La libertad de los asesinos

libertad de asesinos Hace ya años que algunos nos venimos pronunciando contra la innatural proceder del cuerpo jurídico con quienes atentan contra la vida en este país. Es un hecho innegable que lo que ejecutan se atiene a la reglamentación vigente, es decir, aplican las condiciones que se les impone desde los códigos civiles y penales. Pero quien hace la ley hace la trampa.

En pleno proceso para la implantación de la democracia, tras casi cuatro décadas de autoritarismo y poder absoluto, muchos políticos de la época pensaron que la mejor solución para revocar los dictámenes dictatoriales era abrir las puertas a nuevas leyes que pudieran promover la instauración de una sociedad más respetuosa con el individuo, más cercana a la comunidad en el reparto de justicia y bienes sociales. La idealización desde la que se partió vino a resquebrajarse. Muchos de los indultados, presos políticos, enseguida recobraron el sentido de aquella oportunidad que se les presentaba y se reinsertaron en la sociedad que abría nuevas expectativas a la política dialogada, a confrontación dialéctica y a la libertad para poder decantarse por unas ideas sin ser vilipendiados con la injusticia de la represión. Era un proceso lógico si se quería resanar heridas y borrar viejas pugnas. Aquello era aplicación de la justicia más sensata, de la restitución de la verdad ante la incoherencia de la dictadura. Abrir las ventanas para que se airaran las estancias y la podredumbre se oxigenara hasta purificarse. Todo se concibió desde el consenso y fue preciso alterar los regímenes judiciales ejecutados hasta el momento. Pero la historia de la transición, sus motivos fundamentales y románticos, vinieron a sucumbir ante los intereses personales de unos cuantos que vieron, en la evolución jurídica, una oportunidad para seguir delinquiendo y, en el peor de los casos, asesinando por fingidos motivos separatistas, fines que nunca fueron asumidos por gran parte de la población a la que decían representar. Nos es una buena “opción” matar inocentes para asumir la condición representativa de nadie. Aunque la situación comenzaba a ser diferente, con la libertad ondeando en el aire de la sociedad y la recuperación de los valores democráticos, con la celebración de elecciones donde los partidos políticos podían acceder al poder con la confianza delegada por la mayoría de los ciudadanos, que ejercitaban su derecho libre y consecuente al voto, algunos se obstinaban en seguir asesinando, en seguir expandiendo el imperio del terror y llenando de sangre y dolor la vida de muchísimas familias.

La banda terrorista ETA seguía canalizando su diálogo con la metralla y la goma dos. No cesaron en su actividad violenta y continuaron matando impunemente. El atentado perpetrado en Hipercor de Barcelona, que causó veintiún muertos, es el más sangriento de la historia de la banda terrorista, o las también recordadas por su especial saña, como el de la casa cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza, once muertos, cinco niños entre ellos, la casa cuartel de Vic, nueve muertos en 1991, cuatro niños, o la plaza de la República Dominicana en Madrid doce guardias civiles muertos en 1986. Éstos son sólo una representación de un largo goteo de acciones que se han cobrado 829 muertos, sin recordar los miles de heridos y damnificados.

Pues bien. Los artífices de estas hazañas serán liberados, muy pronto. Condenas de más de mil años, en algunos casos, han sido reducidas por la aplicación de unas leyes que abochornarían en cualquier otro país, con una tradición democrática mucho mayor que la nuestra. Saldrán a la calle sin ni siquiera reconocer sus delitos, sin haber pedido perdón por sus asesinatos, celosos de cualquier motivación moral podrán vivir, literalmente, junto a los familiares de sus asesinados, cruzarse con ellos y hasta alzar la vista orgullosos por haber causado tanta desdicha. Individuos que no reconocen más lealtad y libertad que las procuran con pistolas y bombas tendrán la misma consideración social que el vendedor de frutas y el quiosquero de la esquina. Éso sí, no tendrán siquiera que madrugar para ganarse el pan con el sudor de la frente porque incluso vivirán de las aportaciones que los ciudadanos españoles hagamos a las arcas comunes, ya que tendrán sus pensiones y sus ayudas del entorno nacionalista que les auspicia. Asesinos en la calle riéndose de la sociedad a la que castigaron y que solo podrán rezar a sus muertos o visitar un camposanto donde una lápida recoge, con el mayor dolor, que fueron privados del cariño y los besos por la opción más sanguinaria de unos animales, perdón porque los animales no matan por saña, de unos indeseables.

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