Yo de mayor quiero se como tú

RICHARD DE ARMAOAnoche sucedió algo extraordinario en la Basílica de la Macarena. Algo a lo que no estamos acostumbrados en los últimos tiempos, en esta ciudad en la que todo empieza a carecer de valor porque aceptamos que la excepcionalidad se vulgarice con tantas y profusas celebraciones, con tantos actos donde lo importante y primordial, no son ya calidad de los textos, ni conjugación de versos al libre albedrío de cada uno, sino la intención de sobresalir, de sentirse importantes, de figurar. La presunción por encima de todo. Y eso, está vulgarizando algo ten importante como la Semana Santa.

Ayer sencillamente ocurrió que se abrieron los campos de la emoción en las palabras de Ricardo Diaz Fonseca, que en anacrónico perfil macareno, conocemos como Richard, que nos fueron rectificadas las emociones que nos fueron legadas con tanto amor y devoción. Sólo quienes tienen la suerte de ser armaos de la Macarena conocen el verdadero sentido que enfunda los corazones de la mejor tropa jamás concebida.. Richard no solo nos obsequió con una brillante disertación, muy bien escrita y llena de metáforas, sino que nos recordó la importancia de las emociones para poder llegar a Dios, Un mensaje de Esperanza claro, nítido y sencillo, que es mejor forma de comunicar, de llegar donde se tiene que llegar, donde habitan los mejores sentimientos. Compartir la Esperanza para ser feliz, para hacer feliz a quienes conviven con las sombras y desasosiego. Desde el fondo del alma llegaron las palabras de Richard para asentarnos en la verdadero y más querido sentido del fervor, en la gloria asumida de la mirada del Cristo de la Sentencia. Anoche, en la Macarena, donde la Virgen tiene fijada su residencia, nuestro amigo Richard nos dio una verdadera lección de sentimientos y apegos, de emociones encontradas que nos elevaron a dicha de verdadero sentido que se esconde en nuestros corazones. El amor desmedido hacia el Cristo de la Sentencia, en cuya mirada reside la gloria de la Esperanza.

Y sobre todo nos enseñó, a quienes presumimos tanto de ser lo que somos, que siempre podemos aprender de quienes no se prodigan tanto en autodenominarse poseedores de la sentimiento macareno. Este valor de la humildad, tan bien expresada, es la que hace grande a la Hermandad.

Como te dije, en el abrazo que nos dimos, yo de mayor quiero ser como tú.

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