Primer viernes de mes en la Macarena

  CristodelaSentencia          Es primer viernes de mes. Las luces de la mañana comienzan a descubrir los matices escondidos en los recovecos de la memoria de esos muros que contienen la mayor alegría del orbe católico. No hay sombras en su interior, porque las tinieblas se diluyen ante La que es ventura y primor de la obra de Dios. Poco a poco, como la transfiguración pascual, el espacio se va abriendo a la serenidad de su rostro, a esa complacencia al amor que sostienen sus finos rasgos. Desde la cercanía se advierte esa majestuosidad que se concentra en el verdadero sentido de su mensaje, en la paz que transmite la claridad de sus ojos.

            La tranquilidad imperturbable de la Basílica es fiel testigo del amor que va conformándose en los laterales del templo, donde una hilera de sensaciones se encamina, lentamente, paso a paso, hacia donde el Sentenciado espera, donde este Jesús de la Misericordia infinita, nos recibe y nos ofrece el poder de sus manos para que sellemos, con un beso, un pacto de amor y paz. No hay lugar para las dudas si tienes la valentía de acercarte, con honestidad y sencillez, a Éste que todo lo puede, y aceptar el compromiso fraternal de su mensaje. La honradez es la principal arma, la armadura con la que nos investimos, para distinguirnos de quiénes atentan con la dignidad humana, quienes manejan la violencia para imponer sus intereses y defenestrar los valores.

            Está Cristo Sentenciado esperándote en la Macarena para que des testimonio de su amor, para que alabes sus Virtudes sin miedos ni recelos. Besar la mano del Hijo del Hombre no es un gesto baladí. Jesús se ofrece para que nos convirtamos en sus nuevos apóstoles, en discípulos dispuestos a propagar su palabra, el anuncio de un mundo nuevo y mejor, siempre al amparo de la caridad y la alegría de la paz que precisan nuestros hermanos, especialmente en estos tiempos en los que el ser humano huye de sus propias convicciones, tergiversando el sentido verdadero y único de la religión y busca refugio en las banalidades y las miserias del mercantilismo, de esos falsos profetas que anclan sus mensajes en el materialismo sin importarles que sus semejantes se consuman en la hoguera de sus intereses.

            Es primer viernes de mes. El Cristo de la Sentencia está en besamanos. En la Macarena brilla la luz de la misericordia. Acerquémonos con la misma humildad que se nos ofrece desde sus manos atadas, unas ligaduras aceptadas para proteger tu libertad. Inmolemos, ante la serenidad de su mirada, los egoísmos que corroen nuestros corazones, ofrezcamos nuestros rezos por quienes sufren tanto, por quiénes tienen que huir porque la sinrazón y la violencia se imponen a la cordura y al amor, por quienes abandonan sus tierras y sus hogares, dejando atrás familias y amigos, en el mejor de los casos, cuando no sepulcros y enterramientos donde yacen padres y hermanos. Cuando deposites tu beso hazlo con el compromiso de la verdad, con la certeza que implora la piedad en tu corazón, con la fuerza incontenible de la oración para que asiente la razón entre quienes tienen que tomar las medidas oportunas para instaurar la justicia en este mundo.

            Es primer viernes de mes. El Señor de la Sentencia nos convoca. Juntos, unidos, convencidos del poder que se nos otorga, lograremos arrancar sonrisas y mostrarnos como verdaderos seguidores de Quién nos provee de Esperanza. Somos, como proclama un proverbio popular, más y mejores que los que los que se confunden en las sombras, en la negritud de la negación de la bondad, esa que brilla en sus ojos y nos convence y nos lleva a la calma. Besa sus manos y excluye de tu corazón maldad, aparta la sinrazón que intentan imponernos. Jesús de Nazaret te espera en la Macarena. Busca la rugosidad de sus manos con tus labios y encontrarás la Verdad que se nos promete desde el mismo instante de la Creación. Tendrás siempre en el corazón la certeza de que Dios camina contigo, que en ningún instante nos abandona y que nos fortalece el corazón con la Esperanza. Es cierto; el mal existe y nos tienta constantemente, con promesas que siempre resultan falsas. Pero no es el más poderoso. La fuerza está en unas manos que atesoran la gran virtud, una gracia que nos convierte a la felicidad y trastoca a la maldad, que no es la más la más poderosa. El más fuerte es Dios, y Dios es nuestra Esperanza.

            Es primer viernes de mes. El Cristo de la Sentencia está en besamanos. Te espera.

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