SE HACEN LOS SUECOS

            Hace ya casi tres lustros desde que la presa que contenía los residuos tóxicos que generaba la mina de Aznalcollar, y que en aquellos momentos explotaba la empresa sueca de Boliden, reventará y produjera el mayor desastre ecológico de Andalucía. Desde entonces hasta nuestros días los suecos se vienen haciendo los suecos. Han elevado alegaciones a todas las sentencias que se han ido dictando, resoluciones que les condenaban al pago por la recuperación, saneamiento y limpieza de las zonas contaminadas, muy especialmente la cuenca y las riberas del río Guadiamar que dejaron como una cloaca, acabando con la higiene paisajística de una de las zonas más bellas y nobles del aljarafe.

Los entonces propietarios de la explotación minera, que habían llegado con las proclamas para solventar los problemas laborales de esta deprimida zona, donde los únicos recursos provienen de las excelencias que procuran el campo, de los frutos agrícolas que extraen de olivos y otras sementeras, no dudaron en salir pitando, en poner tierra de por medio y en proferir frases exculpatorias sobre sus responsabilidades de aquel desastre que habían provocado. Intentaron cerrar algunas bocas con algunas indemnizaciones y falsas promesas. Se fueron a la chita callando y dejando las tierras infectadas con toda la mierda que extraían del mineral.

La entonces ministro Dª Isabel Tocino, dijo muy convencida de la ejecución de la justicia, que “quien contamina paga”. En que mal sitio la han dejado los juristas, que componen el equipo de jueces del Tribunal Supremo, al rechazar la petición de la Junta de Andalucía para que la empresa Boliden pague los ochenta y nueve millones de euros que costó devolver, a su ser natural, la fisonomía natural del entorno devastado. Aquellos campos negruzcos, donde toda vida pereció, donde la salubridad de las aguas del Guadiamar y de los habitantes de los pueblos de la comarca que bañan quedaron en situación de riesgo, recuperaron su aspecto anterior al desastre, es más, en muchos lugares, la actuación fue tan expeditiva, rigurosa y precisa que incluso fueron mejoradas. Se aprovechó para instaurar zonas de recreo y ocio perfectamente adaptadas para un uso razonable, para ser compartido por los habitantes de los pueblos que las rodean. No hay mal que por bien no venga.

Lo desagradable de esta reconversión es que el Supremo rechace algo de tanta obviedad, solicitud que debiera ser respondida con la contundencia culpatoria y responsable se retuerce en la misma zona de jurisprudencia donde se cometió tan maña devastación. Me gustaría a mí ver qué pensaría el principal tribunal sueco si este desastre, con lo ecológicos y nomológicos que son para sus cosas, para su entorno natural, se hubiera producido en los alrededores de un parque protegido como Doñana y si hubieran esperado casi tres lustros para imputar responsabilidades y reclamar las indemnizaciones precisas. Pero claro, en un país donde los ciudadanos tienen que soportar los desajustes jurídicos que condona crímenes por arcos temporales de reclusión nimios, sin correspondencia ecuánime con los delitos cometidos, tenemos que ser coherentes con los dictámenes de injusticia que se ejecutan.

Las responsabilidades en este caso están muy claras. Si el tribunal de Estrasburgo no cambia el rumbo de este veredicto y se reafirma en la ejecución de la sentencia se estará cometiendo un acto de agravio y discriminación, en materias de justicia ecológica, y desde luego implantará un nuevo orden de preferencias y distinciones, en las que los países menos desarrollados verán disminuidos sus derechos y sus salvaguardas jurídicas.

Boliden no puede salir invicta con estas injustas resoluciones, no podemos ni debemos consentir que los andaluces paguemos los errores de las empresas extranjeras que vinieron a lucrarse y a exprimir los recursos naturales. La memoria no puede limitarse a hechos históricos de unos cuantos histriónicos. Basta con visualizar algunas de las imágenes fotográficas de la época para hacernos una idea de la magnitud de aquel desastre, de aquel castigo de la ambición humana sobre la generosa tierra que ha procurado sustento a los habitantes de esta región desde que fuera colonizada por los tartesos. No consintamos que se sigan haciendo los suecos estos vikingos.

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