La lucha por la vida

El pasado domingo, veintiséis de agosto, el escritor valenciano y columnista en el diario El País, Juan José Millás, publicaba en el dominical del referido tabloide madrileño un artículo titulado “Dan ganas de morirse”, en el que hace referencia al asesinato cometido por el partido comunista chino obligando a una joven a abortar, en el séptimo mes de su gestación, el segundo de sus hijos, por no poder abonar el diezmo que el gobierno exige, a todos sus ciudadanos para poder sortear la ley de la natalidad que restringe a cada familia tener un solo vástago, por aquello de poder controlar superpoblación que padecen, un humillante tributo al que solo pueden hacer frente quienes se saltan la ideología y los escasos valores deontológicos de sus dirigentes,  con el poder del dinero en el país del proletariado, al que todo le está prohibido excepto adquirir la condición de millonarios con la explotación masiva e indiscriminada de sus congéneres, a los que expolian de sus derechos básicos para obtener grandiosos beneficios.

Entiende el magnífico escritor, que se ha pronunciado en numerosísimas ocasiones a favor del aborto en nuestro país, una defensa acérrima y encarecida que ha ahora se ha saltado a la torera, tal vez porque los asesinatos se cometen fuera de nuestras fronteras y ya no tienen el valor terapéutico –en este caso explicito asesinato y estoy de acuerdo con su denodada denuncia en pos del derecho a la vida y a la pena de muerte-, que la actuación del gobierno chino incurre en delito de flagrante e incuestionable delito de lesa humanidad, imponiendo y forzando a la pobre mujer deshacerse de su hijo por el mero hecho de ser pobre porque, como ya hemos adelantado, quienes poseen recursos suficiente, un uno por ciento de la totalidad del pueblo, pueden atender al soborno del funcionariado y autoridades delegadas de la soberanía del comunista para poder incrementar la familia, siempre y cuando el número de miembros varones superen al de niñas, que ése es otro tema, la degradación y abandono de bebes femeninos en los campos y cunetas.

Una actuación de esta magnitud, porque debe ser un mero ejemplo de los millones de crímenes que se cometerán en beneficio del plan de natalidad, no puede quedar callada y hay que airearla con toda la contundencia y el ímpetu del que hace gala el Sr. Millás, con virulencia que se ha pronunciado y a la que debemos unirnos. Me sumo a la propuesta intrínseca que formaliza el escritor en su artículo porque es la única manera de acabar con el desmán y la permisividad de los gobiernos ante los crímenes que se comenten con los más inocentes, con quienes no pueden alzar la voz ni manifestar su opinión para optar a la posibilidad de vivir. Me adhiero a estos gritos que se alzan para proclamar nuestra oposición a cualquier manifestación violenta que restrinja el derecho a la vida y por supuesto, y me solidarizo en la lucha y oposición más absoluta a la pena de muerta.

Pero hay que ser congruente y coherente con el pensamiento, máxime cuando se expresan desde tribunas públicas. El aborto es un crimen en China y en España, y en Pernambuco, si me apuran. Condenar -éste es un caso además extraordinario por lo avanzado del estado de gestación de la madre-, reprobar y hasta censurar estos dolosos temas que acontecen fuera de nuestras lindes geográficas, y mostrarse en su país como fervoroso defensor de estos mismos hechos, es demagogia, argucias de oratoria para intentar desviar la atención de este gravísimo problema que afecta, nada más y nada menos, que a la vida del semejante, ni siquiera a la propia. Y es además ruin y mezquino intentar involucrar, directa y con una inexactitud deleznable, en estos temas al ministro Ruiz-Gallardón, que siempre se ha mostrado contario al aborto, no ha escondido sus opiniones ni se ha parapetado tras la oportunidad cambiante para obtener algún beneficio, pero ha dado también muestras de su pensamiento liberal, que por supuesto nunca ha dado pié a la monstruosidad a la que alude usted en las últimas líneas de su artículo. Muy al contrario siempre se ha pronunciado en favor del humanismo y del libre pensamiento. Lo del aborto es otra cosa, algo que cuando son puestas al conocimiento en los términos que usted lo hace, le dan a uno ganas de morirse. Por eso preferimos la lucha por la vida.

 

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