Ha nacido un heredero

ha nacido un herederoHa tenido usted un heredero, le habrá comunicado la matrona a Guillermo, ese niño que vivió el drama de la orfandad de la madre, a la que también le dirían lo mismo. Un heredero. Lo que son las cosas. En ese mismo instante habrán nacido millones de niños en todo el mundo y cada uno de ellos ya está signado con una suerte. A éste le ha tocado la lotería. Si la cigüeña hubiera volado dos metros más o un kilómetro menos, tal vez el heredero hubiera servido a la tierra sembrando coles o conduciría un autobús escolar; y el vuelo despistado hubiera llegado a las áridas tierras africanas y hubiera visto su primera luz en el Chad o en las zonas más deprimidas de la India, tal vez hubiera sido portada de un periódico porque un reportero captó su imagen desnutrida, su aspecto famélico, muriéndose de hambre mientras las moscas lo pican y un buitre espera paciente a que caiga. Pero no. Este niño ha nacido en un buen hospital de Londres, rodeado de los mejores galenos y las técnicas paritorias más modernas.

Gente que ha dormido a la puerta del centro sanitario. Ciudadanos que han esperado, con paciencia y resignación, el conocimiento de la feliz noticia. Es bonito un alumbramiento, esta alegría de la vida manifestándose en sus ojos, aún sin poder reconocer cuánta belleza le rodea. Una multitud congregada a la puerta del hospital que ha vitoreado la noticia, vociferada por un relator, ataviado con las galas decimonónicas que rigen todavía el protocolo de la casa real británica. Salvas anunciando el feliz acontecimiento, honores en la puerta del palacio de Buckingham, y la muchedumbre dando vítores y exaltando alegrías por el nacimiento del heredero y sacando fotos de un trípode con un cartelito donde se anuncia, escuetamente y con escritura manual, el feliz alumbramiento. La casa real británica sigue siendo, para el pueblo inglés, un referente dogmático, un estamento que les profiere el mayor y mejor de los respetos. La figura del rey, en este caso de la reina Isabel II, es poco menos que intocable y fideliza la tradición monárquica de siglos. En todas las ciudades del reino se felicitan por la continuidad y el asentamiento de la monarquía. En las esquinas de los pueblos, esas bellas, frondosas y verdes villas que parecen extraídas de las novelas Charlotte Brontë o Jane Austen, se ondean banderas y se entona el Dios Salve a la Reina, con solemnidad y emoción. Es el sentido de la patria y la unidad que parece empezar a disolverse en otros lugares del mundo.

Aquí en España seguimos confundidos, extraviados en pensamientos independentistas, quemando banderas de la nación y silbando cuando se entona el himno. Esa es la diferencia, extraordinaria y mayestática, que aleja de la modernidad y el progreso a este país. Las viejas ideas de fragmentación del territorio nacional. Mientras que en el norte de Europa, no sólo no se revienta la unidad, sino que se favorece la unión –miren el ejemplo de Alemania- para poder salir adelante, para engrandecer a quienes viven, hablan, siente y padecen, en unos mismos límites territoriales, en nuestro país se fomenta la desunión, se acrecienta y beneficia el rencor entre los diferentes pueblos, intentando vendernos las diferencias entre sus ciudadanos.

No estoy yo por ésto de las desigualdades clasistas. Muy al contrario. A veces me cuesta mucho comprender porque el mero hecho de nacer en una familia u otra, en una región u otra, condiciona la vida de las personas. No logró todavía entender estas divergencias. Serán cosas de las malas voluntades de algunos hombres. Pero esas exclamaciones de alegría, esas manifestaciones festivas por el nacimiento del heredero a la corona inglesa, no es más que el refrendo a siglos de patriotismo, a cientos de años de avances. ¿Han dejado los ingleses atrás el progreso y el bienestar por adorar su bandera y entonar su himno con orgullo? ¿Han perdido sus señas de identidad los escoceses, los galeses o incluso los irlandeses del norte? Tienen hasta sus propias selecciones nacionales de fútbol y rugbi. ¿Le han sido sustraídas sus manifestaciones u opiniones? No. Siguen proyectándose y pronunciándose con absoluta libertad. Es más, que no le toquen los cojones, porque se apiñan y son capaces de derrotar a quienes osen faltar al honor de sus emblemas patrióticos, entre ellos, la Reina, por mucha ginebra que la mujer beba. Nadie es perfecto.

Aquí seguimos silbando al himno, ultrajando la bandera, quemando fotografías de reyes y pisoteando la dignidad de los contrarios. Todos contra todos no vaya a ser que la unidad nos haga mejores y más grandes. Aquí solo ondeamos banderas y gritamos el nombre de España cuando una selección gana un mundial o un piloto de coches se sube a un pódium. Seguimos avanzando hacia el precipicio y adentrándonos, cada vez más, en las profundidades del atraso. Una pena. Aquí nace un heredero y lo más relevante es que salga en la portada del Hola.

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