Tiempo de Cuaresma. La Piedad y el silencio

MORTAJAAvanzaba la tarde y los presagios de la ventura, de la dicha de los días anteriores, comenzaba a tornarse en decadente tristeza, en un desasosiego que ascendía, como el amargor de la hiel, desde el estómago para estacionarse en el centro neurálgico de las emociones, hilvanado ya con el cansancio acumulado con el trajín que había comenzado, como una aventura sin tiempo ni medida, con la alegría  de recién conseguida felicidad en la mañana del domingo de Ramos.

            Apostados en la orilla de la calle veían pasar las filas de penitentes, con sus capas acariciadas por la brisa, recreando sinuosas figuras, amorfas siluetas, descubriendo el espacio donde la luz de un cirio venía a convertirse en la señal para guiar el paso al que antecedían; esas sacras togas alisando la triste oscuridad que habían instaurado en aquella vía dolorosa sevillana, retirando la luz artificial de las farolas enclaustradas en las fachadas, para que adquiriera el dramatismo pasional del día más doloroso del año, como aquel otro de casi dos mil año antes, en el que las tinieblas enlutaron el día.

            Habían sido avisados por un lacónico clamor, medido y pausado, tañer metódico que anunciaba el duelo, el dolor de la pérdida. Aquella visión extraída de la noche de los tiempos fascinó al grupo de jóvenes. Avistaron en el primer recodo el serpenteo airoso de los dieciocho ciriales que voceaban la muerte y el primer traslado del cuerpo inerte del Hombre Dios.

            Apenas recién descendido, acunado en la falda de la Madre, comienza el duelo. No hay tiempo. La vida se escapa por su rostro, las lágrimas se confunden con el resplandor de sus facciones. La egregia efigie donde se consuma todo el dolor, toda la muerte sobrevenida de un patíbulo, acaba de aposentarse el regazo de la Virgen. Está lejos todavía, la precesión sigue avanzando por la estrechez. Los fantasmas se materializan en las sombras que se proyectan sobre las viejas paredes encaladas de la casona. Apenas hay ojos para otra cosa. Transita muy lentamente, de vez en cuando se para. No quieren alterar el sueño que se adivina en las plantas. No hay voces, ni aclamaciones, sólo dolor. La Piedad se ha instituido en un compás de alto ciprés donde la luna se ha colado de improviso, donde el lacrimal de su plata implanta en el Cristo descendido la tonalidad lívida, la palidez de la muerte, creyéndose vencedora por unas horas.

            Danzan, en los arriates, en los parterres que se adosan al albor de los muros del convento de la Paz, unos claveles, presagio de la gloria que sus campanas anunciarán, esas mismas que a hora tañen toda la pesadumbre de la muerte y que no pasan desapercibidos a aquellos ojos asombrados por la visión que se les muestra.

            Los últimos nazarenos se muestran altivos, arrogantes, en un rictus penitencial que demuestra la verdad de los sentimientos que se enfundan tras el hábito morado y la capa negra. No suena pero lo escuchan.  Hay una música que deambula en los forjados de la nave central, hay una luz que parpadea, que distorsiona las figuras. Fuera quedó la voz rota de una mujer, rezo que se colaba trémula por los arcos de acceso. Crujieron los goznes de la puerta, un lamento que hirió a los que en el patio seguían en el duelo. La noche tejió su manto y fue cayendo sobre el cuerpo de Dios, hasta cubrirlo, hasta envolverlo y ungirlo con el dulzor de una plegaria aromatizada por la fragancia de una dama de noche que floreció en aquel instante. Era viernes Santo. La hermandad daba responso, amortajaba al Señor y descubría, a los atónitos testigos del prodigioso hecho, que la vida comenzaba en aquel compás del antiguo convento de la Paz.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s