Siete chicotás para la Esperanza

siete chicotásPasaba, como pasan los siglos, como pasan las décadas, dejando la nostalgia del regusto por la excelencia de su presencia, conservando en el aire la sensación de la perpetuidad de la emoción por saberse tocado por la gracia del Señor. Pasaba, como lo hacen los ángeles en los sueños de los niños, diferenciando entre el bien y el mal, escanciando las sensaciones que se hilan en los oros del tabernáculo que La cobija. Pasaba dejando la madrugada dolida por tanta belleza, celosa de las miradas que recibía, de los sonidos que La proclamaban directamente como la Madre de Dios, del Hombre que caminaba esperando la proclamación de la gran Sentencia de amor que lo define, en la voz que lo comanda en su andar, como el primero de los macarenos.

Pasaba rasgando los velos de la noche, acercando la primera claridad a la ciudad, celebrando la mañana con la alegría de su porte, recobrando esa sonrisa que envuelve la eternidad, cuando se rompían los cielos resentidos con tan gran magnanimidad. Quiso acabar con la gracia, quiso cortar la verdad de sus ojos, quiso terminar con la gran celebración. Pasó deprisa, sin perder la majestad, sin dejar la serenidad que se contempla en su porte, en su saber. Nunca se descompone esta Moza que sabe tanto de querer, que sabe tanto de Esperanza. La Esperanza es la alegría del futuro, La Esperanza es saberse despertar, buscar en la vida un sendero de justicia, encontrar un cuerpo al que abrazar y en los límites de la existencia, el gozo de unos ojos que no dejan de brillar.

Pasaba la Virgen y nada quedaba atrás. Mientras subía la rampla, mientras se abrían las puertas de la casa donde se iba a cobijar, sonó la hermosa letanía que escuchara en las puertas de la casa de Zacarías e Isabel, y todo el interior del Salvador se estremeció cuando se acercó. Toda la grandeza escogida que retiene se conmovió. Toda la espiritualidad retenida se conformó con su presencia.

Sonaron los timbales, sonaron las cornetas, aletearon los clarinetes sus mejores sinfonías. Lloraron las viejas columnas cuando presintieron la marcha. Se alzó la catedral en la gran colegiata, se elevaron salmos que recuerdan la Pasión del Señor para despedir a la Madre, que antes escuchara saetas que se funden en el gregoriano popular, óles que dirigen pleitesías de admiración porque parece reencarnarse Manuel Torres en la Campana, admiración que converge con la gran religiosidad del silencio recién fracturado. Los mármoles se convirtieron en pentagramas donde se fueron inscribiendo las mejores notas, cada racheo una solfa, cada centímetro avanzado una resta al imposible.

Siete chicotás, siete. Y la Virgen que llega a casa, donde ya espera el Hijo ansioso por Verla, deseoso por vislumbrar la presencia que hace apagarse al sol. Siete chicotás que relegan cualquier atisbo de razón, que desatienden las leyes del espacio y la física. Siete chicotas que convierten la épica en algo sencillo, que transmuta la vida en una hora. Siete chicotás que dan aliento a la falta de oxigeno por la ansiedad, por el desmesurado amor hacia la Madre que tiene que resguardarse de los celos del amanecer. Siete fracturas al olvido, siete imposiciones en la memoria. Rutinas que se deshacen en la singularidad. Treinta y seis corazones dispuestos al refrendo del fervor, del sentimiento que les hace únicos.

Pasaba la Virgen señorial, con aires de emperatriz. Llegó tras cubrir de Esperanza el mejor cahiz de la tierra. Reposó el espíritu macareno con Dios y su Madre en casa.

Galería | Esta entrada fue publicada en HERMANDAD DE LA MACARENA, SEMANA SANTA. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s