El premio a Maruja Vilches

           Lo dijo Joaquín Durán, director general de Canal Sur, durante su intervención en la gala de El Llamador, durante la cual se hace entrega del galardón “Memorial Luis Baquero”, y no pudo hacerlo con mayor justicia ni ajustar tan bien sus palabras hacia la persona distinguida en esta ocasión, Maruja Vilches Trujillo. “Hacer feliz a quién hace felices a tanta y tanta gente”. Y ayer ella lo fue al recibir esta consideración.

            La distinción a esta mujer no es más que obrar en justicia, no es más que el reconocimiento público por quién se ha dejado la vida en intentar acercar la felicidad a los demás con su esfuerzo, dedicación y trabajo. Éstas son las armas contra las que se enfrenta a la adversidad, agregando ingentes dosis de generosidad.

            Esta mujer fue, la que siendo directora de los Altos Colegios, movió cielo con tierra para instaurar, en una de las fachadas principales del edificio, un majestuoso retablo cerámico de la Santísima Virgen de la Esperanza Macarena, para que protegiera y amparara a los niños que reciben su educación en la centenaria institución. Fue precursora del movimiento que permitió, a las mujeres su inclusión en la estación de penitencia, igualando en derechos y deberes su participación en las Hermandades. Sus inquietudes cofrades, que comparte con las literarias, le llevaron a ser miembro fundador de la Hermandad de Pino Montano, hecho que supuso un hito en su vida y del que se siente, como todos los proyectos que emprende, muy orgullosa. Ha sido también la primera mujer en ocupar el atril de uno de los principales y más importante pregones de la ciudad, el de las Glorias de Sevilla, aunque con anterioridad ya se había curtido en estos bagajes literarios y unos años antes, la Junta de Gobierno de la Hermandad de la Macarena, presidida entonces por D. Juan Ruiz Cárdenas, no dudó en designarla pregonera de la Esperanza. Pero su inagotable vitalidad, su enjundia transmitir vigor y no caer nunca en el desaliento, la hizo comprometerse con el proyecto para formar parte de la candidatura que D. Adolfo Arenas Castillo presentó para el Consejo General de Hermandades y Cofradías de la ciudad, en donde se responsabilizó de uno de los retos más difíciles y comprometidos de la misma: el proyecto Fraternita, cuyo programa se desarrolla en la sevillana Barriada del Polígono Sur, una de las zonas más deprimidas de la ciudad y donde ya ha dejado marcada su positiva impronta, no sólo poniéndolo en marcha sino auspiciando su continuidad, solidificando las bases para que esta parte de la ciudadanía con tan escasos recursos puedan mirar al futuro con Esperanza.

            Maruja Vilches es una mujer encantadora, gentil, amable, extrañamente sencilla que ha sabido preservar su identidad en un mundo tan dado al servilismo y a la maledicencia, que ha sabido guarecerse en la generosidad de su entrega. No es fácil llevar a buen puerto este proyecto común de las Hermandades sevillanas, tan proclives al egocentrismo y a la presunción. Coordinar estos recursos requiere de un esfuerzo titánico, casi dedicación exclusiva. Pero Maruja, desde que la conozco, nunca ha puesto reparos al trabajo. Por eso alterna ahora la dedicación de esta importantísima empresa como la responsabilidad propia del cargo de Hermano Mayor de su queridísima hermandad de los Javieres, donde recurre un hecho insólito, ya que su esposo ha sido también máximo dirigente de la Hermandad del Cristo de las Almas.

            Ayer le fue reconocida justa y públicamente toda esta épica, toda la dedicación que ha demostrado en favor de los que menos tienen. No importa –verdad Maruja- que se intenten poner chinas en los zapatos cuando se reciben estas recompensas. Y no me estoy refiriendo –que también, evidentemente, porque no obraríamos en justicia- al majestuoso galardón que depositó en sus manos el alcalde de la ciudad, sino al que pusieron en su corazón y su alma los niños del Polígono Sur cuando, ocupando el escenario donde se prodigan tantas hermosas y variadas ficciones, sincera y espontáneamente su abrazaron a su prócer. Ése sí que se va a perpetuar en la memoria de Maruja mientras que su Cristo de las Almas la mantenga con vida.

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