LA PRESENCIA

Hoy he repuesto algunas de las hojas del almanaque que prende en mi corazón y restituido en mi memoria aquellos días, que se plasman en secuencias grises en mi mente, como de una vieja película muda, cuando los primeros fríos se aposentaban en los aleros y hacían brillar, con las primeras luces del día, el suelo de las azoteas. Eran los días del gran presagio, de la gran festividad que habría de llegar. Eran días de manos metidas en los bolsillos, camino de la escuela, descubriendo escarchas en las aspidistras que brotaban entre las rejas que custodiaban un patio de arcada marmórea y suelos de loza y ladrillos, mañanas en el aula donde los cuerpos reposaban y nos recibía el calor de una estufa por donde pasábamos todos antes de tomar asiento en los pupitres. Vienen a mí los cielos azules preñados de algodones mostrándose por las retículas vidriosas, que a modo de grandes ventanales, nos advertían del retorno y la proximidad de la Navidad. No había límites en la imaginación, ni poníamos fronteras a la fantasía, y aparecían proyectadas en el suelo las figuras de un belén de barro que comenzaba a tomar cuerpo en la plaza donde ya se estaban retranqueando los juegos del recreo. No puedo retraerme, ni quiero aislar mis emociones, del recuerdo de aquel menudo hombre disponiendo los paisajes de cartón piedra, bajo aquel soberado que debía ofrecer protección ante los rigores de las inclemencias atmosféricas. ¡Con que tacto y sutileza formaba pliegues y disponía la arena! Minutos después aparecía, como por encanto, un campo de labriegos, perfectamente surcado y una pareja de bueyes tiraban de un arado mientras el labrador jaleaba a la dócil pareja de mansos astados. Si acaso nos sorprendía observándole en sus labores, torcíamos la mirada, en un gesto de rubor y vergüenza, y manteníamos la cabeza baja escrutando las sentencias infantiles que otros dejaron inscritas en las bancas, como muestra irrefutable de la efímera y eventual posesión de aquel espacio. Nunca supe cómo se llamaba, ni le veíamos más, por aquellas calendas, que cuando mediaba diciembre, con sus minúsculos atavíos y su menesterosa predisposición para regalarnos, con la recreación de la villa palestina, unos momentos de admirada fantasía. Aparecía de improviso, una mañana batiéndose con el frío, ahuyentado las humedades que ascendían desde el río con vigorosos movimientos de manos y pequeños y frenéticos saltos, para recrear la aldea donde se presentó la Verdad en el cuerpo de un Niño, y desaparecía pocos días después, envuelto en halo de misterio que provocaba, en nuestras febriles e inocentes mentes, las más aparatosas conjuras sobre su procedencia, sobre su origen. Nunca intercambiamos más que miradas; las mías de curiosidad, de búsqueda de una concreción de la magia que era capaz de revocar la realidad y transformarla en proyección idealizada sobre la tupida pantalla de nuestra imaginación. Si, amigo, tu presencia reforzaba nuestra alegría y vigorizaba nuestros anhelos por la proximidad de las vacaciones. Eras el barómetro sentimental que nos indicaba los instantes que nos quedaban para reencontrarnos con la vida, con la recuperación de una existencia todavía no manipulada por las exigencias que impone el acercamiento a la vida adulta, con sus responsabilidades y deberes. No eres el recuerdo del tiempo feliz sino la recuperación inequívoca de la niñez que quedo estampada en los cristales por donde se asomaba mi ilusión. Intento reivindicar tu sonrisa, cuando advertías mi mirada escrutando tu labor, tu inmenso y gratificante trabajo, instaurando los pasajes que recreaban la felicidad de los hombres, con el advenimiento de la Verdad y la Vida, para alimentar mi añoranza y vencer los momentos que se fueron quedando conforme avanzaban los años. Hoy, vencido por el recuerdo y la nostalgia, rehabilito tu presencia, aquélla que vitalizaba la niñez en las vísperas de la llegada del Niño Dios.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en ESPAÑA, SEMANA SANTA, SEVILLA y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s