Fronteras

fronterasHace ya algunos años, demasiados, tras el fallecimiento de Franco, el dictador que gobernó este país durante casi cuarenta años, tras haber ganado un guerra civil, comenzaron a salir, de los armarios políticos y zulos subterráneos, personajes que no hacían más que clamar por la instauración de la democracia, por recuperar el sentido y la necesidad de la libertad que nos fue sustraída con la confrontación cainita de los años treinta. Y no nombro la década completa, donde aquellos lodos trajeron aquellos barros.

En los colegios e institutos de la época, instaurada en los métodos de enseñanza la EGB y el BUP, en mi opinión los mejores sistemas pedagógicos implantados en nuestro país, se fueron consolidando aquellas ideas. Profesores recién licenciados nos traían sus ideas para que fuéramos recuperando la libertad y la democracia. Éramos los garantes de la nueva España, del resurgimiento del ideario que quedó relegado con la finalización de la guerra civil y la dura represión de los años consiguientes. Se idealizaban poetas, escritores y pensadores. Las paredes de las aulas se cubrieron con posters de Miguel Hernández, Antonio Machado y Rafael Alberti, el único de aquéllos que vivía y que se convirtiera en un verdadero mito cuando regresó de la dureza del exilio. Recuerdo tardes enteras convirtiendo clases en hermosos y prolongados debates donde la utopía de la igualdad, que vendría a poner las cosas en orden y en su sitio, era expuesta de manera insistente. La idealización de los sistemas socialistas, implantados en la Europa oriental y en las repúblicas sudamericanas, como mejor forma de equiparación y justicia, fue acaparando los métodos pedagógicos con aquellos profesores convertidos en los nuevos propulsores de la sistemática implantación y renovación de la sociedad caduca que había fenecido con la desaparición del dictador.

Profesores que nos abstraían con canciones libertarias, con sofismas trasnochados que creíamos como el nuevo maná. Pero éramos jóvenes y necesitábamos creer que podríamos cambiar el mundo, crear una sociedad sin desequilibrios económicos, convertirnos en heraldos de la nueva revolución que erradicaría el hambre, que implantaría la paridad entre las culturas. Vamos, el sol de un nuevo amanecer para el hombre.

Aletean por mi memoria las coplas donde se expresaban los derechos de los campesinos, la pérdida del miedo frente a los potentados que habían pisoteado los potestades y razones de los trabajadores durante décadas y, atentos, la eliminación de las fronteras para implantar un mundo donde todos los ciudadanos pudieran circular con libertad, sin restricciones por su condición social o política. Un mundo sin barreras que posibilitara la convivencia entre razas. Fuimos la generación que más sacrificó, que más lucho por la consecución de aquellos paradigmas que nos fueron entregados. Hemos intentado mantener la filosofía, el ideario que nos abstraía y nos legaban aquellos luchadores de la verdad. Y ahora, otros, los traicionan, derrocando lo que ellos mismos compartían, alterando a su conveniencia aquellas ideas de igualdad y fraternidad.

La segregación propuesta en Cataluña, contraviene gravemente lo dispuesto en la Constitución, aquella Carta Magna que tanto celebraron los que hoy quieren dejar en papel mojado. Y que no me digan que ellos no habían nacido o votaron. Porque ahí están las hemerotecas para recordarle sus palabras, sus pronunciamientos y sus proposiciones. Quieren convertir la ilegalidad en la defensa de sus derechos, aplicar sus conveniencias por encima de la ley. Atribulado deben estar quienes piensan que pudieran quedar descolgados de la identidad que escogieron. Están fracturando las emociones y los sentimientos de una gran mayoría de catalanes que se siente también españoles, que quieren seguir siendo españoles en los lugares donde nacieron, crecieron y enterraron a sus padres. Están imponiendo un sistema autoritario y compulsivamente dictatorial. No vale intervenir, contra ésto, diciendo que para eso quieren celebrar el referéndum. Luchen por cambiar la ley, por actuar dentro de los márgenes legales que dicta la Constitución. Las consecuencias pueden resultar fatales en los todos los aspectos. Pero el espíritu, la lucha de muchos, la abnegación y dedicación que nuestros ascendentes para conseguir ese mundo sin barreras está siendo mutilada por los intereses partidistas de unos pocos que quieren pasar a la historia sin merecerlo. Las fronteras suelen traer aislamientos y limitan los horizontes.

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