Crónicas de la Coronación de la Esperanza Macarena

macarena_pelicula_valera_1           En la tarde del día 16 de junio, tuvo lugar en el teatro de Capitanía General de Sevilla, la presentación de la película “Crónica de la Coronación”, una obra de Carlos Valera para la Hermandad de la Macarena. El acto de estuvo presidido por su Hermano Mayor e intervino el director de la película, Carlos Valera, y fue presentada por el Fiscal Primero, Antonio García Rodríguez, cuyo texto se refleja a continuación.

             “Les reitero, como ya ha dejado dicho el Hermano Mayor, la bienvenida a este teatro de Capitanía, agradeciendo muy especialmente a su Teniente General, que ha tenido la amabilidad de cedernos este hermosísimo espacio para poder estrenar oficialmente “Crónica de la Coronación” una película que ha dirigido y realizado Carlos Valera, con motivo del 50 Aniversario de la Coronación Canónica de Santísima Virgen de la Esperanza. Igualmente a los miembros del Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla, Hermanos Mayores y representaciones de asociaciones y colegios profesionales que han tenido la amabilidad de acompañarnos en este importante acto de la Hermandad de la Macarena. Pero queremos corresponder especialmente con nuestra gratitud más sincera, a los macarenos, a los presentes en este acto y a quienes no pueden estarlo, porque ellos son la esencia de esta obra, de este relato sentimental que vamos a tener la dicha de contemplar dentro de unos minutos.

            Dispónganse a contemplar, a través de las imágenes y testimonios que vamos a desfrutar en breves momentos,  cómo el sentir de la gente de la Macarena, con su fervor popular, con su peculiar manera de entender el más bello mensaje que Cristo nos legó, es capaz transfigurar el espíritu desde su religiosidad popular y convertir en universal la devoción mariana anclada en esta cahiz de la tierra, hasta convertirla en la más importante del orbe católico.

            Ésta no es una película al uso. Se distancia mucho de las que ya hemos contemplado. No digo que sea peor ni mejor. Digo que es diferente porque nada en la Macarena tiene similitud a cuanto concurre en el resto del mundo. Porque nada tiene razón de ser, en los terrenos que fueron huertas, campos que acogieron la mejor simiente, sin la proclama de ese rostro que nunca se compunge y siempre permanece en alerta para tornar el desamparo en convencida  alegría, de ese entrecejo que es bálsamo milagroso capaz de calmar y serenar el dolor más profundo. Aunque hay un guion predefinido que va conduciendo las escenas, no hay un hilo metódico y estricto que condicione el firme narrativo. Y este detalle la hace aún más excepcional. Carlos Valera ha conseguido recoger y transmitir todo el sentimiento emergente durante los últimos grandes hitos de nuestra hermandad. Ha logrado recolectar las hermosas sensaciones, en los últimos grandes acontecimientos, que tienen su asiento en el gran amor que se desprende del corazón humano cuando se trata de engrandecer a Dios y a su Bendita Madre.  No hallarán secuencia en la que no les asalte la emoción, donde las palabras no se conviertan en audaces secuestradores de la razón y les trasladen hasta las cavernas donde habitan los sentimientos mejores. Verán, con sorpresa y admiración, cómo se ira conformando un entramado sentimental hasta concretarse una hermosa historia de algaradas gozosas e incontenibles, como la foto de principios del siglo XX del párroco izado a hombros recibiendo y jaleando a la Virgen, al rociero modo, donde la memoria irá reconstruyendo la historia de los grandes acontecimientos, en los últimos años, de la hermandad de la Macarena, donde los hitos, que confluyeron providencialmente para hacerla ejemplo y espejo de muchos, son minimizados por los actos de amor y devoción hacia la Madre de Dios, a esa Niña que se asoma a la Resolana para ensombrecerla con la portentosa irradiación de su Virtud. Descubrirán cómo sus propias memorias, las de ustedes, que es la que nos legaron nuestros padres, la que nos transmitió los silencios de nuestras madres en un amanecer de viernes santo entre fachadas de cal y asientos de enea, tienen reflejo en esta obra. Reconocerán sus sentimientos, los de ustedes, en los testimonios que se presentan en diferentes momentos de la película, en palabras y gestos que repetirán cuando salgamos de este teatro, como salían los aficionados de la Monumental y encaminaban sus pasos por la Avenida de Eduardo Dato, tras las portentosas faenas de Joselito, el más grande torero de la historia que fue prócer macareno, y mecían sus manos al aire intentado emular el natural que había prendido en sus entrañas y que habían arrancado de sus labios los más grandes olés. Advertirán cómo los siglos son espacios estancados en el tiempo que vienen a converger en la misma pasión, en los mismos sentimientos, en los mismos desvelos, en la misma ilusión y en los mismos afanes de quienes fueron señalados para servir los dictámenes de La que es morada de Dios y puerta del Cielo. Oirán una banda sonora que intuirán de inmediato porque está afinada con clamores que se convierten en oración cuando procesiona por la calles de la ciudad, de notas bisbiseadas, por unos labios, en la soledad del templo, palabras que quedarán prendidas en el secreto, en la confidencia que solo compartirán ellas; una música que va entonándose con los besos que se depositan en su mano extendida al amor y que confieren mensajes de devoción, peticiones que prenden de inmediato y que hacen cristalizar muchos ojos y humedecer miles de mejillas.

            Por eso intento, y me reiteró en mi torpe pretensión, de explicarles que no es una película al uso. Porque los acontecimientos que se recogen principalmente, la coronación popular de 1913, la coronación canónica de 1964, las apoteósicas celebraciones del Veinticinco y Cincuenta Aniversario, no son más que pretextos para certificar la verdadera esencia que se guarda en la Basílica, y que  no es más que la certidumbre de sabernos servidores de la es la razón de nuestra existencia y auxilio único de los humanos.  Por eso insisto en el pronunciamiento diferencial de esta película, pues su línea argumental, que se ha ido construyendo durante cuatrocientos veinte años, y que Carlos Valera ha sabido captar con la sabiduría propia de quien es conocedor de esta gran la alegría que enmarca nuestros corazones,  ha utilizado la mejor y más brillante de las tintas, esa sangre que fluye por las venas de todos los macarenos, que han ido caligrafiando los pergaminos, durante siglos, con sus emociones, con sus alegrías, con su tristezas, con sus pasiones, con su entrega y su devoción para hacer llegar a nuestros hermanos la protestación de la fe que nos hace libres.

              Los macarenos somos gente de sentimientos abiertos al mundo, donde el poder de la Esperanza nos convierte en seres privilegiados, en hombres y mujeres escogidos para catequizar a quienes pretenden huir de la Verdad. Somos, me dijo una vez un muy buen amigo, tránsfugas del mal. Por eso esta película no tiene artificios, ni contradicciones, porque está escrita con la sangre de quienes fueron capaces de dejarlo todo por alcanzar sus gracias, de abandonar las indolencias de un mundo que no tiene más que falsedades en sus pronunciamientos terrenales, que dejaron sus vidas sirviendo a la Virgen y que en el último momento de sus existencias sonrieron porque sabían que habían sido elegidos para la tarea, hermosa y extraordinaria convicción, de intentar cambiar el mundo con el amor y la Esperanza.

            Acomoden sus corazones para vislumbrar cómo desde la humildad y la sencillez de la gente de la Macarena se consigue el propósito de la expansión del mensaje de Cristo. No retraigan sus emociones ni aprisionen sus sentimientos, porque además no podrán mostrarse indiferentes a cuánto van a contemplar. Expándanlos sin cortapisas. Déjense llevar y compartan la emoción de quienes participan en la producción, con sus testimonios y vivencias, y no duden que junto a ellos, esta película está realizada por todos los macarenos, los que están y los que estuvieron. Los que viven y los que se asientan ya en nuestras memorias. Todos somos protagonistas de este film. Todos hemos contribuido a su concreción, a conformar, con el paso de los siglos, esta gran hermandad, donde la Virgen tiene el principal y más significado papel y que se presenta aquí con sus principales credenciales, los que se exponen en el frontal del arco del que tomó posesión en 1923: Ella es Tabernáculo de Dios, Puerta del cielo y Esperanza única de los mortales.

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