Recuerdos de un verano II

RECUERDO-DE-UN-VERANO02Por las ventanas abiertas entraba la primera claridad, esa que venía despojando el frescor aliado a las últimas horas de la madrugada que nos procuraba el último y reconfortante descanso si la noche se había metido ascuas, que encandecían paredes y quemaban sábanas, ahuyentando a las sombras que se obstinaban en parapetarse por los rincones ignorando que habrían sucumbir al portento de la luz y que cualquier resistencia vendría a ser inútil, que era mejor replegarse hasta que la luna las convocara y pudieran tomar su revancha. Era el primer síntoma de la alegría, la recuperación de la vida, el despertador natural que nos sustraía de la somnolencia, que abatía al sopor mientras el silencio, curiosamente la ausencia de sonidos, nos despojaba del sosiego. Era el silencio lo que nos procuraba el dócil despertar, el reencuentro con los cielos que se iban perdiendo, por el marco de las ventanas, conforme nos alejábamos hacia el comedor. Si acaso, perturbando aquel remanso de paz, que era mi casa en las primeras horas de un día de julio, llegaba la cantinela graciosa de un pregón que oferta melones dulces como “la almíbar” o el frescor azucarado de la jugosa y sabrosa sandía, apiñadas en las espuertas que cargaba un pequeño borriquillo, del que se servía el amo para promocionar, con voz de tenor callejero, los productos de su huerta. Era éste mismo, el que con el paso de los años cambió la tracción animal por un Citroën dos caballos y por la estridencia de un megáfono instalado sobre el techo del vehículo. Nunca preguntamos, ni supimos, ni nos preocupamos por el destino final del borriquillo.

Antes que el sol mediara en los cielos y que las fraguas de la naturaleza comenzaran a enfebrecer las calles y los asfaltos, que  en ocasiones se derretían y se pegaban a los suelos de los zapatos y que después manipulábamos para convertirlos en bolas a las que no dábamos ninguna utilidad cívica, partíamos hacía la zona de esparcimiento del pueblo. A la piscina. Una vez a la semana, que los lujos de la playa se nos mostraban esquivos y alejados a nuestra condición, apaciguábamos los calores en los estanques de aquellas instalaciones que eran para nosotros verdaderos oasis, lugares de disfrute, donde pasábamos las horas muertas sumergiéndonos, emulando a nuestros héroes, intentando no ahogarnos mientras el amigo nos enseñaba a nadar, como a él le enseñaron en las riberas del río. Allí pasábamos la jornada, vigilados por nuestras madres, que no perdían ojos de nuestras actividades mientras departían y se tomaban un vermut.

Apurábamos las horas y una tristeza infantil, que es la peor de las tristezas, se apoderaba de nuestros corazones cuando el silbato del socorrista, que tío más desagradable, nos anunciaba el fin de los baños. Ni siquiera la compra de esas palmeras de huevo –no he vuelto a comer ninguna tan suculenta y sabrosa como aquellas piezas de confitería- que se vendían a la salida, y que creo recordar ofertaba el mismo hombre que luego se ponía, en la puerta del cine de verano, con el mismo canasto de mimbre a vender cucuruchos de camarones, podían sustraernos del desasosiego que nos producía aquella expatriación del goce y el disfrute, de aquella momentánea victoria sobre el calor.

La pesadumbre comenzaba a diluirse cuando atisbábamos los edificios de la barriada y el campo, donde las fronteras sobre las propiedades se delimitaban con filas de chumberas, iba quedando atrás con sus senderos áridos, con matojos secos y fragmentados, pigmentados por amapolas rezagadas, y retornaba el gozo a nuestros semblantes y las piernas recuperaban su poder para adelantarnos y tomar de nuevo posesión de los espacios donde reposaban, esperándonos ansiosos, nuestros juegos e ilusiones. Habíamos superado otro día de aquel verano.

Galería | Esta entrada fue publicada en RECUERDOS. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s