban con la esperanza en sus rostros, haciéndoles creer que vivíamos en el país de las maravillas, cubriéndolas de necesidades y deudas. Han convertido la transición, que fue modelo de actuación para la consecución de las libertades y la posibilidad de concordar rivalidades ancestrales, en papel mojado con una ley de la memoria histórica, con tintes revanchistas y metódica aplicación de los sistemas de checas, retornando el fantasma de las dos Españas, que ya habíamos olvidado, y que aún no sabemos qué consecuencias traerá.

Y ahora nos viene con la cantinela del mártir, atribuyéndose responsabilidades y culpas, para volver al engaño y a la miserable treta del “aquí no ha pasado nada y borrón y cuenta nueva” y salvar de la pira a sus adláteres. No hay mayor miseria que la de querer obtener beneficios con las amarguras y desventuras del prójimo. Y eso, Sr. Zapatero, es lo que han venido realizando usted y panda de incultos que ha sentado a su alrededor. Gente que mantiene que ahora tienen la solución a los problemas de España, que tienen los medios para salir de la podredumbre a la que estamos sometidos, que las acciones sociales tienen que cambiar y hasta se pronuncian como fieles creyentes y practicantes de la religión católica. Si tienen un programa tan salvífico, ¿por qué no lo han puesto en marcha ya? ¿Si son tan buenos y comprometidos creyentes, por qué han hecho la vida imposible a los católicos, con las drásticas medidas de secularización de la enseñanza, de la retirada de crucifijos y del ninguneo a quienes participamos de nuestra y han permitido las actuaciones difamatorias contra los estamentos de la Iglesia?

No Sr. Zapatero, no es usted el único responsable, aunque nos alegremos muchísimo de su marcha por la puerta de atrás, sin pena ni gloria, y mire usted que me entristece porque había motivos para esperanza cuando cogió usted las riendas y el mando. Son copartícipes de este desastre en el que han convertido España todos los que le han acompañado a usted en su viaje. No pueden exculparse con su martirologio ni pueden desprenderse de sus culpas con su falsa declaración expiatoria. Son ese grupo de analfabetos, que usted puso a los mandos de un fórmula 1, los que se han cargado el país. Ahora que no vengan con remilgos a querernos vender la burra otra vez. Que aquí los únicos que han progresado han sido sus afines. Los demás estamos cansados de pagar sus deméritos y despropósitos con nuestro trabajo y con sacrificios que no vemos en sus manifestaciones y apariciones públicas. Espero que la indecencia que siempre han demostrado se le lleven con ustedes y se pudra en sus remordimientos, si es que tienen.

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