Podemos no podrá con la Semana Santa

podemos no podrá  Parece que los siglos se van a difuminar en el velo de estos nuevos tiempos en los que nos amenazan con toda clase de supresiones entre las que se encuentra una de las fiestas más importantes de la ciudad: su Semana Santa. Hay que tener valor para pronunciarse de esta manera aunque solo se trate de una insinuación. Temerario, desde luego hay que ser, para poner sobre la palestra la eliminación de la principal celebración de la ciudad, aunque luego den marcha atrás, como si quisieran rebobinar sus declaraciones, borrarlas y comunicar que todo se debe a la inadecuada interpretación de la emisión de unas intenciones que subyacen en el ideario de algunos. Vamos, que les ha traicionado el subconsciente.

Begoña Gutiérrez, la secretaria general electa de Podemos para Sevilla, ha puesto sobre el tapete la posibilidad de eliminar, así como se quita uno el polvo de la hombrera de la chaqueta, la Semana Santa de la ciudad. Pudiera bien tratarse de una estrategia para darse a conocer entre la ciudadanía, una maniobra publicitaria que pusiese en la mente de muchos la fisonomía de esta mujer que antes vivía en el más absoluto de los desconocimientos para la mayor parte de los sevillanos, y mucho me temo, que en la más abyecta ignorancia sobre las tradiciones y fiestas de la ciudad, sobre el valor económico y político que representa para Sevilla la conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Esta mujer tiene que recuperar la cordura a la mayor brevedad posible si no quiere precipitarse al vacío del fracaso, a las primeras de cambio, aunque me parece que ya ha empezado a rodar por la ladera. O al menos ha dado las primeras paletadas para abrir el hueco de su propia tumba.

Ni siquiera en los tiempos de la II República, en sus cruentos y negros días, se pronunciaron los líderes sevillanos de los partidos de izquierda sobre la posibilidad de suprimir la fiesta que llevan los sevillanos en la sangre. Tal vez algunos llegara a pensarlo pero no se atrevieron a pronunciarse, con la rotundidad con la que lo ha hecho la bella Begoña. Núñez de Herrera, en nada sospechoso sobre sus tendencias republicanas, escribió uno de mejores libros sobre el poder de la devoción popular, mezclando la tradición y el sentir de la clase obrera con la devoción sevillana instaurada durante siglos, introduciendo en su discurso el singular sentimiento religioso y la raigambre popular de la fiesta, una alternancia sentimental que posibilitaba la cohabitación de lo mundano con la manifestación del poder de Dios y la intercepción de su Bendita Madre. En ningún momento alude a su eliminación y sí proclama la excelsa compatibilidad de la razón con lo onírico. Manuel Chaves Nogales, también exalta la ciudad y sus tradiciones, la empatización entre la belleza y la misericordia, la singularidad de la creencia que no se contrapone con la necesidad de instaurar la razón y el ideario propio y la compatibilización de lo idílico con lo pragmático. Ejemplos de mentes abiertas al respeto por quienes mantienen pensamientos distintos, por quienes rigen sus vidas por filosofías o religiones diversas. No debe presuponerse la imposición para coartar la libertad de otros con el fin de obtener la propia.

Podemos debe dejar de vender humo si quiere obtener alguna confianza del electorado sevillano, no engañarse a sí mismo. Con este tipo de manifestaciones le dejan el campo abierto a otros partidos.

Con la Semana Santa de Sevilla no se juega, aún cuando se rectifique y donde dije digo, digo Diego. No ya por el carácter esencialmente religioso que envuelve su celebración – que es primordial – sino por el sentimiento subyacente que permanece en el alma de generaciones sevillanas que han visto como sus vidas, las de sus padres, las de sus abuelos, se han encadenado, con los eslabones del recuerdo, engarzados en el hilo de la memoria, hasta conformar un sentimiento amoroso que reposa en los ojos de la Virgen de la Esperanza, en la mirada eterna, clara y evocadora de El Cachorro, o en el talón con millones de besos, despellejado por el fervor, del Señor del Gran Poder. No piensen, señores de Podemos, que la ciudad va a participar de esta inmolación de sus sentimientos porque antes preferirán a los malos políticos que actualmente la gobiernan y la gobernaron. Recuerden al Alcalde de Zalamea, ya que ustedes se obstinan en recuperar tanta memoria, en querer hacernos retroceder en el tiempo, cuando proclamó aquello de “al rey, la hacienda y la vida se han de dar. Pero el honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios”, aunque ustedes no crean y solo veneren el materialismo y manipulen la necesidad.

 

 

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