Pensando en tí, mamá

No llImagen 059ega uno a acostumbrarse nunca. Es algo que la memoria se preocupa de proyectar de improviso, sin mostrar avisos ni anunciarse con premeditación. Ni siquiera el tiempo logra borrar la imagen que mantengo anclada en mi corazón. Sigo tan dependiente de tus sonrisas, de tus palabras, que soy incapaz de racionalizar mis sentimientos cuando las recuerdo. Porque no soy nada más que producto de tu amor. Busco en mi interior razones para  no perpetuar esta pena que me asola cuando miro a mí alrededor y no te veo, cuando paso por tu casa y no estás asomada a la ventana, oteando el paisaje urbano. No soy capaz de desprenderme de tu ausencia porque sigo intentando reconocerte en aquellos lugares donde los recuerdos quedaron prendidos.

Sabes. Ayer fue un día triste. Intentamos sobreponernos al dolor. Pero fueron demasiadas las coincidencias, demasiadas las casualidades; nos costará. Estamos prendidos del dolor, sedados por la pena que nos embarga. Y te recordamos. Siempre te recordamos. No somos capaces de aislar nuestros pensamientos sin nombrarte, sin hacer referencia de ti cuando se nos plantea un problema, cuando llegan los reveses y no encontramos soluciones inmediatas. No nos acostumbramos a vivir sin ti.

Han pasado ya tres años. El tiempo sigue impertérrito su camino, sin detenerse, sin dar tregua, mostrando esa impiedad que mortifica la carne y la envejece, que nos provoca esa serena tristeza que nos mantiene el alma en vilo. No te olvidamos. Sigues con nosotros, fijada en la memoria, resurgiendo en cada lágrima que se nos escapa cuando no podemos besarte, sentir la caricia que nos dedicabas y que no tiene parangón con ninguna otra, cuando no oímos tus palabras y el silencio se nos muestra insuficiente para satisfacer ese cariño que seguimos experimentando con tu recuerdo. Tres años y parece que fue ayer cuando se nos desgajó el alma y se descorrieron los cerrojos del dolor y el corazón quedó huérfano de tu alegría, de la inmensa y profunda pena  la fe nos ayuda a superarla.

Sigue echándote de menos. No soy capaz de vencer tu ausencia, de desprenderme
de la nostalgia que me trae el recuerdo, de aquellas tardes de la infancia, cuando el tiempo no existía y todo era eterno porque estabas a nuestro lado, protegiéndonos, aislándonos de cualquier eventualidad, convirtiendo cada instante en un cuadro único, excepcional, donde la magia de la sencillez de un cuento tradicional era suficiente para embaucar nuestros sentidos, para instaurar mundos y hacer de la imaginación un lugar habitable. Tardes, como éstas que se presentan en el otoño, que fluctúan por mi conciencia, que se muestran alrededor de la mesa, con la radio puesta, oyendo las novelas, las obras de teatro versionadas, que tanto te gustaban. Se presentan ante mi aquellas imágenes que vencen el tiempo, que retengo sin saber cómo, y que me causan una extraña alegría porque vienen prendidas en las lágrimas que afloran con el pensamiento puesto en tí.

Tres años que han pasado como un suspiro, aletargando nuestro dolor, sumiéndonos en la añoranza, en los recuerdos que nadie puede quitarnos y que posibilitan que sigas morando entre nosotros, acaparando nuestro cariño como si estuvieras presente. A pesar de tu marcha, tan inesperada, seguimos recordante y queriéndote. No te olvidamos, mamá. Te queremos.

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