CUOTAS DE PODER y METRO

            Era algo que se venía venir. Solo era cuestión de tiempo, un lapsus para justificar la acción y no provocar sangrientas reacciones. Pero tenía que llegar. La Junta de Andalucía exige, no pide ni avisa sobre la necesidad del pago,  diecisiete millones de euros por el déficit de explotación de la línea 1 del ferrocarril metropolitano. La cantidad que la Consejería de Obras Públicas ha puesto sobre el tapete corresponde lo estipulado en el convenio que se firmó en su momento y en el que se explicita que los ayuntamientos, por los que discurre esta primera línea del metro, tienen que hacer frente al veinticinco por ciento del déficit generado.

            El gobierno local, presidido por el popular Juan Ignacio Zoido, no puede por menos que  reconocer el montante de esta deuda, y no vale parapetarse en la ignorancia pues tras cinco años en la oposición deben tener conocimiento la deuda y por lo tanto, la obligación de su aceptación. Otra cosa será las responsabilidades que pudieran contraer la ocultación de estas estipulaciones, y sus consecuencias posteriores, y reclamar éstas por los medios jurídicos que fueren pertinentes. Pero el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento.

            Claro que esta petición imperiosa, en sus modos y en sus formas, tiene matices que habría que ir puntualizando. Es extraño que hasta la fecha, una deuda de esta envergadura, no hubiese sido reclamada con anterioridad y que sea ahora precisamente, cuando la alcaldía ha cambiado de manos y su color político es diametralmente opuesto al anterior, cuando se solicite el abono inmediato de esta cuantía económica. Sin lugar a dudas que la posición de poder del partido socialista, en niveles regionales, habrá impuesto esta devolución por el mero hecho de que el ayuntamiento de Sevilla esté regido, de manera incuestionable, por el partido popular. Intolerable.

            En estos años, bien hubieran podido efectuar la reclamación y mostrar el mismo interés recaudatorio que en estos momentos. Claro que antes eran de los suyos y había que facilitar el gobierno.

            Después está la intransigencia de la petición. Dicho esto, habría que consensuar –y sobre todo la Junta de Andalucía tendrá que mostrar mejor disposición, porque los sevillanos, que somos andaluces también, necesitamos que se eviten fútiles enfrentamientos políticos para disponer de un transporte público tan necesario- y arbitrar un modelo de pago que pudiera equilibrar ambas balanzas. No podemos seguir con enfrentamientos cainitas por cuestiones de idearios políticos. La red del transporte metropolitano es una necesidad para el ciudadano que se viene obviando desde hace cincuenta años. Todos los partidos que han pasado por el gobierno de la ciudad han puesto en duda la viabilidad de este medio de locomoción. Incluso, desde una visión añosa y apolillada del vanguardismo, el mismo partido que gobierna a los andaluces paralizó las obras ya comenzadas, cegó los túneles con agua, bajo el pretexto de la imposibilidad técnica de su ejecución, si no recuerdo mal, entre otras simplezas.

            Unos y otros deben aparcar sus diferencias políticas porque los únicos perjudicados de esta actitudes encontradas son los ciudadanos, precisamente los que acabamos pagando las malas gestiones. Habrá que deslindar las fronteras y rellanar las trincheras para la consecución de esta obra que venimos reclamando desde hace decenios. Dentro de muy poco saldrán a la luz las especificaciones y estudios técnicos del resto de las líneas. Será el momento de consensuar pensando en el bien común y dejar aparcados los intereses personales y partidistas. A ver si por una vez se cuenta con el sentir de los sevillanos.

            El metro es un éxito –está demostrado- y una necesidad imperiosa. Su ejecución supone calidad y bienestar para sus usuarios y promete mano de obra. La Consejería de Obras Públicas debería ser más ecuánime con sus decisiones y no utilizar sus bazas con el fin de hostigar a quienes gobiernan hoy la capital andaluza, y el Ayuntamiento de Sevilla bien podría también optimizar sus decisiones en bien de la ciudadanía y no optar al todo o nada sobre este plan, porque a veces hay que racionalizar las necesidades para no quedarnos sin nada.

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