El redil de los torpes e intolerantes

No saben lo que es una oveja, y un lirón careto suponen que es un tío que se lleva durmiendo todo el día por la cara. Y no digo que no los reconozcan sobre una ilustración impresa en algún libro de ciencias de la naturaleza, que no sé si se sigue denominando así al estudio del medio, o es de esta manera como se denomina el conocimiento y aprendizaje de las ciencias naturales. Vamos un lío. Esto de que cambien con asiduidad los programas de estudios, según los intereses políticos de quien gobierne o de las grandes distribuidoras, se convierte en un laberinto, sin salida, para los que ya peinamos canas. Lo que digo, es que no tienen base cultural, ni conocimientos históricos, muchos de los niños que ayer se manifestaban, con banderas tricolores, en la segunda jornada de huelga en Educación Secundaria y Bachillerato, en contra las medidas de recorte que ha adoptado el gobierno central. Jóvenes recién estrenados en la pubertad,  que son manejables, que se les instruye en las conveniencias de quienes convocan y dirigen las manifestaciones. Ovejas de un rebaño que se limitan a seguir las directrices de los aspirantes al mangoneo interesado. Y digo que no tienen cultura, ni poseen conocimientos históricos porque ayer, aleccionados por unos pocos manipuladores, gritaban consignas impropias de la razón y de la tolerancia, dos estados del pensamiento liberal imprescindibles para la convivencia. Muchos de los que ayer alzaban sus proclamas desconocen que están siendo manipulados y que sus ideas y reivindicaciones nada tienen que ver con los gritos que les hicieron entonar.

Este país se ha convertido en un corral de borregos que acuden y actúan según le marcan sus pastores. Nos han educado en la sandez, en la comodidad, en el escaso esfuerzo porque nos han ido enseñando una vereda que conducía a unos privilegios que no nos correspondían. Y no por justicia social, si no porque nos la ofrecían sin prestar ningún esfuerzo, porque nos habilitaron comederos, dentro del corral, donde nos hartábamos sin que tuviéramos que realizar trabajo alguno. Lo que no sabíamos era el precio que habríamos de pagar, el diezmo que nos tenían preparados. Esta ficticia facilidad, este encubrimiento del sometimiento, nos ha llevado a esta situación. Personas poco preparadas, poco ilustradas, casi sin conocimientos generales, que se convierten en fiel infantería para ser lanzados al desastre. ¿Por qué gritaban ayer? ¿Cuáles eran sus verdaderas reivindicaciones? ¿Solicitaban acaso el retorno a los planes de estudios en los que se exigían verdaderos esfuerzos para poder aprobar o la tibieza institucional que les permitía acabar cursos sin saber quién era Viriato o el Cid, sin tener conocimientos de los orígenes de la lengua española o de la geografía nacional?

Ayer volvieron a manifestarse los más oscuros presagios de la historia moderna de este país. Al grito de “¿Dónde están los curas que los vamos a quemar?” un grupo de estudiantes restituyó la leyenda negra de la Inquisición. Hostigaron a estudiantes, profesores y hasta empleados de un colegio religioso, en Mérida. Y sabemos que la mayoría de los participantes en estas manifestaciones son jóvenes que repelen la violencia, que no necesitan las amenazas para concretar sus reivindicaciones. Pero hay un pequeño porcentaje que se dejan manipular, adolescentes a los que se les alteran sus ideales con ideas caducas y paraísos inexistentes, con figuras políticas que son repudiadas en sus propios lugares de origen, donde implantaron, a sangre y fuego, sus doctrinas. ¿Qué tiene que ver Lenin con la educación en nuestro país, con los planes de estudios de nuestros institutos y universidades? ¿Es qué sus caducos pensamientos sociales son válidos en nuestro país cuando hace ya treinta años que fueron demolidos, erradicados de raíz, donde los establecieron?

Este retorno de panfletos y gritos incendiarios convierten en ineficaz cualquier esfuerzo que realicen, cualquier protesta para reivindicar fundamentos de justicia. Que unos niños eleven, ondeen y justifiquen la violencia, con proclamas y gritos de otras épocas me parece una salvajada, porque creo que están alentando actitudes que en nada benefician a la convivencia, a la resolución de los problemas que plantean. Más bien, alientan y escardan las brasas de la irreconciliacion. Pero todo es producto de la mala educación, de la ignorancia, de la incultura que les ha sido transmitida. Ovejas de un rebaño que obedecen, viven y mueren al son que les marcan.

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