Un transfondo de Esperanza

?????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????A veces nos tiramos a la piscina de la opinión, aunque en ésta rebose el agua, sin saber nadar, desconociendo las más estrictas normas para sostenerse sobre el líquido elemento y con dificultad y suerte alguien o algo, la eventualidad o la Providencia, acudirá al socorro. Es cómodo pronunciarse sobre lo que realmente no se conoce, porque fabular sobre hechos contrastados, desvirtuar su origen y fomentar la demagogia es fácil, y en este país resulta gratis calumniar, ofrecer una imagen desvirtuada de la realidad, o al menos no se aplican con el rigor y contundencia suficiente.

Desde que el Saturno de la crisis comenzó a devorar a sus hijos hemos comprobado cómo el ficticio mundo donde creíamos habernos hecho fuertes, edificado sobre cimientos de adobe, se ha desplomado y se ha llevado por delante la dignidad y hasta la integridad moral de muchos ciudadanos que creyeron en las promesas de una sociedad de bienestar que resultó ser falsa, personas que no han tenido más remedio que acudir a los diferentes organismos sociales y de caridad a solicitar ayuda para poder sobrevivir. Poco acostumbrados a estas situaciones han tenido que sortear el muro de la vergüenza, agachar en muchos casos la vista y elevar los clamores de sus desventuras a unos desconocidos que afortunadamente siempre tienen una sonrisa en la cara y la mano extendida para ofrecer ayuda. Suerte es que haya personas en estos tiempos que escuchen tantos lamentos, tantas penas, tanta acuciante necesidad. Suerte es que se atiendan esos rosarios de pequeñas peticiones –el pago del recibo de la luz, del suministro de aguas, el alquiler de la vivienda donde todavía reposa algo de dignidad personal, la cancelación de la deuda en un establecimiento de comida, el apoyo a sostener la honorabilidad con la concesión de carnets para supermercados sociales, etcétera, etcétera, etcétera- y solventen tantos problemas que a la mayoría nos resultan nimios pero a quienes afectan, les quita el sueño. Conozco el caso de algunos padres de familia que han esperado la llegada del asistente social en la puerta de una hermandad para que le posibilitara un vale con el poder adquirir un litro de leche y pan para dar un desayuno a sus hijos antes de enviarlos al colegio.

Ya es hora de hacer llegar y concienciar a ese estrato de la sociedad sevillana, que se mueve entre la intolerancia y el despotismo ilustrado, que solo tiene palabras de reproche y discursos demagógicos sobre los procedimientos sociales y el reparto de los bienes de terceros –porque los suyos los salvaguardan para lo que creen oportuno-, que alimentan sus egos lanzando embaucadoras proclamas sobre lo que tienen que hacer “otros” cuando ellos no emprenden ninguna gestión con las que intentar paliar lo que critican a instituciones benéficas, corporaciones y especialmente a las hermandades, que gracias a ellas hay personas que pueden sacar sus vidas adelante.

No conozco, en esta ciudad al menos, ningún sindicato ni partido político que haya ofrecido sus recursos, como lo hace Cáritas Diocesana, ni instalado en sus lujosas sedes corporativas comedores para atender al hambriento, como lo hacen los conventos de las Hermanas de la Caridad, ni hayan habilitado uno de sus decorados y amplios despachos para ofrecer siquiera palabras de consuelo, que también son necesarias cuando se aporta la ayuda material, como lo hacen las Hermanas de la Cruz, ni por supuesto haya recogido en sus presupuestos partidas económicas para aliviar la pena de las numerosas órdenes de desahucio que se publican diariamente, como se hace en la Hermandad de la Macarena, que destina presupuestariamente cerca de DOSCIENTOS MIL EUROS para la obra de su asistencia social, aunque en la actualidad esta cantidad se queda corta ante la constante y ascendente demanda de ayuda sin que hasta la fecha, y a los que verdaderamente lo necesitan, nadie se ha quedado sin socorrer, sin habérsele abierto una puerta a la Esperanza.

Pues todas éstas, y alguna que otra más, SÍ se han solventado diariamente por las Hermandades y Cofradías de Sevilla, por la Iglesia y Cáritas diocesana. Estoy orgulloso de pertenecer a una de ellas, de cooperar en ella, de ofrecer cada día, desde mi obligación y compromiso, con mi humilde colaboración, esa ayuda que tanto nos demandan desde algunos sectores de la sociedad. Sería interesante que se informaran, que se instruyeran, para poder emitir juicios de valor y no quedar con sus “progresistas” culos al aire, que además con lo que hay por ahí es peligrosísimo.

Indicar lo que otros tienen que hacer con sus bienes o concesiones es muy fácil. Difícil es adquirir un compromiso con el que solventar los problemas que se pretenden subsanar porque además sirven de base para justificar, documentar y argumentar las opiniones que se viertan. Asesórense y lo mismo se llevan una gratísima sorpresa

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