La decisión suiza

portada-de-la-revista-timeSería conveniente que fueran esclareciéndose todas las miserias que vienen minando la sociedad española. Hemos pasado de la más absoluta represión al servilismo del libertinaje. No podemos seguir consintiendo esta leyenda que se está expandiendo allende nuestras fronteras donde se comienza a especular con la confirmación del “aquí todo vale”. Esta situación de pérdida valores, de retroceso en los derechos conseguidos, nos tiene que llevar a una reflexión sincera sobre la legitimidad de la democracia como bien y no como la situación de privilegio para unos pocos sobre la inmensa mayoría de ciudadanos, consecuencia del desbarajuste económico, social y hasta religioso.

Esta descomposición de la moralidad y el uso de la razón para implantación de una sociedad que beneficia a un sector muy distinguido de la comunidad se están adueñando de la cotidianidad. Que la infanta Cristina esté presuntamente involucrada en temas de blanqueo y de fraude fiscal es un signo de desintegración del sistema. Que la Casa Real, que debiera significarse y dar ejemplo, ser punto de referencia para desamortizar las actuaciones delictivas económicas, que tantísimo daño están haciendo a este país, se vea salpicada da una clara idea de cómo andamos. El principal baluarte de la nación sentado en el banquillo de los acusados podría considerarse como un hecho de igualdad de todos los ciudadanos, y debemos congratularnos por ello, pero debe ser calificado como un signo de la necesidad imperiosa de cambiar las cosas. No estoy diciendo del derrocamiento de la monarquía y establecer otro régimen de gobierno. Basta con ir metiendo en vereda a los sinvergüenzas y ladrones, a gran escala, se apelliden Borbón o Rodríguez, que no tienen escrúpulos en adueñarse del bien de todos, o de lo que todos aportamos para la realización y concreción de obras que redunden en el bien común y no en le bien particular de ellos. Sostener a la monarquía no debe costar más que mantener a un presidente de una república, siempre que se hagan las cosas como deben hacerse. Ejemplos hay en Europa para tomar como modelos. Estoy diciendo que habría que recuperar el sentimiento de nacionalidad y patria, éste no es un término exclusivo para un sector de la sociedad, en el que todos los ciudadanos puedan concurrir con los mismos derechos y obligaciones al bienestar, repartir los bienes que se produzcan, como consecuencia del esfuerzo de todos.

Suiza ha decido, tras la convocatoria de un referéndum, limitar la entrada de ciudadanos de países de la Unión Europea su mercado laboral, a través del establecimiento de cuotas anuales que deberán aplicarse de aquí a tres años. No estoy muy de acuerdo con esta decisión. Pero la soberanía popular, la concreción del sufragio universal en la que son verdaderos especialistas, así lo ha determinado tras la propuesta realizada por la Unión Democrática de Centro. Llama mucho la atención que un país, donde no hay ni se permiten escándalos financieros, al fin y al cabo viven de la administración de la mayores fortunas del mundo, también restablece el principio de la preferencia por el trabajador nacional frente al extranjero, que se encontraba abolida para todos los trabajadores procedentes de alguno de los países de la Unión Europea. En pocas palabras. Prefieren que sus ciudadanos realicen el trabajo que se genera en su país. Esta debe ser la lectura. Pero hay algo que subyace, y debe preocuparnos a todos, en todo esto. Me comentaba un amigo que reside y trabaja, de momento en el país helvético, que hay una sensación de dolor en la sociedad suiza. Sus amigos en Ginebra le comentan con demasiada asiduidad que no están dispuesto a que sus fondos de colaboración en la Unión Europea, se destinen a una supuesta incrementación del bienestar, de otras sociedades, y sus aportaciones económicas terminen en el bolsillo de unos desaprensivos mientras quienes debieran disfrutar de los beneficios de estas inyecciones económicas, sobreviven en la frontera de la miseria. Vamos que están hartos de ver cómo trincan, cómo roban, y ni siquiera son penalizados.

Me pregunto si no extraditarán a la Infanta Cristina y a su marido cuando se concrete la sentencia. Al fin y al cabo son extranjeros, sin oficio ni beneficio. Sobre todo, y muy especialmente, Urdangarín.

 

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