Los nuevos diezmos

La catastrófica situación por la que atraviesa la nación está delimitando el poder de maniobras de muchísimas familias. Las circunstancias económicas marcan el devenir de la vida cotidiana y ya se viven verdaderos dramas para poder mantener la casa o poner un plato en la mesa, aunque sea una sola vez en el día. Y lo peor de todo lo marca la situación de desamparo en. Son miles de familias sevillanas en las que ninguno de sus miembros trabaja, en la que los únicos recursos llegan del auxilio familiar, un clavo al que se agarran para no despeñarse por las laderas de la miseria. El paro, como consecuencia fatal de la crisis, está provocando la desintegración de las estructuras sociales, deshaciendo el derecho de igualdad y la legitimación y la obligación a disfrutar de un bienestar esencial. Ya la gente se conforma con poder acostarse sin haber acumulado más deudas, con el estómago satisfecho y la conciencia reposada.

            Las medidas adoptadas ayer por el gobierno vienen a mortificar, aún más y me temo que no quedará ahí la cosa, a las clases menos favorecidas, que somos los que siempre pagamos los errores de quienes nos gobiernan. Y aquí no hay colores porque todos obran igual. Cuando se equivocan no tienen ningún tipo de prejuicios, por  no decir vergüenzas, en desviar las culpas, en buscar excusas que siempre terminan de  la misma manera, hurgando en los bolsillos de los votantes, de quienes ha puesto su confianza en las propuestas que pregonaban en la campaña electoral. Y pasa nunca nada y las responsabilidades que generan sus acciones las traspasan a los ciudadanos, que asumimos casi siempre sin rechistar.

            De un tiempo a esta parte se vienen cebando con los funcionarios y todo aquel que recibe el estipendio a sus servicios de organismos y centro oficiales, entiendo que porque son los que sostiene el estado,  o sea que sus nóminas vienen estipuladas y señaladas en las partidas presupuestarias que anualmente se emiten. Pero también cobran del estado, y muy bien por cierto, demasiado bien, toda la grey política en sus aspectos de nacionalidad, autonómicas o locales, parlamentarios y senadores, y no hemos visto ningún atisbo de disminuir sus sueldos. Muy al contrario siguen con salarios extraordinarios y dietas por ir a mear. Aquí no se mueve nadie y son capaces de recuperar autos de fe y quemar en la Carrera de San Jerónimo a quienes osen en insinuar la disminución de trabajados jornales. Si acaso, eso sí, muestran su solidaridad con mineros, con parados y jóvenes que no ven salidas a sus esfuerzos, se ponen camisetas y actúan en las sombras no vaya a ser que se escape un pelotazo y les hagan pupita.

Suprimir la paga de navidad a los funcionarios viene a ser uno de los hechos más bajos y denigrantes que pueden llevarse a cabo. Y que conste que no soy funcionario y que no obtengo las prebendas por tener un sueldo asegurado, mayor o menor, pero fijo. Que para solicitar un préstamo tengo que demostrar mi pureza de sangre, no haber matado ni ser sospecho de pertenecer a ETA y éso para su denegación posterior porque no tengo garantías que lo avalen. Si tuviera tierras no tendría que solicitar nada. Pero esta medida acaba definitivamente con la sociedad del bienestar, le han pegado la puntilla, al más puro y efectivo estilo Lebrija, al modelo de vida que nos habían prometido. Ellos siguen gozando del nivel glorioso y esplendoroso que se han construido y del que no están dispuestos a reducir ni un céntimo de sus “jornales”. Tienen asegurado el futuro porque dejen sus escaños seguirán cobrando “vitaliciamente” una paga, contarán con servicios médicos de excelencia, gracias a las restricciones que nos siguen procurando a los ciudadanos, un modelo de asistencia sanitaria que querían copiarnos los americanos y que terminaremos dándole la vuelta a la tortilla copiando el paupérrimo patrón medico que utilizan los pobres del país del progreso. Lo que es la vida.

En fín, que estoy escribiendo y me estoy acongojando y acojonando. Necesitaremos pronto un Robin Hood que robe a los ricos para dar de comer a los pobres. Seguimos estancados en el Medievo, en el submundo donde quien más tiene ejerce su poder para ningunear a los que sudan sangre para mantenerles. Y cada vez, con mayor fuerza y exigencias, inventando diezmos para no llegar a ningún sitio.

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