LA FUERZA DEL RECUERDO

 Aún va calando en el tiempo la hoja del cuchillo que va abriendo valles en los campos del alma, ¿Recuerdas? Eran los días, que ahora se nos presentan en sepia, como el si el color del cielo lo hubiésemos descubierto en el amanecer de la juventud. Son los años que nos dictan los momentos, que nos llevan al recuerdo para redescubrirnos una vida que se nos presenta como no nuestra, como si no nos pertenecieran, como si la mano que nos aferra intentara retenernos en el instante preciso que nos robaron la sonrisa para perpetuarla, para hacerla eterna, en el acharolado papel donde quedó imperturbablemente definida. Ahora la tienes apresada en tus manos, convertidas en valija donde se custodian las memoria y vivencias, y retorna hasta la calidez de la mano sujetándote la infancia porque temía, mucho más que tú, que la perdieras de improviso. ¿Cuántas veces iluminaste su cara con tus sonrisas? No lo recuerdas, como tampoco puedes evocar ahora sus pasos aunque se presenten nítidos y claros junto a los tuyos, en la imagen que presentas ante tus ojos y que te acerca a la nostalgia, porque se han fundido en la noche de los tiempos. Solo logras identificar el rostro cuando acaricias aquella cuadricula, casi de porcelana, que descubre las esencias del ser que el ser te dio y que tomas entre las manos para verterla en el recuerdo de otros, para perpetuarla en espacios que no habitas, para grabarla en los entresijo del espíritu y de las manos que sostuviste con el mismo amor y delicadeza que sostuvieron las tuyas en una mañana de primavera. Sabes que ahora vendrá la nostalgia a secuestrarte la razón, a prender y encarcelar la lógica, a despeñar por las laderas del alma cualquier signo de lucidez. Un vértigo recorrerá tus entrañas hasta confundirte, hasta aturdirte. Florecerán las emociones y experimentarás un desasosiego, una eclosión de añoranzas que se irán adueñando de tu voluntad y te perderás en la miscelánea de imágenes que se iran presentando de improviso, en una proyección emocional que descubrirá la pasión de la maternidad. Volverás a percibir aquellas voces que eran inaudibles entonces, que pasaron desapercibidas a tus sentidos, palabras que no oías, sonidos que eludías y evitabas volverán a poseer tus sentidos y percibirás el calor de la voz de la sangre ascendiendo por tus venas. Dejarás inundar la entelequia de la certidumbre y envolverás la realidad en los blancos sudarios de los sueños. Hay un amago de luz, el esqueje de un reflejo luminoso del que ignoras la procedencia, asomando a la ventana. Las gotas de lluvia desvirtúan el mundo que se presenta tras los espejos, Vislumbras a lo lejos el escenario, el lugar donde la vida se te presentó de la mano de la madre. Ha comenzado el otoño anegando de tristeza el aire. Ahora sí, es el momento. Alzas la mirada buscando la claridad de otro tiempo. Quieres recordar sus ojos pero el pasado se obstina en esconderlos. ¿Qué hubiera sido de ti si pudieras reconocer y aceptar el olvido? ¿Qué locura habrías engendrado tan solo por retener el instante? Vuelves a mirar esa foto y encuentras toda la historia de tu existencia, de los tuyos observándote. Miradas que te miran y no saben que están reteniéndote el mismo instante, pasos que van al encuentro de otros pasos para iniciar caminos y todavía no sabían que tu serías testigo de sus cambios, de su destino, voces que claman al cielo y que están pregonando y compartiendo los designios que te esperan. Cuando vuelva a la oscuridad del arca donde descansa y asegura tu memoria, cuando repose de la historia que se guarda en la valija donde se atesora la herencia congénita que va marcando el discurrir de los tiempos, el transcurso de las emociones que retiene, sentirás el espíritu rejuvenecido, traslado por la magia de tu amor, a la infancia, Recuperarás el sentido y la ilusión de aquel momento, inmortalizado en sepia y sabrás que el tiempo ha intentado engañarte y que has vencido con la fuerza del recuerdo, ese instinto que nos instiga a recuperar la felicidad y que hace siempre posible el retorno de la calidez de la mano conduciéndote al encuentro de las emociones.

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