La transición con Grease

greaseTodavía reteníamos en el cuerpo la conmoción por aquella película que protagonizaba John Travolta, en el papel de Tony Manero, y que nos hizo vislumbrar nuevos parajes musicales muy distintos a los que por entonces se promocionaba en las diferentes emisoras radiofónicas de la época. Una ventana al mundo que nos descubría una forma diferente de entender la vida. No teníamos edad, y por qué no decirlo, se restringía mucha información, para poder acceder a las discotecas sevillanas, que mucho me temo también, nada tenían que ver con las que nos mostraban en la singular película. Aquellas canciones nos eran desconocidas porque evitaban, los poderes fácticos de la era post franquista, que oyéramos a los jóvenes revolucionarios del rock and roll, con sus melodías extraídas del propio infierno y que allí terminaríamos si caíamos en las garras satánicas de aquellas letras. Ignorantes, ni siquiera sabíamos qué decían. Entre otras cosas porque el idioma que estudiábamos era el francés. Aires nuevos y frescos para la encorsetada actividad musical de la época. En el instituto aparecieron los primeros síntomas del cambio que se avecinaba. Algunos alumnos, identificados con el personaje, se ataviaban a la manera de John Travolta y surgieron los primeros problemas entre los profesores menos tolerantes que exigían, para poder asistir a las clases, recato en las maneras de vestir y educación en los modales.

Un año después, se estrenaba la segunda película protagonizada por Travolta: Grease. Ahí sí que nos identificamos completamente. Aunque los actores estaban creciditos para edad que debían representar, todos ansiábamos mantener una actitud parecida a aquella troupe que solucionaba sus cuestiones cantando, bailando, mostrando sus sentimientos con bellas baladas, instrumentalizadas con arreglos de rock, o resolviendo sus batallas con magníficas coreografías, con bailes tan provocadores, como difíciles de ejecutar. Estábamos preñados por la añoranza, por aquellos aires de libertad que sostenían todas las interpretaciones, con el mensaje de amor que trasladaban en sus baladas. ¿Quién no deseó hacerle llegar sus sentimientos a su Sendy cantándole? ¿Quién no suspiró viendo a su chica bailar como Olivia Newton John, desinhibida, sin el veto al rubor que nos impuso luego la edad, el trascurso inmisericorde del tiempo?¿Quién no soñó un beso de la niña de sus ojos con el trasfondo de la música, sonando misteriosamente sin saber de dónde llegaba, mientras nos alejábamos al edén viviríamos felices eternamente, renovando el amor y las caricias con cada amanecer?

Hace treinta y siete años y me resisto a creer que el tiempo nos haya envilecido, nos haya robado la posibilidad de seguir soñando, de continuar en la búsqueda de la felicidad. Hoy la técnica, esta universalización de la información, una casualidad y una acción inadecuada en el manejo del ordenador, ha posibilitado que retornaran los recuerdos de la juventud y he sentido la necesidad de recuperar los días en los que nos embriagábamos de libertad oyendo aquella música, descubriendo nuevos horizontes.

Cuatro décadas después sigo pensando en la inmensa suerte que tuvimos de sentir y experimentar, en nuestros propios cuerpos, con nuestros sentimientos y con nuestros actos, los cambios que sirvieron para reconstruir un país, sin esperar nada a cambio porque nada recibimos más que desdén y olvido.

Sin entender qué decían si adivinábamos, en aquellas composiciones, en sus letras, que estaban atestadas con mensajes de libertad, con declaraciones de amor, con la rebeldía que los jóvenes deben llevar en sus actuaciones, con el valor del sentimiento que hace mejor al hombre cuando enerva la voz cantando, sin gritos inapropiados, sin voces amenazantes para subyugar al semejante. Debíamos aquel ímpetu a la inocencia y al descubrimiento de nuevos valores, que fueron forjando en nuestros corazones una red emocional que enervaba, incontroladamente, el romanticismo. Por eso fue tan importante la música en aquel tiempo, para serenar ánimos y restituir la tranquilidad que algunos se obstinaban en convertir en desestabilización. Y Grease fue el inicio.

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