Primera novela

primera novelaTras unos días desaparecido de la red, de mi blog, vuelvo a tomar esta senda que serpentea en la opinión personal, en la disertación subjetiva, para que vamos a engañarnos con términos que lleven al engaño personal, y la visión coyuntural de los sucesos que nos rodean, de los sentimientos que nos asolan o de las manías que nos delimitan en los comportamientos y actitudes. Sigo escribiendo sobre las cosas de mi ciudad, sobre sus fiestas, sobre sus desgracias, que en los últimos tiempos se acumulan para desgracia de sus ciudadanos, sobre las alegrías, que parece ser que las hay, aunque algunos nos cueste encontrarlas. Y lo peor, es que pienso seguir escribiendo por más que les pese a algunos.

Uno no siempre es apto, a la vista de otros, gracias a Dios. Y así debe ser para seguir creciendo. No hay nada mejor, ni más oportuno, que la crítica constructiva. Singularizo en esta acepción porque cuando se pluraliza puede llegar a vulgarizarse y terminan convirtiéndose en algo menos que injurias y ofensas, tal vez producto de la ignorancia supina con la que algunos se pronuncian. Métodos que no alteran mi condición, ni van a perturbar la alegría que llevo dentro de mí y que especialmente en estos días se han acrecentado.

Dentro de muy poco voy a presentar mi primera novela. Es la primera obra que edito, la primera que verá la luz. Hay quienes no tienen esa suerte, quienes se esfuerzan y trabajan para conseguir lo que yo he tenido la suerte de lograr. La Providencia va señalándonos el camino, nos impone una hoja de ruta que, algunas veces, no llegamos a entender. Pero la seguimos y al final, tras la tormenta y el azote de los elementos, vemos brillar el sol. A mí se me presentó en la figura de dos mujeres, dos valientes mujeres, que promovieron una empresa de locos –maravillosos locos los que creen en lo que hacen-. Dejaron atrás la placidez de sus ocupaciones laborales, se echaron el mundo por montera y crearon una editorial. Ahí está la fe, personificadas en ellas, ahora que tanto se habla de fe, en sus vertientes teológicas, bien pudieran muchos asumir su significado observando sus figuras. Para mí el sol, al final del camino, tiene nombres. Rosa y Esperanza, que creyeron en mi proyecto literario, en mi forma de ver las historias que corren por mi interior desde que tengo uso de razón. Y he escrito sobre la Esperanza. Y no crean ustedes que es tarea fácil hacer lo se conoce demasiado bien. Muy al contrario.

Jirones de Azul –o sea Rosa y Esperanza y también Begoña- me abren las puertas a la edición, han tenido la osadía de creer en mí, en mi novela. Y lo han hecho en uno de los peores momentos de mi vida, en donde la oscuridad parecía atraparme, cuando todo lo que había construido, con gran esfuerzo y dedicación de muchos años, se venía abajo. Un cataclismo propio del tiempo en que vivimos, de esta vulgaridad política y social que nos tiene preso. Ellas, junto a mi familia, mi HERMANDAD, y cuatro o cinco amigos -¡qué difícil es mantener los verdaderos vínculos de la amistad cuando pierdes lo material!-, abrieron el cielo para mostrarme el sol.

Por ello no tengo más que palabras de agradecimiento para estas locas que tienen sus cosas muy claras, y no lo digo por la confianza que han depositado, sino por su actitud ante la vida y las emociones. No son estereotipos ni falso sentimentalismo es concretar la justicia en mis comportamientos, los que aprendí de niño, los sigo manteniendo a pesar de los reveses de la vida. Estos valores que me sacuden la conciencia cada día y que provocan controversias entre la razón y el corazón, un litigo que casi siempre termina en armisticio, y la razón se hace corazón y el corazón abraza a la razón.

Sin duda alguna, ser agradecidos es ser bien nacido, ¡verdad mamá! El horizonte comienza a aclarar, a vislumbrar un azul que tiene visos de nuevas esperanzas, un cielo que se despuebla de nubes. Rosa y Esperanza, también Begoña, han batido sus alas para abrir claros en la ilusión de mi vida. Escribir y publicar lo que escribo para intentar que otros puedan ilusionarse.

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Una respuesta a Primera novela

  1. ¿Y ahora qué te digo yo…?
    Que tenemos una gran suerte las tres de que hayas querido confiar en Jirones para que vea la luz una de las más hermosas novelas que han caido en nuestras manos. Que tu ilusión es la nuestra, y que tu cariño es la medicina que nos cura muchas heridas. Lo sabes.
    Este post se llama “Primera novela”. Yo quiero ver pronto uno que se llame “segunda…” y así sucesivamente.
    Un beso grande, como tú.

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