PETALADAS y TRADICIÓN

Esta es la ciudad donde todos tenemos una razón para no ser, y hay quienes se obstinan en perder esta condición con tal de sobresalir, de alcanzar notoriedad, de proyectarse incluso profesionalmente con la prepotencia y la vanagloria. Es increíble que la condición humana haya arrojado los desperdicios de las virtudes en algunos residentes, y digo residentes porque no son naturales ni conocen, ni tienen intención de conocer, las tradiciones que se forjaron y mantienen su origen en Sevilla, que han sido instituidas por sevillanos, en el caldero de los siglos a fuego lento y con muchas dosis de paciencia y sabiduría, conforme a la idiosincrasia del lugar, adecuándose a sus factores climatológicos, sociales y humanos. No quieren ilustrarse en la hondura sentimental de la ciudad y prefieren quedarse en la superficialidad de las cosas, por comodidad y porque les interesa, o lo que es peor aún, mantienen la certeza de una falsa verdad que es querer condicionar y alterar las tradiciones fundiéndolas con las suyas propias para crear unos hábitos nuevos, por ende tendentes a desnaturalizar la esencia que pretenden asumir. Esta miscelánea de nuevos usos viene a desnaturalizar el esfuerzo de los siglos por implantar un carácter. Lo otro es un sucedáneo del original. Una falsa verdad. Las cosas son como son y cómo queremos que sean. Alabo y aplaudo, y reconozco hasta mi admiración por ellos, a los no sevillanos de nacimiento –ojo, sevillanos por derecho propio por su condición y lazo sentimental- que han sabido integrarse, desde la naturalidad y la paciencia, en la sociedad sevillana, que han asumido como suyas las tradiciones de esta Híspalis que nos contempla, sin ninguna intención de alterarlas, de manipularlas. Simplemente se han dejado llevar por la corriente, se han dejado asesorar por quienes realmente las conocen, sin querer precipitarse, dejando que las emociones llegaran por su propio pie hasta implantarse en el alma. La sedimentación de estas normas afectivas necesitan tiempo y requieren de un reposo y una necesaria reflexión. Si no obran así quienes pretenden enraizar sus vidas en Sevilla, poco podrán aportar, espíritu verbal que han de utilizar, y no reagrupar y convertir tradiciones, y no me estoy refiriendo a cambiar el itinerario de una cofradía o el emplazamiento de las casetas de la feria de abril, sino al atrevimiento de unos pocos que no entienden que las murallas se levantaron con mucho esfuerzo y dedicación, con sufrimientos y privaciones. Pululan por los mentideros cofrades de la ciudad algunos personajillos que no ven otra forma de alcanzar notoriedad más que con banalidades. Promueven actuaciones que no tienen otro fin que la divulgación de su propio egeo, que presumen ante otros, aprovechándose precisamente del peso de las heredadas tradiciones de quienes acosan y de su buena voluntad, de unos conocimientos que han sustraído de cuatro revistas y un libro, y con este escaso bagaje han querido doctorarse en sevillanía y cofradías e incluso darnos lecciones de ellas, cuando algunos estamos todavía, con el lastre de nuestros años anunciándonos ya un horizonte, intentando aprender y asumir nuestra propia condición. Jamás se me ocurriría a mí ir a Valencia para disponer los ninots o cómo realizarlos y situarlos para que ardan mejor. Supongo que estas directrices, que estas formas de actuar sobre los conocimientos de las Fallas, vendrán de la observación y acopio de conocimientos y experiencias dictadas por los años, que la adquisición de habilidades y artesanías constructivas escapan a mi entender, pero sí puedo participar de ellas desde la admiración. Ver, oír y aprender. En estos tiempos que corren, con la que está cayendo y con las necesidades básicas y fundamentales de supervivencia, con las carencias alimenticias que padecen muchos de nuestros hermanos y que hay que cubrir, me parece poco serio, cuando menos, propagar, difundir y recaudar aportaciones económicas para realizar una súper petalada –término de reciente creación del frikismo-cofrade sevillano- a la Virgen, que supondrá tirar a la calle unos cuantos de miles de euros. Deberían destinar estos esfuerzos e ingresos, de manera anónima por supuesto, en sofocar y reducir la asfixia de alguna institución, que no tiene por qué ser la Hermandad de la Macarena. Cada cual allá con su conciencia.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en ESPAÑA, HERMANDAD DE LA MACARENA, SEMANA SANTA, SEVILLA y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s