De muñecos, intolerancias y Dios

            daniel-gonzalez-rojas-rojosevillanoLa vergüenza y la educación son indicadores sintomáticos de la formación y la cultura que los hombres acaparan, del desarrollo de su inteligencia. La misma línea de adiestramiento intelectual se requiere para entender que todos no podemos, ni debemos, mantener un mismo ideario, ni fundamentar las filosofías vitales en los extremismos políticos ni en los fundamentalismos religiosos. La pluralidad de pensamiento, desarrollados en los entramados de la razón, ha logrado el progreso del género humano y un significado progreso de las sociedades, situando al hombre como elemento esencial e intelectual en el principal vértice de la pirámide de la evolución. Deberíamos distinguirnos de los animales por las conductas civilizadas de nuestros actos, por intentar comprender que la felicidad de los demás no nos pertenece, ni podemos enjuiciarlas con nuestros pareceres divergentes, ni podemos manipularlas con los denodados intereses y mucho menos imponer nuestros deseos porque estaríamos falseando el sentido primigenio de la libertad. Esa diferencia  nos debería confortar el espíritu. Las consecuencias de esta posible coacción traumatizan los sentidos y alteran los sentimientos.

            Una minoría enfurecida e impotente, porque son incapaces de mantener en pie un ideario político que ha fracasado en donde ha sido instituido a la fuerza, implantado a sangre y fuego literalmente, no cesa en sus empeños de querer restringir la libertad de pensamiento religioso de sus conciudadanos. Me asombra que todavía queden seguidores de las teorías marxistas o leninistas, defensores del comunismo como modelo de vida y político. Las utopías mueren cuando sucumbe el primer hombre  como producto de sus pronunciamientos o cuando se crean checas en las que se oprime y destroza cualquier pensamiento que contravenga sus doctrinas. Me sigue asombrando que algunos sigan pensando en el pasado, en el retorno del miedo y en la represión. Las violencias generan violencia. Y me sorprende, aún más, que haya gente que solo piense en convalidar una revancha porque fueron incapaces de ganar una contienda. Eso es lo que está sucediendo en esta ciudad, donde lamentablemente seguimos tropezando en las mismas piedras, obviando que la historia se escribe para mejorarla, desde la recapacitación democrática y la concordia, no desde la oligarquía y las desavenencias.

Vergonzosamente hay políticos, jóvenes y mucho temo con añoranzas de revanchas, que se dedica a denigrar a quienes debieran representar, aunque sus pensamientos disten mucho de coincidir. Están constantemente lanzado dardos cargados de rencor –no logro entender que los años que se señalan en su calendario sigan anclados en un tiempo anterior- contra el derecho constitucional que en su artículo 16, nos garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley. Se olvidan de que están obligados al respeto de quienes, en la libertad se nos confiere desde la publicación de la carta magna, hemos elegido confesar la religión católica, como los católicos debemos respetar la aconfesionalidad de quienes así lo han decido. Lo que no puede esperar es tributemos nuestros respetos hacía ellos y éstos nos devuelvan el valor con intolerancia y menosprecio a nuestras creencias.

Lamento mucho que haya personas que se distingan por su incultura, que no sean capaces de salvaguardar y retener la vergüenza que le debieron transmitir,  no me cabe la menor duda, y que se enfanguen con su propia mierda a declarar que las imágenes son muñecos, y menos aún que nos tomen por tontos. Deberían preocuparse por los desastres humanitarios que ha causado, y sigue causando, el comunismo, y dejar de preocuparse por nuestra salvación política y seudo humanística. No nos saquen de ninguna ignorancia porque no somos ignorantes. Ignorantes son ustedes. Déjennos con la felicidad, que os conforta en llamar bobalicona, de poder recuperar nuestros sentimientos, que vienen fundidos al amor que profesaron a Dios y a su Bendita Madre, nuestros seres más queridos, porque no les vamos a permitir que nos quiten la esperanza, ni la ilusión, por creer en lo que ustedes no creen. Olvídennos, sean felices con sus pensamientos, vivan la vida con la naturalidad que presumen, hagan un ejercicio de tolerancia, aunque espumeen un poco, y verán cómo pueden aprender a sonreír. Mi madre, que hace tres años que nos falta, nos enseñó que hay un mundo mejor tras el rostro de una Virgen que vive por San Gil, una Moza que dice mi amigo y poeta Joaquín Caro Romero, que cada abril cumple diecinueve años. No le voy a permitir que profane mis sentimientos ni que enturbie mis emociones con su desprecio a mis creencias, las que me fueron conferidas por la persona que más quise. Ni por supuesto puedo tolerar que ensucie mis recuerdos, las emociones que he compartido con muchísima gente. No nos falte el respeto ni nos tome por tontos. Las imágenes son lo que son y están realizadas como están realizadas. Pero nos acercan a algo que ustedes les falta: a la Esperanza, al amor y al perdón. Sigan ondeando las banderas de sus descreencias. Yo prefiero vivir con la creencia de una vida superior  a ésta, con la ilusión de encontrarme con mi madre y sentir el abrazo cálido que usted, con sus mierdas, su intolerancia y su falta de respeto a mi libertad, está intentando, vana e inútilmente por otro lado, menospreciar. Quede con Dios.

P.D.- Le aconsejo señor rojosevillano que lea, para su instrucción, a Albert Einstein, o nuestro actual Manuel Losada Villasante, premio Príncipe de Asturias de Bioquímica, y alguna que otra vez nominado al Nobel, o Max Planck, Premio Nobel de Física, 1918, por el descubrimiento y desarrollo de la física cuántica  que dejó dicho, entre otras cosas, lo siguiente: «No es de extrañar que el movimiento de los ateos, que declara que la religión es sólo una ilusión deliberada, inventada por los sacerdotes en búsqueda de poder, y que para la piadosa creencia en un Poder Superior no tiene nada más que palabras de burla, entusiastamente hacen uso del conocimiento científico progresista y en una supuesta unidad con él, se expande a un ritmo cada vez más rápido en su acción desintegradora por todas las naciones de la tierra, y a todos los niveles sociales. No necesito explicar con más detalle que con su victoria se desvanecerían no sólo todos los tesoros más preciados de nuestra cultura sino, lo que es aún peor, también las perspectivas de un futuro mejor».

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