La diáspora siria.

           fb1bcee92f50e8d77cfe765a2d5f8b3b Las desgracias nunca vienen solas. Desde aquellas primeras manifestaciones, que se promovieron durante lo que fue llamada la primavera árabe, ya se veía venir las desgracias que acarrearían las protestas y los diferentes derrocamientos de los tiranos que gobernaban aquellos países. Se alabaron las actuaciones, los enfrentamientos, las disputas y hasta las concentraciones multitudinarias frente a los palacios gubernamentales y las sedes de los partidos que apoyaban a los sátrapas. Incluso, creo recordar, desde prestigiosos foros y medios de comunicación se dio beneplácito a los nuevos aires y democracia, aireaban a los cuatro vientos, que vendrían a implantarse con las revueltas y los derrocamientos que avistaban en el horizonte. En Egipto, por poner un ejemplo al prólogo de las barbaries que nos quedaban por descubrir, se llegaron a saquear los principales museos, dándose la curiosa particularidad, que aquellos que querían imponer nuevos conceptos de convivencia y democracia en sus sociedades, fueron quienes auspiciaron el desvalijamiento de obras de arte y piezas arqueológicas de gran importancia, que luego se han ido recuperando cuando se intentaban vender, en círculos ilegítimos de venta, por especuladores y estraperlistas de obras de arte. ¿Pero y las que no aparecieron? ¿Fueron destruidas? ¿Se llegaron a vender? Y si hubiese sido así ¿han servido para financiar y armar los distintos ejércitos yihadistas?

            En el conflicto sirio, enseguida se posicionaron las potencias occidentales -no hay más que tirar de hemeroteca y los titulares que ofrecían, en aquellos días los, los principales tabloides del mundo civilizado-  a favor de quienes se habían sublevado, de quienes pensaban iban a instaurar un régimen democrático cuando derrocaran al tirano y asesino Assad, y un movimientos de conmiseración internacional se decantó por aquellos. A nadie se le ocurrió pensar que equipar y dotar de maquinaria de guerra era alimentar un  monstruo que, conforme iba engordando, ya pensaba en devorar a sus interesados aliados. A las pruebas me remito. Allí donde se ha izado la bandera del Estado Islámico, lo que se entronizado, ha sido la barbarie, la intolerancia religiosa y social y la renuncia a una sociedad libre y democrática, donde cualquier derecho femenino, se ha mutilado, donde la libertad sexual se coarta a base de despropósitos y barbaridades, donde el libre pensamiento se ha destruido en pos de la autocracia y se ha dado al más obsoleto extremismo religioso. La sociedad ha retrocedido casi mil años, a un estado feudal y despótico, donde la ley se fundamenta en la interpretación del señor del lugar y donde cualquier justicia se somete a la interpretación de líderes, obviando los derechos civiles.

            No había otra. Significaba huir o morir. Y el éxodo era inevitable para preservar, no ya los derechos universales implícitos en la condición humana, la propia vida. El drama de sirios e iraquíes vagando por los campos de media Europa, en busca de la seguridad y bienestar, es la conclusión de los desastres, permitidos por los poderes occidentales, que se vienen desarrollando en sus países de orígenes. Seres humanos desplazados por las guerras siempre han existido. Pero no se vivía nada igual desde la finalización de la II Guerra Mundial. Es inaceptable, e inimaginable, abandonarlos a su suerte. Las situaciones de desamparo deben ser suprimidas e instaurar los medios necesarios para absorber, cuantitativa y equitativamente, a quienes huyen del horror. Debemos auxiliar a nuestros semejantes atendiendo a la conciencia y a la razón, pero alejándonos de los complejos de culpabilidad. Los europeos, que hemos sentido y padecido, el horror de las peores guerras, espectadores y víctimas de crímenes de los mayores crímenes  humanitarios, hemos de abrirnos a la solidaridad para quienes llegan y para los que están, no lo olvidemos, que hay mucha necesidad y miseria entre quienes contribuimos la formación del estado europeo.

Solo mantengo una duda. ¿Por qué, países como Arabia Saudita, Kuwait, Qatar y todos los de la geografía cercana no abren sus fronteras a sus hermanos? ¿Por qué prefieren Europa?

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