Sevilla y los demás

Está Sevilla plagada de bellas historias que nos recuerdan el esplendor y la fuerza del paso de los siglos, de la impronta que heredamos, de leyendas que corren por sus calles pregonando amores, convocando lides y duelos que tienen el trasfondo del rostro de una dama o la mancilla de su honor. Tiene esta ciudad la gracia concedida de la luz que perfora los ambientes y transmite la placidez y la somnolencia de una tarde de verano cuajada de sueños, de ilusiones que reposan en el fondo del río, donde la nostalgia se hace inaccesible y se fortalece en la memoria. Tiene el aire guardado trinos de vencejos que rasean las calles y llaman a las puertas con sus filigranas, con sus piruetas, con sus giros y corvetas, anunciando que Dios está aquí, manando entre la juncia y el romero que se expande por sus vías, que recuerdan a la infancia y al primer día que tuvimos constancia de sentarnos a la mesa del Señor, con aires de marinero, de almirante o de monge. Tiene también la calma de los amaneceres claros que descorren los cerrojos de las puertas que guarda la primavera y nos grita el poder del sol cuando alcanza el cenit del universo.

Guarda en sus entrañas, Sevilla, el secreto de mil miradas de mil niñas enamoradas batiendo y esquivando las esquinas por donde pasa el mocito que provoca sus suspiros, que delata y pone en un brete sus ansias, que ruboriza su cara cuando lanza la sonrisa pícara y alcanza el propósito y alza la azagaya de la risa que clava en la ventana y desata la pasión en los campos de batalla del amor. Guarda en sus calles, Sevilla, la escribanía que dicta las sentencia más humildes, que publica los edictos más sencillos desde el proscenio de un balcón, desde el palco que se injerta en la balaustrada de un pasillo que comunica relatos de familias, hilo conductor que facilita la emoción de la convivencia, ramilletes de sainetes que se asoman al pretil de los recuerdos, el bautizo y la comunión, el pilón lleno de agua que refresca la sesión de los primeros calores, el golpe inocente y descuidado a la tinaja que se rompe y desparrama las esencias cristalinas y doradas que llegaron desde el Aljarafe prisioneras en la madera de un bocoy. Guarda en el aire, Sevilla, sones de tradición, el revuelo de campanas que recorre el entramado urbano hasta perfilar el discurso que nos advierte del rito y la celebración, de la liturgia que impregna el corazón, que descubre sensaciones y calma las turbulencias de la emoción incontrolada del devoto en postración ante la hornacina que resguarda y atesora el candor de una Virgen, la unción del Salvador, que sabe de los secretos, insondables confidencias que comparten en el silencio y la penumbra del lugar.

Tiene un caudal de grandezas escondida en su memoria, que la hacen prisionera de su historia o que la atan al orgullo de saberse poseedora de la mejor dignidad, de la nobleza de sangre que la hizo merecedora del título del mejor valor, no me has dejado Señora, váleme de tu protección, sé por siempre Esperanza o da a mi vida sentido con el patrocinio de tu amor, defensora los dogmas que la Iglesia comprendió Mateo Alemán escribió que defendería su pureza y su blanca concepción, con la propia sangre si lo demandare la ocasión, por eso reza en el lema de la Corporación, con esplendor, como emblema de la mejor condición su gente, Muy Noble, Muy Leal, Muy Heróica, Invicta y Mariana Ciudad de Sevilla.

Siempre fiel y siempre alegre. Nunca renegó de la condición de su origen, siempre acató,con disciplina y sentido, con rigor y con templanza, sirvió a los reyes con honor y con respeto, se sublevó ante los desmanes y la intolerancia, vitoreó a sus lideres y a sus toreros, acompañó siempre el espíritu de la patria para engrandecerla.

Y esta noche cuando la bandera roja y gualda debiera ondear con orgullo y las notas del himno nacional recorrer, al unísono, las praderas de la emoción, soliviantado el espíritu y erizando los vellos del alma, se anuncia el despropósito y la incoherencia de la desunión, de los desalmados que aprovechan cualquier evento para poner en solfa toda la grandeza de la nación. Y son los mismos de siempre, los que nos tildan a los sevillanos de egocéntricos… Pues viva nuestra egolotría que nos hace mejor pregonando a la belleza, al amor y a la unción que ve la luz en la paz y la concordia de los hombres.

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en CULTURA, DEPORTE, ESPAÑA, SEVILLA. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s