HAY QUE ECHAR EL BALÓN AL SUELO

            De buenos propósitos está el mundo lleno. La voluntad por revocar la tendente inercia del descalabro, al que nos han abocado los especuladores y los grandes inversores, con su insaciable deseo para acaparar poder y riquezas, sin importarles la situación de desampara en la que queda el resto de la humanidad, ha sido una de las premisas en la primera intervención pública del presidente electo, tras los comicios celebrados ayer, D. Mariano Rajoy.

            Es el momento idóneo para comenzar la guerra a esta crisis que viene azotando a la vieja Europa con el inmisericorde látigo del paro y la especulación, una hostigación que no se puede combatir más que con la unidad y solidaridad de todos, sin remisión.

            La holgadísima victoria del Partido Popular, con el respaldo mayoritario de la sociedad española, solo comparable aquella otra pronunciación popular del año 1982 en la que el Partido Socialista se impuso en las urnas de manera abrumadora y abriendo un cielo de esperanza que luego se convirtió en borrascas de desconfianzas y chanchullos, va a propiciar y posibilitar la concreción de una serie de medidas encaminadas a reducir los altos índices de paro, a combatir la prima de riesgo y a intentar recomponer la malísima imagen que en el exterior se mantiene sobre nuestro país. Volver a recuperar la credibilidad de las grandes potencias debe ser una prioridad inminente, rescatar el respeto de los países que pueden inducir al crecimiento es verdaderamente una necesidad. Es cuestión de lógica, es cuestión de recomponer las  estructuras que favorezcan las inversiones, recuperar la ilusión de los mercados internacionales con la concreción de proyectos y obras para ir equilibrando la balanza de pagos.

            Sin duda alguna el compromiso que adquirió ayer el nuevo presidente electo es un reto. La situación actual en nada favorece a quienes no vengan dispuesto a dejarse la piel en el campo de juego. Haciendo un símil futbolístico, es hora de bajar el balón y mirar donde pasarlo, buscar el hueco y al compañero para intentar lograr ubicarlo en el fondo de la portería. Y la alineación que se conforme para este intensísimo partido tiene que estar conformada por gente que no rehúya la brega ni el cuerpo a cuerpo, que se faje con el contrario, que no dude en utilizar los medios más contundente para defender los colores y si es preciso, cuando el problema se encarame en el vértice del área y su disposición pueda comprometer el resultado final, no dude en agarrarlo, aunque ello suponga su exclusión del encuentro.

            Son muchas ilusiones las que se depositaron ayer en las urnas, muchas las ganas de encontrar soluciones a problemas que se están enquistando en el alma de la sociedad sin que nadie se atreviera a extirpar el órgano por miedo a las reacciones a las grandes instituciones financieras mundiales, que están sumiendo y narcotizando al género humano con sus caprichosos vaivienes económicos, moviendo los mercados para procurarse pingües beneficios a costa de hundir en la miseria a sus semejantes.   

            Esta mayoría absoluta, incontestable la voz del pueblo, es la mejor muestra del descontento generalizado por las gestión del comité socialista en estos últimos ocho años, en los que hemos perdido gran parte de la identidad como pueblo, en los que los dirigentes han perdido su credibilidad y han desahuciado cualquier referencia de dignidad de los escaños que ocuparon.

Que no entiendan tampoco que le hemos otorgado indulgencias plenarias para que las utilicen inadecuadamente. El voto es el refrendo de la confianza, es la delegación unitaria de cada ciudadano para la consecución de un bien general. Algo que no deben olvidar.

Esperemos que las promesas de trabajo, seriedad y compromiso se manifiesten desde el primer momento, que no se esfumen en discursos y mítines vacuos, que las palabras no se revuelvan contra quienes las pronuncian. Sólo pedimos responsabilidad en la gestión e involucración en las tareas legislativas para poner orden en este desmadre que actualmente es España –qué verdad más contundente aquella que pronunció Alfonso Guerra, hace más de veinte años, cuando dijo que cuando los socialistas se fueran iban a dejar al país irreconocible-. Y si las condiciones políticas y sociales lo permiten, despeñar esta puñetera crisis antes que nos empuje al abismo ella. Con dedicación y trabajo hay mucho camino andado.

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