Las mayorías no mandan.

           consulta9n-castelldefels No deja uno de sorprenderse con las cosas que suceden en este país, que tienen una proyección inevitable sobre la ciudad en la que vivimos.

            Los resultados en estos últimos comicios municipales no pueden ser más significativos. El Partido Popular ha sido la lista más votada. Sin embargo no va a gobernar porque seguramente, si Dios no lo remedia, el partido que ha quedado en segunda posición pactará con las agrupaciones minoritarias y conseguirán desbancarlos. Una alianza de izquierdas que vendrán a rescatar la voluntad popular, han dicho algunos. ¿Voluntad popular? En otros países, donde las leyes electorales son explicitas y claras para quienes consiguen ganan, en esta situación resulta inentendible e inaceptable. Pero aquí es así. Se tolera que Izquierda Unida, en una ciudad de 700. 000 habitantes, con una abstención del 41% hayan dado su voto tan solo 19. 177 ciudadanos, tenga en su mano la llave que abre la puerta del gobierno, tal vez por una tenencia de alcaldía o por conseguir la Gerencia de Urbanismo, que no sé qué tiene esta institución que es el almíbar al que todos quieren tener acceso. O que Participa Sevilla, la marca de denominación hispalense de Podemos, con 28.933 votos, alcance una cuota de poder municipal que no ha sido refrendada por la mayoría de electores e incluso esté ya manifestando opiniones sobre su proceder en ciertas facetas de la ciudad. Hay países, que no son España, en los que ya se habrían constituido los ayuntamientos, con garantías y solvencia para gobernar, porque las leyes les dotan de esos poderes. Aquí nos llevaremos un mes, reuniones arriba, encuentros abajo, cenáculos en medio, para poder conformar un gobierno municipal, que con el verano y las vacaciones no comenzará a rodar hasta mediados de septiembre.

               El partido que ha dirigido el ayuntamiento, hasta el pasado día veinticuatro de mayo, y que lo sigue haciendo en interinidad hoy, ha quedado en evidencia con sus procedimientos en el gobierno durante los últimos cuatro años, cuando los ciudadanos concedieron su confianza mayoritariamente, otorgándoles la posibilidad de regir los designios de la ciudad sin que tuvieran que soportar las injerencias de la oposición. Esta mayoría, que ahora se ha pronunciado castigando, no su mala gestión, sino la acomodaticia disposición, y soberbia en algunos casos, de creerse poseedores, in eternum, la voluntad ciudadana. Todo lo bueno realizado en materia económica, a la que no han dado el eco debido, ha naufragado ante la negativa de acudir a la calle, de sondear a los ciudadanos y preocuparse por las cosas sencillas, esenciales, de ellos, como lo hicieron hace cuatro años, que allí estaba Zoido para resolver la colocación de un banco en un parquecito o la reurbanización de un tramo de acerado en Palmete, por poner unos ejemplos. Si lo han hecho, no lo han reflejado debidamente.

           Otra vez, la alianza de las izquierdas, apuradas o no para conseguir la poltrona de la alcaldía, se encontrará con los cajones llenos, con las arcas como tienen que estar, y se hartarán de derrochar en sabe Dios qué utopías. ¿No hay término en esta ciudad? La torpeza en la divulgación de lo que se ha conseguido, y la pereza por recuperar la calle, o mejor dicho, por continuar pateando la ciudad, ha pasado factura a la derecha sevillana. Con los medios que hay hoy para la difusión…

         Aun así, ha contado con el respaldo de una mayoría mínima para vencer en estos comicios. Una victoria que sabe a hiel cuando debió saber a miel. Solo queda encomendarnos a todos los santos para que no se lleven a cabo algunos de los propósitos que ha pregonado, y manifestado en sus programas electorales, estos partidos que comienzan a tomar oxigeno porque saben que tienen en sus manos la llave que abre la puerta del edificio de la Plaza Nueva. Exigirán y los otros, por mor de sentarse en la poltrona que preside el consejo de la ciudad, accederán.

           Esto es, como si anoche, el Sevilla Fútbol Club hubiera tenido que meter cinco goles más a la fuerza, y no un gol más que su contrincante, porque hubieran hecho una media de los tantos de uno y otro en la competición, y la del equipo ucraniano superase a la del club sevillano, y todo el esfuerzo, su mejor juego y su contundencia en los ataques quedaran en agua de borrajas y las alegrías se las llevaran quienes peor lo han hecho. Por cierto, muchas felicidades a mis amigos sevillistas, y al sevillismo en general, por este hito. Me alegro porque es un hecho para ser feliz en estos tiempos que vivimos.

En fín. Esperemos que podamos ver algún día gobernar, en la ciudad, en la comunidad y en el país, a quienes ganan las elecciones y que las leyes les faculten para poder hacerlo. Si fallan, para eso están las urnas cada cuatro años.

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