LA CIUDAD y EL CONGRESO DE BANDAS

Acabó por fin este despropósito de bandas de música cofradiera, II Congreso de Bandas de Música Procesional “Ciudad de Sevilla”, que se ha estado celebrando en nuestra ciudad. Unas jornadas en las que se han reunido las más variopintas y singulares agrupaciones musicales, dando vueltas de aquí para allá y ofreciendo conciertos a los que no asistían más que los amigos y familiares de los propios músicos. Las cifras manejadas por los organizadores nos hablan de la participación de más de siete mil “músicos” provenientes de todos los rincones de la piel de toro, qué antiguo esto de la piel para referirnos a España. Mucha tela me parece ésa para tan poco traje. De ser ciertas estas cifras los hosteleros tienen que estar dando brincos de alegría. Pero no encajan los números. No habría plazas suficientes para tantas pernoctaciones, dado el altísimo volumen turístico que se desplaza en este puente, atraídos por otros vínculos artísticos, museísticos y monumentales, que sí son verdaderos motivos de seducción para quienes vienen a dejarse sus euros en las industria turística sevillana. No me cuadran los números por mucho que intente explicar tanta devoción a la trompeta y al tambor. Porque estas bandas de música, que han ofrecido sus conciertos ante un público que ellos mismo proporcionan, dado el escaso interés que este tipo de eventos suscita al común de los ciudadanos, preocupados en estas fechas en atender otros tipos de ocio y de preparación de las fiestas navideñas, arrastran otra cantidad mayor de seguidores, principalmente novias, familiares y amigos. De ser cierta la cuantía que han manejado, las plazas hoteleras de la provincia estarían copadas durante todas las jornadas del puente y los empresarios del ramo aseguran que las reservas de ocupación no pasaran de un ochenta por ciento del total. O sea, que este evento poco o muy poco dejará en las necesitadas arcas de los empresarios de nuestra ciudad. No podemos aislar la realidad en este tipo de acontecimientos. Debajo de todo este magnífico lio subyacen otros intereses, otros motivos, casi siempre de índole particular, beneficios que casi nunca repercuten en los componentes de las bandas de música que sólo participan, sacrificando su tiempo de ocio, por el mero prurito de enaltecer el propio orgullo. La contrapartida social sí que es importante. Muchos de estos jóvenes están apartados de los peligros que acechan en las calles e incluso hay algunas agrupaciones que se esfuerzan en preparar y educar musicalmente a sus componentes, en una tarea digna de elogio, de reseñarse especialmente. Pero de ahí a tener que soportar, en la gran mayoría de los casos, los berridos insoportables, las tamborradas que muy poco ayudan a fomentar el arte de la escucha musical va un trecho. Pero lo peor de todo esto es la vulgarización de una faceta de la música, la procesional, que se está intentando implantar, anteponiendo la espectacularidad de las composiciones de la banda, que no debemos olvidar que es mero acompañamiento de las Sagradas Imágenes que procesionan en Semana Santa o en señalados días en la que la liturgia establece su salida, y no desbancar a los principales protagonistas y los especiales motivos por los que dejan sus templos durante unas horas. Yo he sido testigo de cómo una banda de música es literalmente atropellada por una multitud de seguidores, equipados con los más precisos instrumentos de grabación de sonido e imagen -y ojo ¡delante de la cruz parroquial!- mientras la Santísima Virgen, de gloria precisamente, transitaba en la más absoluta de las soledades. Este protagonismo es, ni más ni menos, el producto de una ensamblada y preparada estrategia dirigida a quienes no ven más que folklore y espectáculo en donde debe primar religiosidad y devoción, para la obtención de pingües beneficios. Las agrupaciones musicales, las bandas de cornetas y tambores, no deben traspasar los límites de sus orígenes, lo cual no está reñido con la calidad que buscan en sus interpretaciones. Que no nos vendan más milongas sobre la necesidad de divulgar la música procesional con eventos de este tipo, porque entre otras cosas, ya está bastante promocionada por quienes les interesa. Y a los hechos me remito. Copias e imitaciones de las bandas que han marcado un hito en este mundo y que vulgarizan y menosprecian a quienes dejaron sus vidas por mantener la tradición viva. Todo lo demás, o sea ellos mismos, son factores aleatorios que no aportan más que secularización a la gran fiesta religiosa sevillana.

Esta entrada fue publicada en ESPAÑA, HERMANDAD DE LA MACARENA, SEMANA SANTA, SEVILLA. Guarda el enlace permanente.

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