Un roto en el corazón

Un hueco en el corazónTodo tipo de conservación artística ha costado mucho esfuerzo y mucho trabajo en esta ciudad. Conservar no ha sido nunca una premisa para las diferentes corporaciones que ha regido esta Sevilla nuestra que se nos va siempre de la mano. ¡Y mira que es buena y bonita! Pues nada, a maltratarla que no se queja casi nunca. ¡Ay, si las piedras hablaran! Aquí se han demolido edificios principales, calles para ensancharlas con el mayor de los despropósitos, barrios enteros de caserío popular defenestrados por las propias autoridades y por esa piqueta que tanto daño ha hecho a la memoria y a los sentimientos de los sevillanos. Gran parte de San Julián desamortizada por una troupe de modernos catetos para derribar sus casas y reconstruir esperpénticos edificios para mejora de las condiciones sociales e higiénicas. Como si no hubiera sido posible la reconstrucción y rehabilitación de estas viviendas y dotarlas de las precisas condiciones de habitabilidad y salubridad. Una hornada de reformadores trasnochados que robaron el espíritu de gran parte de esta ciudad entendiendo, siempre desde el entendimiento especulativo y racional del reparto de beneficios, que nos introducían en el siglo XX.

Claro estas tendencias no son actuales, sino que vienen implícitas con aquel sofisma vanguardista que explotaron ya en el siglo XIX con el derribo de gran parte de las murallas que rodeaban la ciudad, que la dividían en intramuros y extramuros. Siglos de expansión y convivencia para caer en desgracia por las ideas “audaces” de unos pocos visionarios que no entendían el desarrollo y desahogo de la villa más que destruyendo, demoliendo la historia y las vivencias que guardaban esas paredes, las calles y los barrios, transformando lo natural y sobrecogedor en un esperpento de desorden urbanístico que dura hasta estos nuestros días.

Gracias a Dios, alguien puso pie en pared, en el último tercio del siglo XIX, y evitó la devastación de la ciudad y la demolición completa de las murallas, terciando para que siguieran en pie los lienzos que van desde la que fuera puerta de Córdoba hasta la de la Macarena, que pronto, muy pronto, el sentimiento popular vino a denominar como Arco de la Macarena, estableciendo vínculos entre quienes erigieron la gloriosa entrada y el barrio que la rodea. La gente la hizo suya. Tan suya que la transformaron en arco de triunfo para que transite la Madre de Dios, cada madrugada y mañana de viernes santo, para que extienda la virtud de la Esperanza entre quienes tanto la necesitan.

Esta proclamación de amor, fe y devoción popular tuvo muchos refrendos a lo largo de la historia. Tantos como corazones la traspasaban diariamente camino de las huertas, del viejo hospital, del cementerio, o en dirección contraria, a los mercados o los negocios que se establecieron intramuros, muchos de ellos tabernas, que de todo tiene que haber en la viña del Señor. Esta vinculación sentimental provocó declaraciones de amor, si declaraciones de amor, entre los macarenos y esta puerta que abre sus hojas al cielo. En su cúpula han quedado presas millones de oraciones, peticiones, súplicas y agradecimientos. Voces entrecortadas que resuenan con el tintineo de la plata y las caricias al aire de unas bambalinas que son aire portadoras de suspiros. Y se instalaron sendas lápidas con recuerdos de reyes que pasaron bajo su bóveda en loor de multitud y de otros que ponían pies en polvorosa. Recuerdos inscritos en mármol que fueron engrandeciendo su historia, acrecentando y fijando en todos su memoria, las imágenes que concitaron tanto esplendor y excelencia.

Para perpetuar la memoria de esta historia de amor se colocó un retablo cerámico en frontal superior de la puerta, con la Virgen de la Esperanza. A sus pies una leyenda: “Esperanza Nuestra, Ella es tabernáculo de Dios y puerta del cielo”. Pero también quiso dejar constancia en una placa que tiene una de los más bellos pregones dedicado a la Virgen, en que se hace referencia a la fecha en la que tomó posesión de esta arco: “El domingo 27 de mayo del año de gracia de 1923, fiesta de la Trinidad Santísima, tomó posesión solemne del Arco de la Macarena, La que es Hija de Eterno Padre, Madre del Verbo Divino, Esposa Inmaculada del Espíritu Santo, Amor de los Amores de Sevilla y Esperanza única de los mortales”.

Todo esto ha podido terminar en tragedia. Hace unas semanas, a uno de los retablos cerámicos que escoltaban al imponente de la Virgen, se le desprendieron unas piezas, con el consiguiente peligro para viandantes y la posibilidad de perder este conjunto. La intervención municipal ha sido, en esta ocasión y rompiendo la tradición tan sevillana de obviar su patrimonio artísitico, muy oportuna y comprobó el estado del retablo principal, cerciorándose la movilidad de algunas de sus piezas, y ante el consiguiente peligro, estimo oportuno su desmontaje para la restauración y reposición de este bello y artístico conjunto cerámico

Solo esperar y rogar para que no se eternice su reposición y que la Virgen pueda seguir bendiciendo, desde esta privilegiada atalaya, a cuantos se acerquen al barrio de la Macarena para enfrentarse a quién, certera y precisamente, Esperanza única de los mortales.

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en HERMANDAD DE LA MACARENA, SEVILLA. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s