Presentación de la novela Esta noche vienen a por tí.

portada_plana001Hace ya mucho tiempo, demasiado para nuestra desgracia, alguien me dijo que la vida es el mejor ámbito donde buscar y encontrar las más excelsas historias para realizar los mejores cuentos, la mejor ficción.  Quien así se pronunciaba no sabía ni escribir ni leer. Su vasta cultura, sus razonados y bien trazados pensamientos, provenían de sus experiencias vitales, del padecimiento de los acontecimientos que le tocó vivir y de las alegrías que fueron trazando una vida, su vida, vista a través de sus propios ojos. Esta mujer me contó el primer cuento que recuerdo, la primera historia fascinante que comenzó a germinar en mí la necesidad de transmitir mis fábulas, mis historias, de ficcionar y alterar una situación sustancial, tangible, hasta convertirla en un ente que pudiera fundirse con la realidad. En la seguridad de sus narraciones, al calor de una mesa de camilla y del embriagador aroma de la alhucema, se fue configurando en mí ese instinto ancestral, esa necesidad rústica y primitiva, de relatar y transcribir historias para que otros se emocionen, sufran, gocen o percaten con ellas otras vertientes de la realidad. Quienes me conocen saben de esta pasión, acendrada en mí, que es capaz de derribar los muros de mi timidez, de apartar los miedos y las incertidumbres que planean por nuestras vidas, de la sensación inherente de seguridad que precisamos para poder anclar nuestra supervivencia en una sociedad cada día más exigente. Mi entusiasmo por contar historias ha posibilitado el derrocamiento del miedo a hacerlas públicas. Claro que para ello he contado con unas aliadas. Mi mujer, mi hija y mis editoras que me tienen en una estima que a veces sospecho no merezco. Ellas, y algunos amigos, han hecho posible que hoy esté aquí, presentando mi segunda novela, algo que hace dos años, no era más que una quimera. Por ello tengo que dar gracias a Dios y a la Virgen que tan vela por nosotros ¿verdad?

Nace esta obra de un impulso universal y antiguo que yace en el alma. Quienes escribimos, quienes nos dedicamos a este arte, partimos de la premisa y el conocimiento de que en todas las épocas, en todas las culturas, coexiste la necesidad de transmitir sus sentimientos y emociones, los hechos que procuran avances, la congénita necesidad de contar historias. Pero en este origen hay algo más extraordinario aún, una experiencia vital que todos hemos sentidos, esa primera inquietud que nos invade cuando oímos o leemos un relato. Haced memoria. Una de las primeras cosas que pedimos ancestralmente a nuestros padres es que nos cuenten una historia, que nos cuenten un cuento.  Y una de la primeras cosas que sentimos, que necesitamos transmitir, como una extensión de la divulgación de nuestras propias raíces, es contarle un cuento a nuestros hijos. Pero aún más allá, si nos postulamos en nuestras consideraciones vitales, nos pasamos toda nuestra vida contando y escuchando cuentos, relatos que van amoldando nuestros comportamientos y la manera de actuar. Y curiosamente, en esas transmisiones, aparecen dos factores que esencialmente pueden mantener un enfrentamiento considerable. Por un lado, podemos encontrarnos con una narración fidedigna y que se nos muestren las cosas tal como son. Y por otra parte necesitamos que el cuento nos permita huir de las cosas tal como son. Es una paradoja maravillosa y muy difícil de satisfacer, pero es el anclaje sublime de nuestra propia razón, porque necesitamos de estas historias para comprender el mundo y, por otro lado, necesitamos de estas historias para olvidarnos del mundo.

Viene esta pequeña introducción, sobre la realidad y la ficción, para intentar haceros llegar, y que comprendan los lectores,  lo que he querido contar en mi novela y con mi novela, donde he pretendido construir un gran cuento, donde la ficción puede llegar a superar a la realidad, donde los hechos pueden parecer reales, porque se traslada a una época concreta y muy señalada en la historia próxima de este país, porque hay personajes verdaderos que vivieron en el tiempo en el que se desarrolla la obra, y porque hay sucesos que acaecieron en aquellos años convulsos, en los días siguientes a la proclamación de la II República, pero que forman parte de las elucubraciones y fantasías de este escritor. Superponer la realidad a la ficción y la ficción que hurgue en la realidad, intentando construir un argumento, donde el tiempo se pone en fuga con el artificio de la ficción, para poner en orden una realidad que se presenta mucho más caótica que la inventada, y que conduce a un final inesperado. Es una novela en la que la pretensión de este autor es muy sencilla. Conseguir, así lo deseo y espero, que el lector perciba lo que yo sentía cuando ejercía, cuando sigo ejerciendo de lector.

Quienes la lean, se motivarán con esta historia sobre la pasión y el poder, sobre la ambición y deseo deshumanizado por alcanzar el manejo de los hilos que mueven al mundo, que lo seguirán moviendo, una aspiración tan vieja como la primera razón que mantuvo el hombre. Es también una historia en la que quiero rendir homenaje a las personas que anteponían la bondad a la maldad, la dignidad a los idearios políticos, el decoro y la vergüenza frente a la mezquindad y la vileza de quienes necesitan enfermizamente de la perversidad para la consecución de sus fines. Personajes reales como los dos guardias civiles protagonistas, José Urbano, el Lecherito, y José Rebollo, Pepe Díaz, Saturnino Barneto, entre otras celebridades de la Sevilla de los años treinta del pasado siglo, que comparten la trama con otros de mi invención para poder argumentar una historia intrigante que comienza en la Caura romana, en al año XLIII d. C. y que se resuelve ante la imponente imagen de Dios, que por el Turruñuelo mantiene vilo el alma bajo la nominación del Cachorro.

Creo que es una novela trepidante donde aparecen situaciones y lugares que reconocerán inmediatamente porque la acción discurre entre Coria del Río y esta Sevilla nuestra, en un arco espacial que creo, merece este tratamiento protagonista pues tiene suficiente entidad, historia e identidad única como para convertirse en escenario ideal para cualquier trama, aunque hago un guiño histórico, que comprenderán al final, hacia Berlín. Pero también encontrarán, especialmente al inicio de cada capítulo, una descripción emocional, sobre las situaciones que viven y padecen los protagonistas. ¿Qué puede pasársenos por la mente, mientras se huye apresuradamente, cuando mantenemos la certidumbre de que la muerte nos pisa los talones? ¿Cómo se acepta el fin? ¿Cómo pueden embriagarnos los recuerdos cuando las palabras, susurradas al oído, nos anuncian que la parca se embosca en la revuelta de una esquina? ¿Qué nos hace fuertes ante el dolor? ¿Cómo nos marca en la vida? ¿En qué rincón del alma comienza a pudrirse la honestidad y la dignidad de los hombres por mor de alcanzar el poder? Si al leerlas logran enredarse al entramado sentimental de los personajes, que desenvuelven sus vidas en un ámbito violento y convulso, se desatan sus más hermosas emociones y se les conforma un nudo en la garganta, este humilde escritor se habrá dado por satisfecho y habrá conseguido uno de sus principales propósitos: transmitir lo que él mismo siente cuando actúa como lector.

Y es también una novela contra el olvido, una narración que pretende recobrar la memoria de quienes fueron ninguneados aun habiendo sido inmolados por la patria, sus ideales o sus doctrinas, héroes que sacrificaron sus vidas y las de los suyos para que otros pudieran vivir. Les aliento a recuperar la hazaña del Regimiento de Cazadores de Alcantara,14º de Caballería, que al mando del Teniente Coronel D. Fernando Primo de Rivera y Orbaneja, protagonizó una de las epopeyas más sublimes de la reciente historia de este país, en lo que se conoció como el desastre de Annual, en el actual Marruecos, y que es el inicio de la novela, y comprenderán, desgraciadamente, que no hay nada de novedad en la actual situación de España.

Quiero, para poner fin a mi intervención ofreciéndoles un consejo: que la lean con serenidad. No se precipiten en sacar conclusiones políticas, ni confundan las aseveraciones de los personajes con las de este autor porque no las hay, ni alimenten consideraciones en las que participan los protagonistas. Los personajes tienen su propia voz, viven y desarrollan sus vidas en las páginas de la novela, de esta obra que no tiene mayor pretensión que la de conseguir abrir el baúl de sus emociones, que florezcan los mejores sentimientos y que compartan la ilusión que yo viví cuando escuché, al calor de una mesa de camilla y del aroma ascendente del espliego y la alhucema, aquel primer cuento que me contó aquella mujer, que sin saber leer y escribir, sembró en mí la pasión por la literatura.

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