Verdad o mentira

pablo iglesias En este país seguimos siendo tan catetos y atrasados como lo fueron nuestros bisabuelos. O lo que es peor, hemos involucionado con referencia a ellos, a las ideas que preconizaban un mundo mejor, más igualado en las clases y más justo. Las grandes revoluciones se produjeron en aquellos años en los que las luchas eran fratricidas y los asuntos de honor se dirimían, al amanecer, en un prado a pistola o sable. No estoy por esta labor, ni alentando a la recuperación de duelos por cuestiones de amores imposibles o acervadas discusiones políticas que terminaban en la ruptura dialéctica acordándose del pasado del contrario, de la mujer o la madre del oponente. No es ésa la cuestión. Hay siempre razones que se imponen a la violencia y es lo que debe prevalecer. Con el diálogo se suplen las injerencias que los fanatismos intentan imponer.

Estamos tan hartos de charlatanes de feria que no vemos a los verdaderos instigadores acechándonos con malabarismos lingüísticos que nos sustraen del verdadero sentido de la libertad. Por más vueltas que le doy a los discursos de Pablo Iglesias, por más que oigo sus declaraciones en los medios de comunicación, no me entero de lo que realmente quiere. Encuentro falta sensibilidad nacional en sus manifestaciones mientras desarrolla arengas en favor de la socialización de Venezuela, de los prodigios libertarios que el chavismos ha instaurado en su patria, palabra que sí utiliza cuando se refiere al país latinoamericano. Todavía no he encontrado una frase, con significado carácter positivo, de lo que sucede en nuestro país, que creo que es España, donde todavía no hay que formar colas, ni apresurarse en llegar primero al estante, para adquirir papel higiénico, ni se racionaliza el consumo de los principales alimentos básicos, y sin embargo no deja de elogiar el sistema implantado en Venezuela, sociedad que se dirige al abismo, donde todo es escasez y donde debiera primar el bienestar si nos atenemos a los enormes recursos energéticos y naturales que posee. Iglesias no deja de alabar el chavismo. Tal vez se ha equivocado de país para desarrollar su carrera política. Claro que igualmente, en Venezuela, no podría tener el chollo que se va a procurar aquí porque quizás las arengas demagógicas que lanza con total naturalidad en España, serían inmediatamente censuradas, cuando menos, o terminaría en una celda y molido a palos por las fuerzas del orden, que no olvidemos, son contundentes con quienes se manifiestan en contra del régimen establecido.

Hablar de las miserias de España mientras ensalza las supuestas virtudes del estado venezolano, estableciéndolo como modelo paradigmático, me parece extremadamente peligroso para su reputación. No olvidemos que muchísimos españoles han confiado en sus mensajes y han puesto en manos de Podemos sus ilusiones, la regeneración de los valores en los que se fundamenta el socialismo como dechado de virtudes y favores del hombre que merece ser tratado por igual. Pero si su arquetipo político se fundamenta en la degeneración del discurso en favor de las bandas terroristas o en favorecer el independentismo con actos violentos que terminan con asesinatos y atentados, con la implantación del terror, están faltando a sus eslóganes electorales. Y cierto es también que, entre sus votantes, habrá quienes se identifiquen con ellos. Pero también sé de muchos que han elegido Podemos porque lo creían una alternancia a este socialismo vetusto, que se asfixia en su propio egocentrismo, y casi sin perspectivas de futuro. Muchos que han sido engañados con sus panfletos.

En mi opinión Pablo Iglesias es un gran funambulista que posee la virtud de cambiar de alambre en las alturas, de pasar de un cordel a otro, según el viento que le dirija o favorezca. Las palabras pueden exaltar ánimo, prodigar acciones y hasta procurar mucho dolor. Y también hay quienes quieren escuchar lo que escuchan porque tienen el buche lleno. Pero en la política no basta con la palabra. Hay que llevar a ejecución el discurso. Un discurso de realidades sociales y no de banalidades teñidas de críticas. Y si tenemos que ser comparados con alguien, por favor que lo seamos, al menos, con quienes no padecen escasez, con quienes tiene resuelto su futuro y el de sus hijos, con quienes se levantan cada mañana sabiendo que no tendrán que hacer colas de horas para conseguir alimentos u obtener papel higiénico, donde no se coarte el poder de diferir políticamente con la imposición del silencio. Avancemos y miremos siempre adelante. Que no tengamos que estar, constantemente, debatiendo si lo que nos dicen es verdad o mentira.

Galería | Esta entrada fue publicada en ESPAÑA, POLÍTICA y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s