Buscadla en la Costanilla*

VIRGEN DE LA SALUD Llega con la alegría con la que aparecen los vencejos en la primavera, flirteando con el aire, acariciando la brisa que conmueve y aleja el rigor de los primeros calores, sorteando las cornisas que embellecen las fachadas. Aflora el sendero por el que discurre el menudeo de sus pasos, con el sol de la media tarde ninguneando a las oscuridades, acercando su figura a los aleros de los balcones donde reposa acodada la memoria de quien la lleva viendo toda su vida desde que la razón le instituyó para saludarla con los versos de una oración, para solicitar su intermediación ante el Hijo que mira al cielo porque reconoce en él su morada.

Viene alertando las horas que fenecen al son de la magnanimidad de su paso recorriendo las calles, que tanto se alegran porque transite por ellas, desde que el tiempo muere en la Costanilla y cae rendido a sus plantas, para perpetuarse en los ojos que reconocen la Verdad de la vida que sostiene entre sus manos. Esos mismos ojos son los que La vieron hace siglos enseñoreando el barrio, marcando la realeza de la collación que se nuclea entorno a la parroquia de San Isidoro, los muros ancestrales que retienen toda la memoria de quienes la aman y ponen su amor al servicio de esta Bienaventurada Madre. Los mismos ojos que resaltarán, en los siglos venideros, la belleza diáfana de la plaza del Salvador asaeteada por las ráfagas de plata que La envuelven, para mostrarla, como la Reina y Señora del barrio.

Aparece revolviendo los corazones, con la galanura que se encuentra en su bendito semblante, en la hermosura del manto que viene henchido por las puntadas que atravesaron el terciopelo con ajugas enhebradas del oro de amor que se ofrece a quien todo lo merece, a quien todo se debe, a quien nos enseña la mejor obediencia desde el primer instante de la anunciación.

Comparece restableciendo el sentido de la existencia, envuelta en la hermosura de unas notas musicales que embargan el aire y la emoción hasta convertirla en instinto de devoción, con el cortejo serpenteando por las estrecheces que confluyen, siempre, en el centro de esta conmoción que enaltece los sentidos, que nos inspiran y nos acercan al Dios que está con nosotros, al Dios que nos instruye en la caridad y en la esperanza, al Dios que se presenta ungido en la certera mirada de la Madre, en la mirada que concentra todo el bien con el que Ella fue preservada.

Es su aparición, su presentación ante el alma, la que nos remueve la conciencia, la pone valor verdadero, la que antepone el amor a las miserias que consumen al hombre. Llega ampliando nuestro mundo, en ofrenda delicada que nos hace llegar para adentrar en la felicidad de la sinrazón, para desahuciarnos de las banalidades que nos someten, de frivolidades que nos convierten en seres esclavizados en la mediocridad.

Porque Ella es la fuente de la Salud en la que bebemos. Ella es el reflejo de la bondad que nos aleja de la enfermedad. Ella es la lozanía que revitaliza nuestro corazón acercándonos al mensaje del Hijo. No hay que obstinarse en la búsqueda porque se nos ofrece desde el amor que reside en San Isidoro, donde se rinde la amorosa pleitesía a la Madre del hombre.

Ayer, como hace siglos, se detuvo el tiempo en la Costanilla. Volvieron las miradas a transitar el aire, asurcar el espacio que es preso por Ella. Retornó la eternidad de lo clásico para conmovernos, para mostrarnos esta pequeñez, esta insignificancia del género humano, porque ante Ella todo se empequeñece. Se retorcieron las horas y se espació la tarde en el esplendor de la Virgen, a la que siempre acudimos, porque nunca falla, cuando más la necesitamos, cuando más precisamos del mejor bien. A Ella llegamos para solicitar el preciado don que nos hace indemnes a la enfermedad. Buscadla siempre que preciséis de su auxilio. Buscadla donde el Niño mira porque reconoce su casa. Alzad la vista y cruzad la mirada con Ellos y retened el hálito que os hará felices.

Ayer recuperé parte de mi juventud y reviví lo mejor de mi memoria Ayer, en la Costanilla, viendo a la Virgen de la Salud.

 

* A Eduardo Carrera.

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Una respuesta a Buscadla en la Costanilla*

  1. Manolo Vélez dijo:

    Maravilloso…

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