¡Jo con los okupas!

Se esconden tras unos idearios que retienen trozos del pasado, con pensamientos tan denostados que han perdido cualquier utilidad y que no sirven de solución a los problemas que se plantea, en la actualidad, en nuestra sociedad. Las reivindicaciones que trazan tienen en su origen baremos y razones de equidad y justicia pero los métodos que aplican no tienen sustentos legislativos ante los planteamientos jurídicos actuales, ni todo se puede conseguir por las bravas pensando que nada tiene dueño y todo es todos. Este extraño entendimiento de la socialización, del mancomunar los servicios y aunarlos para conveniencia de estos grupos es, con las variantes y sectorizaciones adecuadas a los tiempos, la base propuesta para la ejecutar y llevar a cabo el proceso de la globalización, dejando a un lado la alternativa de la individualidad y del pensamiento y la razón como expansión del intelecto. Globalizar es impedir y cortar la posibilidad de mantener criterios únicos y confrontarlos, es seccionar la posibilidad de poder consensuarlos los contarios, aunar conclusiones con el debate y la discusión cívica para montar las bases de una existencia más ecuánime en cada una de las sociedades, porque no debemos obviar las particularidades de cada pueblo.

Estos nuevos revolucionarios que viven en la utopía y en la babia, estos jóvenes que han decidido salvarnos la vida, cambiar nuestros hábitos sociales y erigir los cimientos de una nueva sociedad, sin pluralidades y con pensamiento único, el suyo  con marchamos de caducidad colgando de los manifiestos que divulgan, que ondean la bandera de la cultura como si los demás estuviésemos sumergidos en los lodosos terrenos del analfabetismo, y tilden de fascistas a todos aquellos que se atreven a contravenirles, han tomado antiguos edificios industriales, ahora en desuso o abandonados a su suerte por sus especuladores propietarios, que prefieren sus derrumbes antes que reutilizarlos y dotarlos de  funciones ante la inoperancia de los ayuntamientos, y montan verdaderas checas bajo el camaleónico y atractivo camuflaje de la expansión de la cultura y de otras actividades alternativas. Viven durante años en los mejores sectores de la ciudad, no conozco y puede que los haya, ninguna de estas comunas que se hayan instalado en las Tres Mil Viviendas, donde sobran locales y viviendas abandonadas y donde podrían focalizar su revolución cultural, tan necesaria allí, haciendo uso de los servicios básicos sin pagar los consumos propios, organizando fiestas, con estruendosos conciertos, donde corre el alcohol y la marihuana y, en el peor de los casos, preparando incursiones proletarias para atacar los edificios y locales de esas instituciones que no están en su cuerda ideológica, convirtiendo en verdaderas checas estos espacios donde defienden su libertad coartando la de los demás. Lo del aseo y la higiene de sus integrantes lo dejamos para otra ocasión.

Ayer salieron en libertad, sin fianza y con cargos, dos de los cuatro okupas que se enfrentaban y agredían a las fuerzas de orden público cuando eran desalojados de una de estas comunas, en unos antiguos talleres del Muro de los Navarros e intentar reubicarse en otro de la calle Pasaje Mallol, donde por cierto comienzan a hacerse fuerte otro grupo allí establecido. Los individuos lo hacían entre el clamor de sus compañeros, que los jaleaban como a los antiguos héroes griegos, y ellos contestaban en reciprocidad a los aduladores, mientras las fuerzas de orden público, presentes a las puertas de los Juzgados, soportaban con la mayor dignidad posibles, los ataques verbales y las violentas provocaciones de fiel tropa.

Cuando despejaron la explanada, un tapiz de basuras y  de escombros vidriosos de una celebérrima firma de cervezas, cubría el adoquinado. No se molestaron en cumplir sus proclamas sobre la necesidad de construir un mundo mejor, más verde y más respetuoso con el entorno. Hasta unas bragas y compresas se recogieron del entorno. Así nos demuestran día a día, con estas actitudes su aptitud “respetuosa” hacia el resto de la sociedad. Como ya dije en otra ocasión, se ha perdido una oportunidad única de desahuciar a estos individuos, sin ningún tipo de violencia y sobrecoste a los ciudadanos. Bastaría con lanzar un pico y una pala para provocar la despavorida huida de estos concienzudos vividores.

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