… Y el alma solo es de Dios

            sirtaki-podemos¡Cómo estará el patio para que la gente comience a creer en la posibilidad de dar formar y concretar las utopías, de que pueden ser llevadas a buen puerto!

           Los resultados electorales han venido a demostrar el gran descontento ciudadano que predomina en el ambiente. La hartura es tan grande que se demanda un cambio político y generacional desde las bases. El vociferío de las urnas así lo proclama. Las grandes mayorías se disgregan y trocean la tarta en pequeñas porciones. Descentrados están quienes se jactaban, y hasta empalagaban, de repartirse el pastel dejando expectantes a esas minorías que, curiosamente, posibilitaban los gobiernos. El mundo al revés.

            No se puede obviar que hay que promover la regeneración de los idearios. El teatro del bipartidismo echa el telón. No se puede mantener un espectáculo sin renovación, sin adecuarse a las nuevas tecnologías, sin comprender y aceptar los cambios sociales que van imponiéndose en los países con tradición democrática, adecuándose a sus nuevas circunstancias económicas. Se necesitan actores nuevos que regeneren el espectro político y los doten de frescura. Y ahí es donde han fracasado las dos principales fuerzas políticas. Anclando sus mensajes y desoyendo a la opinión pública, que en clamores y con fuerza alzaban la voz para posicionarse y recuperar el poder de la calle.

            El Partido Popular ha tenido en sus manos la confianza de la gran mayoría de los ciudadanos que habían depositado sus esperanzas para la conversión de un país donde la especulación y la desvergüenza se habían apoderado de la clase dirigente. No han sabido gestionar el valiosísimo patrimonio que se le había consignado: la esperanza. Y amigo, con los sentimientos y el corazón, no se puede jugar. Ni siquiera se han molestado en vender la precariedad económica que se encontraron cuando tomaron posesión en sus cargos municipales, ni la importante reducción de la deuda de la ciudad, ni la recuperación de la imagen exterior de la misma, no de la sensatez en el control del gasto para poder mantener el equilibrio en las finanzas y el empleo, ni en la proyección internacional de la ciudad. No han conseguido extender el mensaje de cuanto bueno hayan podido hacer, de las soluciones que han llevado a cabo en las empresas municipales y en las inversiones conseguidas. Han dado la espalda a las redes sociales, donde se cuecen las habas en la actualidad, minusvalorando la potencialidad de función en la información. Se han atrincherado en sus despachos. Sevilla necesita ser transitada. Los barrios visitados con asiduidad y promover las actuaciones necesarias para afincar los proyectos. Ahora a empezar de cero, si Dios no lo remedia, por desidia y engreimiento.

            Los que auspiciaban la eternidad ideológica no podían vaticinar la catástrofe porque, sencillamente, no preveían el levantamiento de las masas. Pensaban que seguirían consintiendo los desmanes y las malaventuras de unos dirigentes caducos que miraban hacia otro lado, en muchas ocasiones, cuando se presentaba el empobrecimiento de la clase media, desbancada a los umbrales de la pobreza en muchos casos. Ahí es donde han sembrado otros. En los estratos de la desesperación han recolectado las emergentes fuerzas de la izquierda que consiguen, con la venta de humo, un fondo electoral impensable en otros tiempos. Sin experiencia alguna en la dirección, y en el gobierno, van a ocupar sillones en los ayuntamientos y escaños en parlamentos autonómicos. Cumplir algunas promesas les va a costar trabajo. Las buenas intenciones, el idealismo social, siempre han quedado apartadas cuando se presenta la miseria y la necesidad y siempre no ha supuestos más que desastres. He leído, en algunos programas, que se van a conceder subsidios a quienes no tienen medios, una vivienda digna a quienes han perdido sus casas y un trabajo a quienes están inmersos en la vorágine del paro. ¿De qué me suena esto? Perfecto. Soy consciente de la necesidad de cubrir el desamparo total en el que se encuentran muchas familias. Hay que crear los medios para ello pero sin que repercuta en quienes han de hacerlo con el pago de sus impuestos. A ver si vamos a desvestir a un santo para vestir otro.

            Cubrir las necesidades sociales esenciales tiene que ser una prioridad. Los ciudadanos han entregado sus escasas pertenencias a los nuevos gurús. Han puesto en sus manos el único patrimonio que les quedaba: sus sueños. Cuidado con relativizar este don. Las cajas están como están. La responsabilidad afín al gobierno es cosa importante y las promesas tienen que convertirse en hechos. Concretizar las propuestas requiere de un arduo y fragoso esfuerzo. Las fórmulas para su consecución están casi todas consumidas. Ahora son ellos los que tienen el compromiso. No están en el tendido. Se han tirado al ruedo y tienen que lidiar al toro. Veamos cómo lo hacen y si no tienen que pasar por la enfermería. Las palabras se las lleva el viento.

 

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