La Fábrica de Artillería, otra vez

fabrica-artilleria-sevilla--644x362   Estas cosas son suceden en nuestro país. Y concretamente en nuestra ciudad, un lugar donde habita el olvido, que lástima que esta pesadumbre ya fuera descrito por Luis Cernuda. Hay países en este mundo que no tienen más historia que el barrio del Porvenir, que el Cerro del Águila o, apurando mucho, Nervión. Pero han sabido hacer valer su carácter y convertir su memoria en historia. Finlandia, que tiene una truculenta historia en vaivenes, en adhesiones al reino sueco o al imperialismo zarista, conserva su patrimonio cultural e histórico como su mejor y más preciado tesoro. Saben que este valor tiene que ser transmitido a quienes les precedan, a quienes tomen su testigo. Su apego conservacionista no vendrá delimitado por acciones consumistas ni por interese financieros. Reconocen su cultura y la preservan. Su viejos edificios, si es que los hay, son salvaguardados de los movimientos especulativos. Sus fiordos, son referente natural y no dejan que se expolio este bien de la naturaleza por mucho dinero que ofrezcan las principales fuerzas financieras mundiales. Si acaso, en un alarde valentía o necesidad, las construcciones se injertan en el paisaje, y no al contrario. Las casas de sus principales héroes, las residencias de sus mejores escritores y poetas, de sus artistas y pintores, de sus excelentes músicos se conservan como legado cultural, como ejemplos de la formación integral del hombre, intentando recomponer sus estructuras, restaurando lo que debe ser recompuesto. Los edificios con otras referentes tendencias arquitectónicas son ubicados en los lugares en los que no se atente al panorama visual, donde el paisaje y el conjunto edificado guarden una línea conceptual y, como ya he dicho, no sirva para fracturar la hermosura del panorama paisajístico. Enseguida iban a tolerar un desastre como el del Algarrobico. Pues cuando Finlandia, escarbando mucho en la sima de los tiempos, comienza a tener memoria histórica como nación, en esta Sevilla nuestra ya habían pasado los Tartessos, los fenicios, los griegos, los romanos, los visigodos, los árabes –los moros de toda la vida- y los castellanos. Siglos y siglos de culturas mezclándose hasta conformar el carácter de nuestro pueblo. El mejor, que no digo yo nunca lo contrario. Pero claro. Al hacer referencia de esta amalgama siempre se me viene a la memoria el bueno de Paco Gandía, que en la película “Se nos acabó el petróleo”, respondía a su hijo cinematográfico, en aquellas calendas de crisis petrolíferas, al preguntarle aquel por qué moros tienen tanto petróleo y nosotros tanto vino, contestaba el malogrado y genial humorista, con resignada calma, porque Dios, a nosotros, nos dio a escoger primero. ¡Se puede describir, y resumir, de manera más sublime la forja de los listos que gobiernan nuestros pueblos, nuestras ciudades, nuestro país! Aquí lo que prima es el bien particular, aquella proclama de Quevedo, ande yo caliente…

Pues nada. Otra vez lo mismo. Edificio con suficiente historia como para retener la de Finlandia, que es sólo un muy buen ejemplo de cómo debe regirse un pueblo, los propios Estados Unidos o Canadá, por poner claras referencias, que se viene abajo ante la despreocupación y el desinterés de las distintas administraciones que tutelan un mismo espacio.

El edificio de la fábrica de Artillería, la primera de orden mundial, que ancla su historia a finales del siglo XVI. Su fundación se ha fijado en el año 1565. Se sabe que existía un primitivo taller en 1525 y que Juan Morel fabricó cañones desde Sevilla antes de esa fecha, en esta misma ubicación de San Bernardo, que este barrio también tiene su degradación y desarraigo. Pues ya verán como el histórico edificio se caerá a pedazos. Los unos por los otros y la casa sin barrer. Y no desvalijado porque ya lo está siendo. Se han perdido las gloriosas balas de cañón, con su mechas flamígeras, que adornaban los pilares del cerramiento metálico que la circunvala, cuyas rejas, por otra parte, ya han sido “tanteadas” por esos traperos exógenos, qué más quisieran ellos poder pertenecer a tan glorioso gremio, que pululan por las calles arrastrando carritos cargados de todo tipo de metales, utensilios y otros deshechos. Un lugar de referencia de la industria que ya no existe, del arte y la gloria artillera que tuvo referencia en este lugar donde se fundieron los leones que vigilan las Cortes, en Madrid, que también podrían cobrar vida y comerse alguno de los que pululan por allí. sus naves se encuentran a merced del abandono, de las condiciones atmosféricas y del pillaje.

Hace muchos años, un amigo castellano hacía referencia a la compra de pequeñas ermitas, claustros conventuales y edificios, por mecenas americanos o potentado griegos, que se los llevaban piedra a piedra y los recomponían en sus países de orígenes. Nos llevábamos las manos a la cabeza. Hoy pienso si esa no ha sido su salvación. Que se planteen nuestros políticos esta opción. Al menos se mantendrán en pie y los conservarán como merecen. Y siendo malo, hasta lo dotarán con alguna utilidad administrativa o cultural.

¡Qué pena! Con las de posibilidades que tiene este edificio y lo estamos dejando caerse, ubicándolo en el paraje donde había el olvido.

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