La memoria de una Feria.

feriaabril No arreciaban las horas porque en aquel recinto el tiempo se diluía con la alegría, se destrozaba con la primera sonrisa de una mujer, que bailaba y movía el aire con la gracia de sus manos. No eran las tardes azules y luminosas, con recuerdos de olés de la Maestranza, que llegaban enjaretados en un hermoso coche de caballos, donde los sueños de un capote se dibujaban en los rostros de unos hombres, que habían visto cómo se paraba el mundo con un lance, en una chicuelina tan ajustada, que parecían fundirse, en un mismo cuerpo, el hombre y el toro.

No eran las miradas y los piropos, en nuestro tránsito por el Real, lo que alteraban nuestras emociones, ni siquiera los cantes desentonados de unas sevillanas corraleras en la puerta de la caseta, formado un corral de palmas y albero donde se mostraba la hermosura de las niñas que danzaban y traían toda la grandeza de la memoria festiva de la ciudad, en los revuelos de sus volantes, provocando una revolución de los sentidos, una vuelta a los ancestros, a las festividades tartésicas que ofrecían al dios sol sus más preciadas ofrendas. Eran los brillos de los ojos, que ansiaban un encontronazo con la mirada del joven, el oro puro que se impregnaba en las pañoletas, en los dólmenes del júbilo y quedaban escritas las leyendas de amoríos juveniles, que nunca llegaron a materializarse porque la juventud aún no había mancillado la hermosura de la timidez.

Era nuestra edad, los deseos por descubrir ese mundo idílico donde yace la felicidad, donde se asientan las penas y dejan el camino expedito a la jovialidad. Íbamos a la feria como salían los descubridores de las Indias, a forzar el encuentro con la fortuna, a sorprendernos con la riqueza de la palabra que entona con efusión, sin más pretensión que hurgar en las cavernas de la diversión.

Eran las fuerzas de la juventud que destrozaba los muros del cansancio, que elevaba ilusiones capaces de crear un paraíso con la sonrisa de aquella niña, que siempre era recuerdo de alegría y ahora recupera instantes de la nostalgia, esta precipitación de las horas que va marcando el reloj de la evocación. Noches que nos sorprendían y resucitaban las promesas del retorno, antes de la medianoche, como cenicientas que habían destronado las penas y que querían perder la sensación de felicidad que guardarían en los recovecos y arrugas de una almohada, en el baúl de los sueños y los primeros amores. Prisas en los pasos que retoman una senda del sosiego, un camino que descubre los primeros indicios del cansancio; ruta que se enfila antes de que las brumas de la madrugada echara los toldos en las casetas y profundizara en las intimidades y la familiaridad de la alegría.

Vivir con frescura, buscar la lozanía de una silueta que se enmarcaba en los contornos de los faralaes, que idealizaba la figura y la mostraba con signos de deidad femenina. Isis y Venus transmutadas desde los confines del Olimpo para entrañarse en el aire de Sevilla, aquellas diosas de la juventud y estas diosas de la madurez. Buscábamos el gozo y evitábamos la frigidez del aburrimiento, que desechábamos apenas los zapatos se cubrían con primera lámina de albero y dibujaba escenas que enseguida se proyectaban en la memoria. Tiempo que creíamos vencer y no nos dábamos cuenta de su cruenta victoria.

Hoy vuelven, como las rimas de Bécquer, los nidos de la nostalgia a prender en corazón. Hoy el sol retorna para laminar las calles del oro que asentará en los zapatos y unos jóvenes, lozanía y frescura rondando el Real, volverán a instaurar la victoria del tiempo y se sorprenderán, cuando los años muestren su contundencia y arrogancia, buscando en las profundidades de la memoria la felicidad, la efímera ventura de unos ojos que brillan, unas manos que moldean en el aire palabras de tu nombre y una figura estilizada que fue un pregón para la emoción.

No necesitábamos más que conformar nuestra ansia por la alegría y estar juntos. Lo demás no sobraba. Cosas de nuestra juventud. ¿Verdad?

Esta entrada fue publicada en SEVILLA. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s