La sublimidad de Ricardo Suárez en la Macarena

              Ahora sus recuerdos se proyectan en sepia sobre el telar de la memoria. Era el día más hermoso. El alma se anegaba de felicidad en sus vísperas. Jornada de zapatos nuevos, de charol reluciente, de vestidos albeos evocando otras festividades, de modestos estrenos que extraían sonrisas de los rostros infantiles. Las calles del barrio explosionaban con gozosos encuentros mientras los ojos descubrían sensaciones nuevas con reminiscencias del pasado. Todo parecía recién estrenado. La mañana, descubriéndose al oro y al celeste; la memoria recuperada a la felicidad. Las casas de vecinos se despoblaban y su vida se trasladaba a las calles. Los afluentes de Torrijiano, Jaira, Monederos, Esperanza, Carranza, San Luis, Patricio Saínz, Andueza, confluían en el mar de la Resolana donde una marea de emociones comenzaba a enervarse con el sólo presentimiento de cuánto podrían contemplar instantes después. Apoyado en su bastón, por la calle Don Fadrique, el abuelo caminaba aferrado de la mano de la nieta; la niña asida de la mano de su padre. Se dirigían con inquietud al encuentro con el rostro más bello de la cristiandad, a confundirse en la mirada donde habita toda Esperanza. El semblante más hermoso presentándose, según los ojos, cansada, con lágrimas que descubren la felicidad, con una sonrisa, apenas dibujada, que disuelve todo dolor, con un entrecejo que denosta la sinrazón, el  juicio perdido en la mirada, el corazón acelerado cuando la oración se recoge en sus ojos. Todo un epítome de la gloria, el compendio vital de los hombres expuesto en el rostro de la Esperanza.

           ¡Qué difícil tarea se presentaba ante Ricardo Suárez López! ¡Qué compromiso con la propuesta para pregonar plásticamente la Semana Santa desde la Macarena! ¡Qué valentía al aceptar su realización!

            Ricardo es innovador por naturaleza y eso le lleva a acometer empresas de tan gran envergadura, a desprenderse del miedo, a romper moldes creativos en un ambiente en el que se encorsetan demasiado los sentimientos. Este Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla. desarrolla su prolífica obra en este cahíz de tierra, muy cerca de la antigua puerta por la que los reyes accedían a ciudad,  aunque su proyección profesional trasciende nuestras fronteras. Obras de su autoría cuelgan en las paredes de las mejores salas de exposición de nuestro país e incluso de Europa.

             Pero el cartel que pintó para la Hermandad de la Macarena recogió toda la grandeza de la Madre de Dios en todo su esplendor, con sus matices más singulares, con una visión monocromática y con algunas reminiscencias warholianas. Y con esta valentía se nos descubrirá la Virgen. Y veremos Esperanza muchas veces, como la vieron nuestros antepasados, como la rezarán nuestros descendientes en el futuro durante la letanía Macarena. Llorando, riendo, enjugando nuestras lágrimas en el sedal de sus mejillas, de un lado o de otro, en un frontispicio rayano a la locura porque acapara el obsesivo amor de los que diariamente se enfrentan a Ella.

              Así nos la ofreció Ricardo Suárez, con todo su fervor, para que cuando nos pregone y descubra, con la divinidad de su rostro, la eternodidad que nos aguarda, se nos desvele un nuevo dogma macareno; que lo verdaderamente importante de la Esperanza no es cómo La vemos, sino cómo La sentimos cuando La vemos.

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