Recuerdo de mi madre

mamá02Es esta letanía de días, en la que nos faltas, en las que apuramos la memoria para que sigas presente, una secuencia de emociones que vienen engarzadas en un rosario construido con el amor, el cariño y la dulzura de los besos que prendimos en ti. Son cuentas que vamos acariciando mientras recitamos la oración que nos evoca tu imagen alegre, tu presencia inscrita en la sangre que nos diste. Dos años ya, madre, y ya ves seguimos investidos por el recuerdo, por la remembranza diaria de tu alegría, por la añoranza de los abrazos que nos regalaste y que entonces no supimos que eran hermosos presentes que íbamos a echar tanto de menos. Será cosa de la inocencia infantil, de la ley certera que prima en los instintos y la supervivencia. O será que no teníamos conciencia del tiempo, de las horas que se precipitaron hasta hacernos ver que lo humano sucumbe ante la fuerza de la Providencia.

Son estos días que comienzan a disminuir su luz, a acortar las tardes, invistiendo con la nostalgia el ambiente, con la tristeza que intentamos disimular, con más torpeza que acierto, los que nos descubren a la verdad de tu ausencia. Son estos días en los que renovamos las ilusiones, los que nos acercan a la memoria, a los instantes que ya dábamos por perdidos y que retornan con un halo de alegría para descubrirnos en tus brazos. Incongruencias de la existencia, de las miserias que van horadando el alma hasta advertirnos de las consecuencias de la razón, de la gnosis que rige nuestras vidas y nos esclavizan en el juicio, inyectándonos la amargura y la pena, el desasosiego por no poder rozar tu mano, por no atender la voz que nos advertía de las cosas, de los brazos que nos protegían ante nuestros vanos temores, ante la inminencia de un desastre.

¡Ay este mes, estas semanas de luces mortecinas asomándose al precipicio del invierno, a las noches que empiezan a humedecer las calles con las primeras rociadas, a desmembrar el cielo para convertirlo en el tul donde se enlazan las estrellas y conformar un paraje donde recuperar la fantasía y la ilusión que nos mantiene en vilo el alma!

Este mes del Rosario que nos envuelve en la alegría de los sueños, en esas quimeras que se desplazan por las calles de tu infancia, por aquellos lugares, que sigo reconociendo, en los que te sentiste una vez niña, en los que casi no llegaste a trotar jugando porque pronto te llamó la vida al compromiso para podré sobrevivir. Intento recoger ese tiempo, que fue desangrando tu infancia, y convertirlo en escenario de tus juegos, de tus tropelías de niña y tus risas alertando las esquinas, el tiempo recuperado de tu niñez. Tengo que fantasear descubriendo calles donde fuiste grabando tu voz, el eco de las palabras que desataron la inocencia y vertieron la sencillez de tu figura menuda. He ido buscando las sombras que quedaron impresas en las paredes blancas, de los viejos caseríos, ventanas abiertas a huertas y piedras centenarias, y flirtear con la locura, con la ironía de la sinrazón, de que aparecerán tus brazos y me acogerán, como cuando era niño. Esta evocación de los sentimientos, de aquel tiempo del que no tengo recuerdos, porque todavía mi conciencia permanecía en tu seno, me devuelve la calidez de tu hombro, la emoción y el cariño con el que velabas mis sueños, la tranquilidad de saberme amparado por la protección maternal que residía en tu alma y que me transmitías con el ronroneo suave de una nana.

En estos días en los que tristeza intenta quebrantar mi espíritu, con la imposición de su vileza, he recobrado la alegría por sentirte a mi lado, siempre estás a mi lado, a nuestro lado, acogiendo la fragilidad de mi niñez en la grandeza de ese hombro donde descanso, de ese hombro que sigo buscando para serenar mis aflicciones, para reposar de este viaje y recuperar la tranquilidad que suponía el rumor de tu voz –duerme mi niño- y la caricia de tus manos.

Hace unos días recorrí las calles, los espacios y los lugares del viejo barrio macareno con la Virgen que duerme al Niño sobre su hombro y cada vez me volvía oía tu voz, sentía tus manos y la comodidad del hombro donde quiero seguir soñando contigo. Hoy hace dos años que te fuiste. Te sigo echando de menos.

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