EFECTIVA POLÍTICA DE CERCANÍAS

Puede parecer algo increíble. Las cosas pequeñas suelen ser las que más se echan en falta cuando escasean o se ausentan de la vida cotidiana. Que se lo pregunten si no a las personas mayores de sesenta y cinco años cuando el ayuntamiento de Sevilla, por esa extrañísima aplicación de la solidaridad y la equiparación de las igualdades sociales que sostenía D. Antonio Rodríguez Torrijos, les privó de la gratuitita utilización de los autobuses de Tussam, o la supresión del acceso al centro de cualquier vehículo que no fuera de un residente sin haber creado las estructuras sustitutorias para procuras a los ciudadanos las pertinentes alternativas con las que suplir estas restricciones. Si el propósito era humanizar, racionalizar y procurar la comodidad de los ciudadanos que tienen sus viviendas en el casco histórico, con la extensión del aquel invento que Izquierda Unida,  a la que todo le ponía un nombre para nunca obtener los resultados que pretendían, nominó como plan de Movilidad lo único que obtuvieron fue el rechazo más unánime jamás expresado por los habitantes de esta Sevilla nuestra.

            Aquella coalición del despropósito, aniquiló de un plumazo el acceso de los autobuses al centro de la ciudad. Especialmente se cebó con los que ponían fin a sus trayectos en la plaza del Duque, impidiendo que los vecinos de los barrios periféricos tuvieran la oportunidad –o debemos decir la comodidad- de llegar al punto neurálgico de la urbe sin tener que transbordar y luego patearse media ciudad para poder realizar compras o por el capricho y la libertad de tomarse un café en cualquiera de los establecimientos del ramo que se encuentran en las inmediaciones de la plaza del Duque.

            Todos tenemos consciencia de las limitaciones físicas de las personas mayores, o de quienes tienen reducidas sus extremidades motrices, pues ellos fueron los grandes perjudicados del plan de movilidad ciudadana. Tiene narices la cosa.

            Desde hace unos días, con un magnífico criterio, los autobuses de Tussam acceden hasta la misma plaza del Duque y el efecto no hay podido ser más positivo. Los pequeños comercios han experimentado un alza en las ventas, el trasiego por las calles adyacentes se ha incrementado notablemente y hay personas que no tienen que dar un rodeo extraordinario para poder llegar a este destino. Es el cumplimiento de parte del programa electoral que presentó el Partido Popular, y que contemplaban soluciones de estas cosas minúsculas que se convierten en precariedad si son destituidas, que son vitales para el normal discurrir de la vida de la ciudad. No nos damos cuenta que en los pueblos y ciudades la política de las cosas pequeñas es en verdad lo verdaderamente importante.

Por eso me alegro muchísimo de esta medida por dos motivos. El primero, como ya he reflejado, por la comodidad de poder acceder al centro de la ciudad sin tener que dejarse la piel de los zapatos en un dédalo de calles; para andar ya teníamos a Kung Fu. Y segundo porque por fin alguien cumple con lo que prometía. Estábamos tan acostumbrados al rodillo de las falsas promesas, a la no ejecución del programa electoral de anteriores gobernantes, a las mentiras y al despilfarro en cosas tan inútiles como el tranvía o el parasol de la Encarnación, que no podíamos dar crédito al desembarco de los autobuses en la plaza del Duque. Por primera vez en años, hay un consistorio preocupado en subsanar las nimiedades, en procurar el bienestar general de los ciudadanos -no sólo de una parte-, en fomentar la utilización de los medios transportes, porque es de esta sencilla y equilibrada manera como se pueden resultados favorables, y hacer realidades los proyectos de las cosas pequeñas, que por lo general son las que realmente importan. Las obras mastodónticas, esos proyectos colosales deben realizarse sólo cuando las circunstancias lo permitan, y con los presupuestos cerrados y los plazos de ejecución bien definidos, que después vienen esas sorpresas tan desagradables y a las que nos hacen forzosos copartícipes.

Me congratulo por esta política de cercanía, por éste hacer bien las cosa, por éste ejecutar la cordura sobreponiéndola a los impetuosos y soberbios comportamientos que hemos tenido que soportar aún sabiendo que se estaban equivocando. Ojalá perdure y se mantenga esta estrategia durante los próximos años. Tal vez, hasta podamos recuperar una parte de esta ciudad a la que han intentado, y casi lo consiguen, desvalijar de su esencia.

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