Maestro *

Pepe GálvezLleva impreso en su ser el marchamo que hace distinción de su origen. Él mismo presume de ello allá donde pone sus pies. Empiezo a creer que no tiene mayor gloria, ni mejor satisfacción, que la de presumir, con orgullo y alegría, que su patria se asienta en los límites de la Macarena, que el extranjero empieza en la frontera que marca la calle Feria, el mercado que tanto de sus alegrías y su sinceridad. Es su territorio que solo abandona cuando las tareas profesionales le llevan al lejano horizonte de Gerena. Presume de esta tierra que tanto sabe de sufrimientos, de incomprensiones y hasta de escarnios porque no tuvieron la opción de la defensa cuando todo se pierde y la injusticia se imprime en los surcos de la tierra labrada con tinta roja. Le atormentan las injusticias a este amigo. Se sublevan sus sentidos cuando se ven alterados los ritmos de las desigualdades. Es una fuerza superior que iza su alma para defender sus orígenes y sus pensamientos. Tiene la clarividencia de las personas que saben donde tienen que dirigir sus pasos, donde aposentar su ideario que compatibiliza con la hermosura que nace su fe. Lleva siempre un brillo en los ojos proclamando esa alegría de saber que la coherencia de su oratoria no tiene nada que ver con la mentira. Es honrado consigo mismo lo que ya le define. Su bondad en el trato, en la relación con sus semejantes, marca una diferencia que solo se subsana cuando sonríe. A las buenas personas se las distingue por la sonrisa y por la reciprocidad con las que se las devuelven. Nos conocemos hace muchísimos años. El Cristo de la Sentencia nos ungió en la amistad. Compartimos muchas horas y muy buenos momentos. Algunos también con cierto dramatismo. Él me entiende. La madrugada del Viernes Santo nos barema en esfuerzos y riesgos de los que siempre salíamos airosos, no por nuestra condición sino porque fuimos investidos con la dicha que nos procura este sentir de la gente de la Macarena. Durante dos decenas de años sabíamos, junto a otros, que estábamos proclamando la alegría que tiene su fundamento y su inicio en la transgresión del tiempo, en la herencia que nos sostiene el alma y que se funde con la enunciación del mensaje mejor: el de la Esperanza. El paso inexcusable de los años, que nos va poniendo en los estadios que nos fueron ya asignados, nos posicionaron en lugares de preferencia en la Hermandad. A él lo distinguió el Señor para que formar parte de las huestes que van desperdigando todo el saber, la gloria y el amor que se confieren en el Bendito Sentenciado. Yo no tuve esa gran suerte -¡qué suerte!- y a mí deparó responsabilidades en la Junta de Gobierno. Él goza más que yo, ¿verdad Pepe? Lleva a gala este sentimiento macareno allá donde sus pies marcan senderos. Y lo transmite. Pepe Gálvez tiene otra gran suerte. Es profesor. O mejor dicho, los alumnos de Gerena tienen la suerte de tener como profesor a este gran hombre. Quienes se están formando a su sombra serán personas de orden, coherentes y responsables, seguro que solidarias y comprometidas con este mundo donde aún priman demasiadas desigualdades. No es una opinión baladí ni caprichosa esta consideración que hago. Es que lo refuté hace unos días cuando, medio pueblo acudió a la Basílica para ganar las indulgencias plenarias que obtienen quienes peregrinan al templo macareno en este Año Jubilar que celebramos, cuando muchos se acercaban a él y le agradecían sus esfuerzos y sus gestiones para esta especial ocasión. Y reconocían sus esfuerzos de la mejor manera. Le llamaban maestro, que es la mejor y más hermosa forma de denominar a quienes enseñan conocimientos. Pero creo que este término tiene una bella acepción, una más profunda y señera. Es la manera de reconocer la entrega y la dedicación con la que Pepe Gálvez enseña a los niños a ser mejor personas, a ser ciudadanos con respeto y consideración. Que le llamen a uno maestro, en vez de profesor o son José, es el mejor homenaje que se le puede tributar a quienes se dedican a la docencia y la mejor muestra de cariño por empaparse de la sabiduría que transmite. Algunos todavía no lo saben. Pero lo sabrán. Este armao de la Macarena, al que le gustan los toros, la poesía, la justicia y la equidad,  tiene su premio en la memoria de quienes ahora mismo se embadurnan con sus conocimientos. Este armao de la Macarena, que antes fue costalero y nazareno del Cristo de la Sentencia, tiene el mejor galardón afincado ya en su corazón. Las sonrisas de los gerenenses cuando reclaman su atención llamándole maestro.

* A Pepe Gálvez, maestro en muchas cosas y en sentimientos.

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