Hotel California

hotel-california   Es lo malo de ir cumpliendo años. Ley de vida, que diría mi padre. La edad nos va marcando el devenir del presente, a sentir esa pesadumbre que nos confiere la pérdida de los mitos, de esas personas que fueron marcando las diferentes etapas, la niñez, la juventud o la primera madurez. Y todo lo que creíamos imperecedero, eterno, sucumbe con el transcurso del tiempo. La eternidad solo es una utopía que nace en la memoria. Ahí, en los recuerdos de quienes compartieron nuestros hechos, las vivencias que fueron sufragadas con las ilusiones o los amores, con las tristezas o las tristezas o las alegrías, tienen ganadas la perennidad. Ahí viven a quienes quisimos y ya no están, a quienes adoramos por hechos puntuales y resucitan cuando recodamos un fragmento de sus obras, o la memoria retrotrae la melodía que un día nos hizo felices.

            Se levanta uno y la primera noticia, avatares de la casualidad, centellea en la mente o nos retira ese letargo que se sobrepone al despertar, es la desaparición de una figura de la música, de la buena música, de esa música que será recordada dentro de unas décadas y que hoy son referencia para todos los compartimos quinta, un término que también desconocerán muchos. Tristemente porque hay palabras, que no debieran tener fecha de caducidad, están cayendo en desuso por falta de conocimientos. Pero eso es otro tema.

Glenn Frey ha muerto. Para muchos, para esa nueva generación de la globalidad, para esos que la música se desarrolla en la oscuridad y se baila a base de trompicones y tropiezos, de unos contra otros, aglomerados en un espacio reducido, no significará mucho. Quizás una reseña en el muro de una red social de algún nostálgico y que la curiosidad hará valer su poder para oír los sones de la melodía que lo hizo famoso, en el mundo, junto a sus compañeros del grupo de country rock americano Eagle. Para los que compartimos la cincuentena, fue el mito que nos ilusionó, que puso banda sonora a los primeros besos, inocentes caricias que nunca pasaban a más, no porque no se deseara, sino porque estábamos rendidos al último romanticismo, a esa manera de timorata, en la mejor y más sincera acepción de la palabra, de expresar nuestro amor y nuestras emociones. Todo tenía un valor y un tiempo, méritos que hacían más valioso, cuando se conseguía, que una chica se fijara en nosotros y nos obsequiara con una sonrisa, con un beso después y con toda su pasión cuando se entregaba.

Hotel California era el modo de romper las distancias. Sus notas iban delimitando las fronteras de lo prohibido. Un roce de mejillas, con el fondo musical del tema y la voz melodiosa y susurrante de Glenn Frey, venía a significar un acercamiento al olimpo, a ese estadio de la emoción que promovía la sugerencia. Para la gente de mi generación fue con el himno que abría las puertas de los “lentos” en las fiestas de las azoteas, en aquellos cumpleaños de tocadiscos o cintas de casetes, de cervezas enfriadas en un barreño con hielo y cubatas de Larios como excelsitud de la modernidad. La música de Frey conmovía y propició muchas parejas y también muchos desengaños, desilusiones porque aquella ponía frontera con sus manos y sus caderas demarcaban los espacios para que corriera el aire.

La última vez que oí “Hotel California” fue hace unos días, mientras escribía un pasaje del pregón de las Glorias y pensaba que aquella música hacía eterno a quienes la interpretaban y que los sueños anejos al recuerdo también se convertían en imperecederos. Una premonición de esta mala noticia.

Descanse en paz, Glenn Frey que configuró ilusiones en nuestra juventud. Larga vida a “Hotel California”.

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Una respuesta a Hotel California

  1. Manuel Navarro dijo:

    Yo también disfruté con Los Eagles, y tenía el LP de Hotel California, es más aun conservo el CD, y me lo llevo a Europa cuando salgo en la moto. Es curioso, pensé lo mismo que tú, cuando escuché en las noticias la muerte de este artista, y se me cayeron dos lagrimones al escuchar Hotel California; mi mente voló por unos minutos hacia esa época, y me inundó una nostalgia desgarradora, es curioso al mismo tiempo una tremenda Felicidad por haber vivido esos tiempo.
    Me doy cuenta querido Antonio, que no somos tan diferente, eso si , a ti te ha tratado mejor la vida de Hdad que a mi, aunque eso puede cambiar, o al menos eso espero, aunque no haya podido contar al final con tu ayuda. … SAludos.

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