En la feria del libro de Madrid

IMG-20140615-WA0013Durante unos días he podido vivir la grandeza de la fiesta del libro en Madrid. Y he puesto fiesta en vez de feria porque lo que se vive en el parque del
Retiro no tiene nada que ver con la solemnidad ni con el protocolo de un evento de características similares en otros lugares, y sí mucho con a la alegría de la cultura, con las manifestación de algarabía literaria que recorre el recinto desde que se abre, a primera hora de la mañana, hasta que los stand echan la persiana en las primeras horas de la noche.

Las calles son abarrotadas por millares de personas que no dejan de mirar a los anaqueles con los libros, con las novedades literarias compartiendo espacio con los grandes clásicos. Personas que observan y se detienen leyendo las reseñas, repasando las páginas para encontrar una atracción que les lleve a la adquisición del libro, cotejando el espacio donde un autor firma ejemplares de su obra.

Si alguien me llega a decir, hace muy pocos años, que este humilde escritor, que les atiborra casi diariamente con sus artículos, desde este blog personal, que iba a compartir espacios muy cercanos, firmar ejemplares de mi novela, con gente como Rosas Montero, Almudena Grandes, Vil-Matas, no me lo hubiera creído y les hubiera añadido esta prosopopeya tan sevillana de “¡¡tequiei ya!!”, con su doble signo de admiración incluido.

Si alguien me llega a decir, hace muy poco tiempo, que mi nombre iba a ser pregonado por la magnífica megafonía que la organización tenía instalada en la Feria del Libro, precediendo autores de reconocido prestigio como  Juan José Millás, Javier Marías, Soledad Puértolas, Benjamín Prada o Jesús Ferrero, le volvería a repetir “¡¡tequiei ya!!”, y seguiría tomándome la cerveza.

Pero no ha sido así y he estado presente en esta fiesta. En el stand de Jirones de Azul, mi editorial, donde he participado firmando ejemplares de mi novela “El secreto de la Esperanza”. Durante dos días he formado parte de esta galaxia cultural del libro y podido comprobar cómo la gente sigue queriendo leer, sigue interesándose por este mundo de sensaciones, ilusiones y fantasías que pretendemos recrear con nuestras novelas, ensayos o poesías.

He sido cómplice de la curiosidad y el interés de personas asomándose a las ventanas de la cultura, introduciéndose en ese mundo que las editoriales y libreros abren para gritar que la cultura en uno de los principales y mejores bienes patrimoniales del hombre, que le engrandece y le hace ser mejor, que le posibilita convertirse en principal personaje sin tener que moverse del salón de su casa.

Ha sido una tremenda suerte poder pasar estos días en la urbe efímera de la Feria del Libro de Madrid junto Rosa y Esperanza, mis editoras, a Antonio, editor de Signatura, y con mi queridísimo amigo –hermano- Eduardo Carrera, por los momentos compartidos, por esas “maldades” que nos han hecho reír tanto lejos de nuestra añorada Sevilla, en  torno a un café o una cerveza, en los poquísimos momentos de asueto que nos permitían nuestras obligaciones, y por haber podido conocer, ¡qué sorpresa más agradable y hermosa!, y gracias a la gran amistad que les une a Eduardo, al barítono uruguayo Carlos Carzoglio, a su esposa Natalia Grignoli, con un rosario de la Virgen de la Esperanza al cuello, tan ocurrente como gracil en sus anécdotas, y a su Madre Raquel, a la que conocí, unas horas antes, durante la presentación de mi novela, en la capital de España. Muy buena gente, como diríamos en esta Sevilla nuestra, con las que pasamos una velada tan fraternal que difícilmente podremos desligar de la memoria. Que por cierto, queridos amigos, estoy dándole vueltas a la anécdota de la “foto”, ¿ustedes me entienden verdad?, para un relato. ¡Qué bien lo pasamos! Efectos colaterales de la Fería.

Una experiencia inolvidable. Ser parte, minúsculo átomo en este universo de las letras, y verificar que la alegría tiene muchos caminos para llegar al mismo fin. Un experiencia sencillamente conmovedora para la formación de este autor que no aspira a más que ser leído, emocionar con sus historias, ser valorado por cuanto escribe y contar con el cariño, el aprecio y la amistad de quienes sinceramente le rodean. Que curiosamente suelen ser pocos pero grandes personas.

No me canso de seguir soñando, de seguir todavía en esta nube. ¡He estado en la Feria del Libro de Madrid como autor, firmando libros, que creo que no ha estado mal, y compartiendo espacios muy cercanos con mis escritores favoritos! Mi única pena, no haber coincidido en día y hora con Antonio Muñoz Molina. ¡Otra vez será!

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