La Semana Santa de Nuria Barrera

semana-santaNo es lo que vemos, lo que se nos muestra, que es la belleza, la extraordinaria hermosura, de una obra pictórica que anuncia la gran fiesta religiosa de la ciudad. No son las técnicas de las bellas artes que domina con absoluta normalidad y naturalidad, que también reluce en el fondo de la obra. No es la congruencia de un paisaje que nos muestra las magnificencias de la semana mayor sevillana, que lo plasma perfectamente con las virtudes y suficiencias para las que ha sido dotada. No es la diseminación de la claustrofobia de los colores que emergen a la luz y se posan en la paleta, que aletean por el lienzo dirigidos por el suave aleteo de sus manos y  que resuelve con el  magisterio que nos tiene acostumbrados. No es la composición de los temas en esa ventana que nos abre las entrañas a los entresijos de las emociones, que proyecta a los límites de la realidad y que maneja con la sapiencia y el conocimiento del don que le ha sido otorgado y que perfecciona con cada una de las pinceladas que plasma.

La principal virtud que se nos muestra no es las de las artes, que también lo son, sino el amor con la que ha sido concebida, es la grandeza de la recreación de la pasión que nace en lo más hondo de su ser, en la alegría y la satisfacción con la ha elaborado esta composición sublime sobre la Semana Santa de Sevilla.

Para quienes manejan, con la solvencia que ella lo hace, el difícil mundo de la pintura es fácil retener en el blancor de un lienzo figuras y objetos, reproducirlos hasta la más exasperante fidelidad. Lo difícil y extraordinario es saber plasmar las inquietudes del alma y que los que las visualicen sepan descubrirlas y perciban, en los lugares más recónditos del ser, el repelús de la emoción. Transmitir los sentimientos que fluyen por cada poro de su piel y vislumbrar cómo rebosan las calles de sensaciones nuevas que retienen memorias antiguas.

Eso que es lo que ha conseguido Nuria. Algo tan difícil como es reconocer, inmediato y de una solo ojeada, la semana santa de los que salimos a buscarla, a reencontrarnos con el mejor tiempo de la ciudad, ése que es tan efímero que se convierte en eternidad, que siempre muestran su lustrosa apariencia en los anaqueles de la memoria. Eso es lo que transmite esta hermosísima obra, la nostalgia de las horas que nos quedan por vivir, la secuencia de una emoción tras otra que se nos presenta en forma de aroma envuelto en el torbellino amorfo, en un velo de sahumerio que busca el hogar de Dios, cuando la madrugada es principio de mañana y las mantolinas, que prenden y cuelgan de las asas de una corneta nos señalan el camino  hacia donde habita y reside la que es portada de la Esperanza.

Estos son los límites del sentimiento, los trazos que resuelven el misterio, las luces que traspasan la visión, que taladran el alma y convocan al duende de la vida que se resume en siete días, la existencia más hermosa delimitada por el genio y la figura. Eso es lo que hemos visto, la transfiguración de los sentidos de una niña que pasaba, cada mañana, por la puerta de la basílica y soñaba con poder recoger un sueño, verterlo en la blancura de un lienzo y fomentar sus vivencias en la fe y en la devoción. Eso es lo que se nos ha mostrado. Una ilusión que trata de repeler la indiferencia, que asombra con el mensaje de la pasión que nos asalta y nos conmueve. Es andar frente a un palio sin poder apartar la vista. Es el asalto a la emoción con las notas de unas cornetas sorteando la espesura del ambiente, el tintinear de una vara cuando resuelve su idilio de amor chocando con la rotundidad de un adoquín o el balanceo místico y sobrecogedor de una naveta exhalando el vestigio del incienso o el roce de la seda y el oro del que pende la mayor de las Esperanzas.

Este cartel, esta exposición sentimental de Nuria, nos descubre y presenta la Semana de Sevilla, nuestra Semana Santa, la tradición y la ilusión asomándose a la luz del alma. Y eso es muy difícil de conseguir. Es la exquisitez de la pintura alabando nuestro espíritu y debemos darle gracias por gracias a Nuria por compartir sus sentimientos con nosotros y por hacernos partícipes de nuestros de sueños en su obra.

 

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